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La patria es la infancia

Dr. David Malowany

09.02.2017

En diálogo con el filósofo español Javier Goma, Zygmunt Bauman (YouTube 2015) recordó que durante doscientos años la cultura fue el instrumento crucial en la construcción de naciones.

Fue a través de ella que se convirtió a los campesinos en verdaderos italianos. No es extraño que Máximo d´Azeglio (1792-1866) exclamara en 1860: "Hemos hecho Italia; ahora tenemos que hacer los italianos". La cultura, continuó diciendo el sociólogo polaco recientemente fallecido, produjo un lenguaje nacional, combatiendo a los dialectos locales, promoviendo una historia oficial que nos haga pensar que todos estamos en el mismo barco.

De acuerdo a Shlomo Sand los proyectos de construcción de naciones no pueden desarrollarse sin un mecanismo político o un pasado histórico artificioso. ¿Qué es una patria? Alguno escribió una vez que la patria es la infancia.  Para Horacio es el lugar  por el cual vale la pena morir.  La historia repetidamente habla de diversos "Padres de la Patria", pero el primero fue Cicerón, llamado así por su contribución a desbaratar la conspiración antirrepublicana.  

Para  Sand, mediante un proceso político cultural se creó a los italianos, los argelinos, los tailandeses y los vietnamitas. El paisaje se convirtió en un componente fundamental de la identidad colectiva que, por así decirlo, levantó los muros del hogar donde se invitaba a residir a una nación en desarrollo. El Profesor israelí-catalán cita al tailandés Thongchai  Winichakul, quien recuerda que fue la moderna cartografía la que facilitó la creación de entidades territoriales. La condición previa-tecnológica-material-necesaria para la expansión de la imaginación territorial fue el lento desarrollo y propagación de las comunicaciones de masas.

No es casual que los Estado Nación sean hijos de la Revolución Industrial.  Esta supuso el auge de las ciudades y la división técnica y social del trabajo. La interdependencia del proceso de fabricación y distribución de mercaderías  requería de buenos sistemas de comunicación, centro ferroviarios, navieros, bancos, correos, telégrafos, prensa, etc.-1-.    Asimismo, en este tiempo, es sustituida la doctrina del mercantilismo a favor del liberalismo-2-.  Paulatinamente, las clases medias iban remplazando a la aristocracia en la dirección de la economía. El negocio bancario se moderniza-3-. En 1860 se produjo el primer tratado de comercio internacional entre Francia e Inglaterra.  

Eric Hobsbawm (La era del capital) expresa  que luego de las revoluciones de 1848 surgió una lógica de transformación de las naciones en estados-nación soberanos, con un territorio coherente definido por el área que ocupan sus miembros, que a su vez se  definían por su historia pretérita, su cultura común, su composición étnica y de modo creciente por su lenguaje.

La nación no era un desarrollo espontáneo sino elaborado aunque representaba las cosas que los miembros de algunos grupos humanos muy antiguos tenían en común o creían tener en común frente a los extranjeros. Tenía que ser realmente construida. De ahí la crucial importancia de las instituciones que podían imponer uniformidad nacional, lo que significaba primeramente el Estado, sobre todo a través de la educación pública y la formación de una burocracia.

El paladín más elocuente y típico de la Europa de las nacionalidades fue Giussepe Mazzini (1805-1872). El pueblo en Italia era demasiado retrasado, analfabeto y mísero, por ello el mayor progreso se produjo en las escuelas primarias, cuyo objetivo, por consenso general, no era solamente enseñar los rudimentos del alfabeto y la aritmética, sino, quizá todavía más, imponer a sus pupilos los valores de la sociedad (moralidad, patriotismo, etc.). Durante siglos, la lengua italiana, había vivido exclusivamente como lengua de la gente culta. Camilo Benso, Conde de Cavour- Primer Ministro de Victor Manuel- y otros nacionalistas italianos insistieron meramente en que debía haber un idioma y un medio de instrucción oficial, el italiano, y que los demás deberían ser secundarios-4-.  En el siglo XX es que se consolida la necesidad de que cada pueblo sostenga a un Estado independiente, territorial y lingüísticamente homogéneo, secular, y probablemente republicano.

La primera etapa del florecimiento nacional pasaba invariablemente por la adquisición, recuperación y acumulación del orgullo nacional a través de la herencia folklórica, Quienes la promovían eran casi siempre miembros cultos de la clase dirigente extranjera o una minoría selecta.  Los defensores de los estados-nación no solo afirmaban que debía ser nacionales, sino también progresistas, es decir capaz de desarrollar una economía viable, una tecnología, una organización estatal y una fuerza militar.  El historiador se pregunta: ¿Que les debía pasar a las naciones pequeñas que vivían entre las grandes? Sencillamente, tendrían que integrarse de modo federal o de otra manera en los estados viables. El argumento más simple de aquellos que identificaban a los estados nación con el progreso era la negación del carácter de naciones reales a los pueblos pequeños y atrasados, o argüir que el progreso les debía reducir a meras idiosincrasias provinciales dentro de las naciones reales más grandes, o incluso hacerlos desaparecer por la asimilación a algún kulturvolk.

 

Notas

-1-

    El primer ferrocarril en la Península Itálica, fue el de Nápoles a Portici, inagurado en 1839.  Al lado de los ferrocarriles se instalaba el telégrafo.

-2-

Desde 1818, Prusia se orienta hacia un relativo librecambismo, rebajado los aranceles aduaneros. La necesidad de constituir una unión aduanera entre todos los estados alemanes se hace cada vez más evidente. 

-3-

En Francia, entre 1848 y 1864 se crean los mas importantes establecimientos de crédito., el Comptoir Nacional d'Escompte, El Crédit Industriel e Comercial, el Crédit Lyonnais y la Societé Générale, sumándose a la alta banca de origen judío, Rothschild, Works, Heine y protestante, Mallet, Mirabaud y Verne. Sin olvidar al nuevo sistema de negocios de los hermanos judeo- portugueses Péreire.

-4-

En el momento de la unificación de Italia, en 1860, se calculó que no más del 2.5 por cien de sus habitantes hablaba realmente el italiano para los fines ordinarios de la vida, mientras que el resto hablaban idiomas tan distintos que a los maestros de escuela que envió el estado italiano a Sicilia en la década de 1860 se les tomó equivocadamente por ingleses. ...

 

David Malowany. Abogado

 




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