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El domingo 30 de noviembre votamos la fórmula

José Carlos Mahía

03.11.2014

Las elecciones del pasado 26 de octubre dejaron al Frente Amplio al borde del triunfo en Primera Vuelta y ahora con mayoría parlamentaria asegurada en la Cámara de Diputados va en noviembre por ganar también el balotaje.

El pueblo uruguayo desafiando todos los pronósticos de la enorme mayoría de las encuestadoras, marcó el camino y ahora lo único que queda por definir es quienes van a ser Presidente y Vicepresidente de la República.

La cosa es entre Tabaré - Sendic o Lacalle - Larrañaga, dos hojas de votación, unos u otros y listo.

Es claro que el Frente Amplio tiene todo para ratificar el triunfo electoral en las urnas también en noviembre y con ello la mayoría también en el Senado.

Es cierto que el Partido Nacional está en una solitaria cruzada intentando demostrar lo indemostrable: que es mejor para el país tener un Presidente de la República con minorías en el Parlamento.

Desde 1984 hasta 2005 siempre hubo mayorías, de derecha claro, pero mayorías legítimas, decididas en las urnas y luego aplicadas a rigor en el Parlamento. Gobierno de "coalición", de "entonación nacional" y otros alias tuvieron las mayorías de otrora.

Mayorías que produjeron en esos años todos los Presupuestos Nacionales, las Rendiciones de Cuenta con artículo único y gasto cero, ajustes fiscales que incluyeron el aumento de los impuestos directos e indirectos ( vale recordar el Cofis que significaba el 3.5% sobre un IVA de un 23%) para toda la población y largos etcéteras que duraron hasta el Gobierno de Jorge Batlle.

Las mayorías aseguraron la "gobernabilidad", votaron casi todo juntos y desde 1990 se repartieron todos los cargos en todos los entes autónomos y excluyeron al Frente Amplio en la oposición, incluso cuando representábamos al 40% de los uruguayos.

Es claro que no tienen antecedentes para hablar del tema, ni por lo conceptual, ni por como ejerciendo las mayorías.

Lo que sucede es que cambio el viento y ahora el pueblo uruguayo quiere mayorías pero de otro signo, quiere mayorías que promuevan el crecimiento del país pero con distribución de la riqueza, que promuevan una nueva agenda de derechos que permita entre otras cosas el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto o los fueros sindicales.

La mayoría de los uruguayos votaron al Frente Amplio por tercera vez para que siga creciendo la inversión en educación, en seguridad, en vivienda y en investigación.

Por éstas razones y por otras no menores: por la confianza en el rumbo, porque a todas luces la fórmula de Tabaré y Sendic es mucho mejor que la de Lacalle y Larrañaga.

Y eso es lo que se vota el próximo 30 de noviembre.

Los esfuerzos de muchos blancos - no todos - de intentar tapar el sol con un dedo notoriamente fracasan, las mayorías no están directamente en juego sino las fórmulas presidenciales.

Y eso es inocultable, tan inocultable como lo son las diferencias en experiencia y capacidad para gobernar entre Tabaré y Lacalle Pou.

Son cinco años lo que están en juego y para el país es mucho y para la gente mucho más.



José Carlos Mahía



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