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imagen del contenido Florencio Luzardo

El emporio de la corrupción

Florencio Luzardo

05.08.2013

¿Se desataron las cadenas o simplemente se animaron a mostrarlas? Es la pregunta que se formulan muchos, entre arcadas y bostezos. Silvio Berlusconi luego de 36 causas judiciales, de ocupar tres veces la presidencia del Consejo de Ministros, fue condenado por el Supremo Tribunal (inapelable) por evasión fiscal.

La pena es mínima, a 4 años de cárcel que por una ley aprobada durante su gobierno, le reduce la condena a un año de arresto domiciliario en alguna de sus impresionantes y principescas villas de Roma, Cerdeña, Milán y otras. El único pequeño problema es que le prohíbe ocupar cargos públicos, es decir no puede ser senador. Una minucia.

Paradojas de la historia, tiene cargos por corrupción de menores, con condena en primera instancia, por espiar, por corrupciones de diverso tipo, por comprar senadores de otro partido y va preso en cárcel de oro por evasión de impuestos, me hace acordar a Al Capone, que tenía más muertes que cabellos y fue preso por el mismo motivo: evasión de impuestos.

Con una pequeña diferencia, Al Capone no lograba reunir en Chicago, el territorio de su banda a cientos de simpatizantes, no era el dueño de los votos para mantener el gobierno italiano, no había obtenido hace 5 meses el 27% de los votos. No era la vergüenza de la otra parte de Italia y el oprobio del centro izquierda que comparte el gobierno con "il cavalliere".

Pero Berlusconi no está solo. En la otra península en España, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy nos ofreció en estos días un espectáculo digno del peor circo. Reconoció que había cobrado sobresueldos, gastos extras durante años, que junto con el lo hicieron los principales dirigentes del Partido Popular, que había una contabilidad de esas operaciones llevadas por el ex tesorero del PP Luis Barcenas, ahora preso, pero que Rajoy no sabía nada del origen de los fondos. El bueno de Rajoy, además de todo trata a sus conciudadanos de estúpidos, de tontos de capirote.

Seños Rajoy, esos dineros de donde venían? ¿De la lotería nacional? ¿De la beneficencia pública? No, era parte de la corrupción de empresarios que pagaban favores de su partido político. Y nada, no piensa siquiera renunciar, a pesar de que Barcenas lo acusa, los papeles lo acusan, los mensajes enviados a Barcenas luego de ser detenido lo acusan y la lógica más elemental lo acusa por los cuatro costados, allí quedará Rajoy.

En ambos casos, en Italia y en España los dos políticos bajan algo en las encuestas pero poco, comparativamente con un país donde la decencia fuera un valor apreciado deberían ser defenestrados para siempre. No, hay un sector de la sociedad que convive, justifica, explica y de hecho apoya a la corrupción y los corruptos. Aquí tienen dos ejemplos.

Y ni siquiera podrían apelar a aquella siniestra e inmoral frase de que "roban pero hacen", estos dos ni siquiera esto, timonearon el país hacia la peor crisis de toda su historia moderna, con millones de desocupados, con caída del producto, con miseria y pobreza.

Dos ejemplos inimitables de bajo imperio romano en plena decadencia. No son los únicos. En Francia las acusaciones contra Nicolás Sarkozy todavía no alcanzaron su climax, pero no hay cosmética ni empresaria de la cosmética que la detenga.

¿Y por la zona como andamos? Mal, andamos mal. Un vicepresidente de la una nación querida y amiga está hasta el cuello. Lo único que lo puede salvar es una justicia, sorda, muda, ciega y paralítica. O lenta que es una de las variables.

No me refiero a un secretario de Transporte, huido de la justicia y que manejó miles de millones de dólares de subsidios y es acusado nada menos que por no haber cumplido y hecho cumplir las mínimas obligaciones en el mantenimiento de los trenes, nos referimos al segundo cargo en importancia institucional en la Nación. El vicepresidente Amado Boudou.

Hace seis meses que estalló el escándalo de los turbios negocios en la imprenta Ciccone, una empresa que imprimía documentación para el estado. Los detalles ya ni siquiera valen la pena, son una interminable cantidad de irregularidades de todo tipo. Y el vicepresidente imperturbable.

Como si no alcanzaran los escándalos millonarios, grandes, faraónicos, Boudou  en su calidad de presidente del Senado, efectuó una modificación en las normas referidas a contrataciones de la Cámara alta para justificar el gasto realizado en enero pasado en la fastuosa refacción de los despachos de su área. Esa obra se llevó a cabo sin licitación y su costo se mantuvo en secreto hasta la publicación de la nueva ingeniería legal que permitió encuadrar el trabajo dentro de sus facultades.

La administradora de fondos previsionales ANSES, donde debería custodiarse el dinero de los que trabajaron toda la vida y de los que hoy trabajan y ahorran para su futuro, está bajo acusaciones muy graves sobre irregularidades de todo tipo.

Boudou que manejó el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANESE es investigado por la compra de 19 automóviles de alta gama sin una licitación pública, cuando era ministro de Economía.

Estando al frente del Palacio de Hacienda, Boudou incrementó su patrimonio en un 64 por ciento entre 2009 y 2010. Luego, ya como titular del Senado, autorizó, con su par de Diputados, el aumento del ciento por ciento en las dietas de senadores y diputados en diciembre último.

Luego algunos encuestadores mundiales ponen cara de ángeles y se preguntan porque existe un desprestigio de los políticos. Es que este tipo de políticos son una afrenta y un atentado para todos, el barro es tan grande que enloda a justos y pecadores.

Y es en ese barro en que algunos sobreviven y chapotean todavía.

 



Florencio Luzardo

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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