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TISA: un negocio para pocos

Constanza Moreira

11.06.2015

La participación de los servicios en la economía uruguaya es muy importante y absorbe la mayoría de los empleos disponibles.

El TISA (Trade Service Agreement) ha realizado ya más de una decena de rondas de negociación; el Uruguay ha concurrido a una sola de ellas, y concurriría en julio a la segunda. Ni China, ni Argentina, ni Brasil están participando hoy en el TISA, y son nuestros principales socios económicos, y en el caso de Argentina y Brasil, también políticos. Si ello no nos advirtiera suficientemente de que "algo huele mal con el TISA", mencionaría también a los países de América Latina que participan: Chile, Colombia, Costa Rica, México, Panamá y Paraguay. A excepción de Paraguay, ninguno de ellos está en el Mercosur, la mayoría tienen acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, y figuran entre las economías latinoamericanas más abiertas y liberalizadas.

El TISA, como su nombre indica, es un tratado internacional de intercambio de servicios. Ello supone que los servicios intercambiables no estarían sujetos a las políticas regulatorias que en nuestros países existen para proteger industrias o empresas. En el caso uruguayo, rige un conjunto de normas destinadas a proteger, subvencionar o incentivar ramas enteras de producción. De hecho, ni la forestación ni la industria del software existirían si, en algún momento, el Estado no las hubiera protegido.

 El TISA beneficia enormemente a Estados Unidos y a Europa; los dos son potencias exportadoras de servicios. La relación entre los servicios que exportan y los que improtan (la llamada balanza comercial) a ellos, les es positivo: exportan más de lo que importan. Pero no lo es para Uruguay, o para Brasil: nosotros importamos más servicios de los que exportamos. Un TISA sólo empeoraría la balanza comercial. La razón para ello, es simple: el desarrollo tecnológico de ellos es muy superior al nuestro. Con el TISA, nos invadirían. Nosotros, no tendríamos tiempo ni capacidad para defendernos.

Los servicios en el mundo han estado muy asociados a las industrias manufactureras. Cuando estas se desarrollaron, se potenciaron diversos tipos de servicios: de diseño, de ingeniería, financieros, de transporte, o consultorías. Ha sido la industria manufacturera el motor del desarrollo de los servicios. Estados Unidos y Europa han "dislocado" sus industrias manufactureras al Asia. China en particular, se ha visto enormemente beneficiada de este proceso: a caballo de su poderosa industria manufacturera, hoy desarrolla servicios de altísima calidad. Pero Estados Unidos y Europa, despojados de ese motor, y necesitando contrarrestar el liderazgo de China (a la que no dejan entrar al TISA) necesitan expandir su mercado de servicios para seguir creciendo. Esa es la razón del TISA y no otra.

Creo que la forma en que estamos pensando el TISA: a saber, ¿cómo podemos proteger los servicios que consideramos indispensables?, o ¿qué pondríamos en las listas negativas? (la de las cosas que queremos proteger), debería cambiarse por: ¿a quién le sirve el TISA? Esta es la pregunta que hay que hacer.

Bien, claramente, le sirve a las empresas que exportan servicios. Se exportan en Uruguay 3 mil millones de dólares en servicios. La mayor parte de ellos (2 mil millones) es turismo. El turismo es básicamente a la región: no está claro cómo nos beneficiaríamos del TISA cuando todos sabemos que una temporada mala o una temporada buena están más asociadas a la situación argentina (o brasilera, pero muy en segundo orden) que a otra cosa.

Pero quienes sí se han manifestado a favor del TISA son las empresas que exportan servicios, sea a las zonas francas, o las que exportan servicios vinculados a las tecnologías de la información. No queda claro en qué sentido se beneficiarían; pero queda claro que sienten que si no están en el TISA estarían "desprotegidas" respecto de los beneficios que hoy reciben, y que mañana, podrían no recibir. Esta razón es importante; pero no alcanza el lobby empresarial de un conjunto de emprendimientos para hipotecar a todo un país, con todos sus servicios, en una negociación hecha por gigantes, y para el beneficio de gigantes.

Por otra parte, hay que recordar los efectos del TLC con un país bastante más pequeño que Estados Unidos, que fue México. Varios años después de la firma del Tratado de Libre Comercio entre Uruguay y México, los resultados son negativos. Hoy importamos mucho de Mèxico y exportamos poco. El TLC con el grande, sirve para beneficiar al grande. Y esta verdad simple, parece que cuesta mucho ser entendida.

En síntesis: hoy Estados Unidos y la Unión Europea buscan el TISA con afán, porque son sus principales beneficiarios. Para la mayor parte de los países de América Latina, el TISA no sirve. Más allá de todo lo que pueda "exceptuar" del TISA, el Uruguay lo que debe tener claro es en qué se beneficia con él. Hoy, eso, no está ni remotamente claro.

Constanza Moreira



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