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Un genocidio del siglo XXI

Florencio Luzardo

04.08.2014

He dedicado varios artículos y estudios a analizar el horror de las matanzas sistemáticas, de los exterminios en masa que se han producido en diversas épocas y situaciones. Y por eso mido muy cuidadosamente el uso de ciertas palabras. Por ejemplo “genocido”

La Real Academia establece que "genocidio" del griego γ?νος, estirpe, y -cidio, es "el exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad" No establece cantidades, sino la "eliminación sistemática".

Solo las bestias pueden dudar que los nazis y sus aliados actuaron un terrible genocidio contra los judíos durante varios años de la Segunda Guerra Mundial, pero que además esa "eliminación sistemática" fue aplicada contra los gitanos, los comunistas, los rusos e incluso los homosexuales, que no fueran jerarcas nazis. El pueblo judío sufrió más que ningún otro con 6 millones de muertos.

Genocidio fue lo que hicieron los "Jóvenes turcos" contra el pueblo armenio. Pero genocidio fue también en los Balcanes en particular de los servios contra los bosnios. No llegó a los niveles que pretendían solo por un tema de plazos, pero es obvio lo que se proponían. Genocidio hubo en Ruanda y en varios países africanos, por razones tribales y religiosas.

En el ataque a la franja de Gaza en la que viven en 370 kilómetros cuadrados 1.500.000 personas, la mayoría mujeres y niños, donde en pocas semanas han muerto más de 1800 personas de las cuales más del 75% son civiles indefensos, donde han sido bombardeadas en forma sistemática varias escuelas de la ONU, se está comenzando a convertir en un genocidio. Aunque algunas personas consideren que para utilizar ese término hay que pedirle permiso a alguien y que se requiere un determinado número de muertos. Todo es una cuestión de tiempo.

Si esta invasión prosigue, con el nivel de mortalidad actual, con los implacables ataques a escuelas, hospitales, playas, casas y el saldo de tres o cuatro civiles por cada supuesto blanco militar, tendremos un genocidio en toda la regla. Es una eliminación sistemática del siglo XXI.

Pero no se trata de una discusión semántica, todo es mucho más grave. Israel uno de los estados mejor armados del paneta, que dispone además de la más sofisticada tecnología del mundo, asistido por la gran potencia bélica de los Estados Unidos, que ha logrado a través de su sistema de defensa que mueran 59 soldados israelíes y dos civiles en toda la operación, está aplicando una política de tierra arrasada. Lo hemos podido ver todos en vivo y en directo por televisión. Y no hay potencia argumentativa que pueda con esta dura realidad.

¿Hay guerras peores, más malvadas, más terribles en el mundo actual? No tengo la menor duda. Guerras que han causado muchos decenas de miles de muertos. Pero muchas guerras feroces no hacen una guerra benévola, al contrario. Israel está actuando una guerra feroz, comete crímenes de guerra y se lo han dicho de una u otra manera incluso sus propios aliados. Incluso, en ese idioma esópico que encubre sus propia culpas, los propios Estados Unidos.

Lo dicen muchos israelíes y judíos que están avergonzados de tanta insensibilidad y tanta barbarie. ¿Alguien nos puede hacer creer que bombardear varias escuelas de la ONU con miles de refugiados son errores de cálculo de artillería o en la puntería de los misiles? No, las fuerzas armadas israelíes son eficientes, precisas y en estos casos despiadadas.

Yo comparto la preocupación de muchas buenas y sensibles personas que están preocupadas por el aumento del antisemitismo y porque junto al legítimo rechazo por esta barbarie, se nos cuele a todos la bestialidad del antisemitismo. Sería otra cruel derrota de la civilización.

Pero de allí a callarnos todos la boca ante los crímenes impunes cometidos por el gobierno y las fuerzas armadas de Israel, hay un largo, muy largo trecho.

¿Y Hamas? Me refiero a la palabra mágica que debería justificar todos los bombardeos, los crímenes de guerra, y casi cualquier cosa. Hamas crece, se fortalece, se le incorporan diariamente miles de nuevos voluntarios feroces y fanáticos dispuestos a vengarse con nuevos crímenes. Un pueblo tan antiguo y sabio debería saber, como lo supo Isaac Rabin, asesinado por un judío fanático, que no hay armas ni tecnologías capaces de frenar una escalada de ese tipo. Y el gran perdedor será junto al pueblo judío la civilización, la humanidad no como suma de personas, sino como suma de sensibilidades básicas.



Florencio Luzardo

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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