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La La Land, de Damien Chazelle

Mathías Dávalos

17.01.2017

Dirección y guion: Damien Chazelle. Música: Justin Hurwitz. Fotografía: Linus Sandgren. Dirección de arte: Austin Gorg. Elenco: Ryan Gosling, Emma Stone, John Legend, Rosemarie De Witt. 128 minutos. 2016.

 

Esta es una película valiente y rebelde para los tiempos que corren. Basta repasar las carteleras de los últimos años a nivel mundial y ver qué tan destacados aparecen los musicales. A modo de ejemplo, el musical Chi-Raq de Spike Lee, uno de los mejores films de 2015, no fue estrenado en salas de cine de Uruguay y de Argentina.

La La Land es uno que rememora a viejos clásicos con una historia sencilla entre dos enamorados, Sebastian (Ryan Gosling) y Mia (Emma Stone), que rinden tributo a la distancia a parejas legendarias del género durante el siglo XX como las de Mickey Rooney y Judy Garland, Fred Astaire y Ginger Rogers, o Gene Kelly y Cyd Charisse.

Por su parte, el joven director Damien Chazelle (Guy and Madeline on a Park Bench, Whiplash) apuesta a un personaje primario y a una misión esencial: el homenaje a la ciudad de Los Ángeles (más de 60 locaciones elegidas) y especialmente a Hollywood, su caja de pandora por excelencia.

En la película de Chazelle los sueños están para perseguirlos, y de alcanzarlos poder disfrutarlos mientras duren. Es por lo que apuestan Sebastian y Mia: él, pianista, quiere tener su boliche de jazz clásico; ella llegó desde una pequeña ciudad en busca de una oportunidad como actriz mientras se gana la vida como cajera en una cafetería de los estudios Warner. Dos proyectos de jóvenes artistas. En la posible realización de sueños en una ciudad hostil y populosa como Los Ángeles, en lo que va del siglo La La Land representa una antítesis del clásico Mulholland Drive de David Lynch (2001): la gran pesadilla de una actriz con la ciudad como escenario devastador.

El musical es uno de los géneros que arroja por tierra el célebre concepto de "cine de autor", ya que en general expone al cine como proyecto de colaboración de partes. En La La Land esto es evidente con la importancia que tiene la música que marca el camino y el relato, escogida por Justin Hurwitz, apoyado en los letristas Benj Pasek y Justin Paul. En su tributo a una época dorada de Hollywood, y en la transmisión del factor de ensueño y de mundo fantástico a través de la amplitud en el enfoque de la imagen, Chazelle filma su película en formato de Cinemascope (popular entre 1953 y 1967).

La primera de las escenas musicales, un supuesto largo plano secuencia en un embotellamiento en una autopista, luego de homenajear a Las señoritas de Rochefort (Jacques Demy, 1967) plantea el escenario de fantasía, entre la evocación y el rescate del género. Otra escena oportuna como paradójica es la del Observatorio Griffith: los personajes levantan vuelo hacia las estrellas aunque dentro del recinto.

La historia de amor de La La Land se divide en partes/estaciones: Invierno, Primavera, Verano, Otoño y un Invierno cinco años después. La trama transita por silencios, derrotas, confesiones y aciertos que atraviesan, juntos y separados, Sebastian y Mia. Una pareja que resulta por la química entre los actores Gosling y Stone especialmente en las dedicadas escenas musicales (este es su tercer film juntos), pero que asimismo es rehén de un guion discreto de Chazelle que como en Whiplash no desarrolla el sentido de comunidad en sus personajes artistas una vez que los presenta con marcados rasgos individualistas (tanto el pianista solista como la actriz que escribe y presenta sus monólogos).

Chazelle no queda preso de la grandilocuencia que propone el género. Expresa su humor superando conceptos de cliché del mundo del jazz que su propio guion plantea, con comentarios sobre Charlie Parker, Miles Davis y Hoagy Carmichael —Sebastian se jacta con fervor de tener un taburete que perteneció al músico—, y con menos tino en burlas precarias del músico purista hacia hits pop como "I Ran" y "Take On Me". El talento del director aparece en la escena en el histórico cine Rialto —que fuera cerrado en 2007— cuando Sebastian y Mia, en una cita de comienzo accidentado, miran juntos Rebelde sin causa (Nicholas Ray, 1955). Chazelle ejecuta uno de los mejores chistes e ironías de su film en la resolución repentina de esta escena. La La Land, una película moderna basada en el clasicismo del género y con una misión, en su caso rebelde pero con una causa a hallar entre la nostalgia, el presente y el futuro.

Asimismo, el director no padece los cambios en las puestas de escenas ni en el montaje final (Tom Cross). En la fiesta que propone La La Land, la comedia y el drama se desarrollan sin mayores problemas entre momentos de extravagancia audiovisual —llevada a puntos altos de la sátira con la banda de "fusión moderna" en la que Sebastian toca el sintetizador—. Chazelle deja lugar para el contraste que proponen escenas intimistas como la de la pareja caminando en silencio en las colinas, otra con el pianista en soledad, mirando a los ojos a su amada entre el público, o las escenas de la actriz sola con su voz y su gestualidad ante el derrotero de sus audiciones por un papel en cine o en televisión.

Como en Whiplash, en La La Land Chazelle sigue meditando su posición como realizador, entre lo autobiográfico y lo meramente estético y artificial que revela el arte cinematográfico. En su guion, el músico Keith le pregunta a Sebastian: "¿Cómo podés ser revolucionario si sos tan tradicionalista?". La respuesta aún está por llegar.

 

 

 

 

Fotos: Summit Entertainment

 



Mathías Dávalos

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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