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Montevideo está cambiando y fuerte

Florencio Luzardo

11.12.2013

Tenemos tantos meses, incluso años de quejarnos, de protestar que nos hemos olvidado de mirar a fondo a Montevideo, incluso de mirar bien. Hay cosas muy importantes que están pasando, que están cambiando, bajo nuestros pies y nuestros ojos.

Voy a comenzar por el cambio más importante y profundo que involucra a todo el Estado, a la Intendencia y varios la creación y funcionamiento de la plaza (de alguna manera hay que llamarle) en el barrio Casavalle. Solo de pronunciar ese nombre suena a marginación, a delito, a exclusión. Es como un estigma, que los medios edifican día a día, noche a noche. Es un espacio de dos manzanas, de juegos de primera calidad, pista de scate y sobre todo un lindo espacio común para encontrarse, para compartir, tomarse un mate, jugar al ajedrez, al ludo o simplemente dejar pasar el tiempo, afuera, al aire libre.

Se inauguró con miles de personas y sobre todo niños. Porque en esas zonas viven muchos, muchos niños. Es allí en esas zonas donde nos reproducimos los uruguayos y las uruguayas. Además hay una policlínica y una comisaría. Y le va a cambiar la vida al barrio. No hará milagros, porque no existen, pero hace ya maravillas, le da a esa gente la misma posibilidades que los vecinos de la Plaza Liber Seregni (esta es mejor, más amplia, tiene más cosas) o que la rambla de Montevideo. Lo que no pudieron hacer es llevar las playas hasta allí...

Es un espacio reconquistado para la ciudad y la civilización, arrancado de las manos del tráfico de drogas, del delito, de la marginación y tiene un sistema de mantenimiento y vigilancia a través de la policía comunitaria y de guardaparques que debe garantizar su cuidado y funcionamiento. Es una de otras iniciativas similares que se construirán en diversas zonas pobres de Montevideo. Es una realidad, no una promesa y los resultados los verán los vecinos de todos los tamaños y no los veremos los demás, porque fue noticia su inauguración, pero no estará más en los informativos. Es normalidad, es convivencia.

Anoche crucé de noche 18 de julio a la altura de Río Negro y casi choco. No por imprudencia, sino por mirar para todos lados. La plaza del Entrevero y todo 18 de julio hasta donde pude ver, Plaza Cagancha y hasta Plaza Independencia parece otra ciudad, por sus luces, sus adornos navideños. Es impresionante. Es para ir a gozarla. Voy a llevar a pasear a mis hijos chicos, para que vean lo que puede hacer Montevideo. Me informé es una iniciativa pagada por la Intendencia, el Ministerio de Turismo, el grupo centro y una empresa privada, bien uruguaya, esa que hace panchos con mostaza universales, La Pasiva.

No soy un paisajista, me interesa más el alma humana y sus pasiones, no voy a intentar describir ese tramo de ciudad, vayan a verla, es la ciudad de todos, para gozarla, para salir, para encontrarnos y sentirnos orgullosos de tantas generaciones que la hicieron posible y de la nuestra que la adorna, la ilumina, la exalta.

Es un eslabón más de una cadena virtuosa. Voy a contar otra experiencia, el fin de semana pasado llegaron parientes, de noche, vuelo atrasado. Salir del aeropuerto y recorrer el trayecto que lleva hasta el barrio sur es impresionante. No hay que olvidar que existe Casabó y otras zonas fracturadas de la ciudad, pero la verdad que deslumbra, duele por su hermosura.

Esta familia hace seis años que no venía a Montevideo y no lo podían creer. Todo deslumbra, el puente sobre avenida Italia, la rambla, el hotel carrasco iluminado es una joya, en todo sentido y sobre todo comparado con la ruina de antaño y de tantos años, y las casas, el nivel de edificios nuevos y en construcción, los canteros con flores impresionantes en Punta Carretas. Todo. El conjunto y los detalles. Ah, me olvidaba de los set de juegos en diversos puntos de la rambla. Impecables, coloridos, cuidados.

No recorro la rambla muy seguido, pero si lo hubiera hecho solo ya estoy tan acostumbrado que posiblemente no lo hubiera notado, necesité la mirada de los que estuvieron ausentes para ver los cambios. Muchos y positivos.

Hace pocos meses hubo otra enorme reconquista urbana y civilizatoria, el Mercado Agrícola, otra zona que era un reducto de delincuentes y de la malavida y que se transformó en un icono de Montevideo. No aparece más en las noticias, fue un fulgor, ahora es normalidad, torrentes de personas que lo integraron a sus vidas, sus paseos, sus almuerzos, sus tragos y su imagen de su ciudad.

Seamos exigentes, seamos inconformes, seamos uruguayos hasta las últimas consecuencias, pero seamos simplemente observadores y que nos gane el pequeño debate interesado, tengamos una mirada amplia y profunda. Montevideo se mueve.

 



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