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Batlle y Ordoñez y Mister Trump

Aníbal Gloodtdofsky

09.02.2017

En los primeros años del siglo XX América se vio inundada por una fuerte corriente migratoria europea que huía del hambre y el miedo a las guerras. Con esa gente que cruzaba el Atlántico a “hacerse la América” llegaban también las ideas políticas que florecían por aquellos lares producto de la pobreza.

Aquellas masas de hombres y mujeres distintas, con diferentes idiomas, culturas y religiones, sacudían la modorra pueblerina de nuestro mundo decimonónico. Y como todo cambio despertaban los mismos recelos y odios que se le despiertan hoy al mandamás norteamericano.

En 1919 se convocó a una reunión de Ministros de Relaciones Exteriores Sudamericanos con el fin de acordar una posición común sobre leyes de inmigración. El diario católico El Bien Público saludaría esa reunión con un entusiasmo digno de Mister Trump: "Leyes de inmigración" "Ante todo está perfectamente fundamentada la orientación qué busca en la solidaridad de las leyes sudamericanas un medio defensivo de indudable eficacia. El acuerdo diplomático entre los diversos países como paso inicial... Debe pues la República coadyuvar francamente a la iniciativa diplomática, sentando las bases de la defensa nacional contra esa invasión que sin ruido de armas...  puede pasar nuestras fronteras bajo la égida de una legislación deficiente y constituir una amenaza permanente y difícilmente extirpable. (El Bien Público. 3 de septiembre de 1919). Es decir; italianos, españoles, griegos y gentes de toda Europa que venían a nuestras tierras eran una "amenaza" difícil de extirpar. Y acertaban, hoy los nietos y bisnietos de aquellos son los uruguayos que hacen nación. Un mes antes, Juan Andrés Ramírez, había propuesto se dictara una ley de residencia que posibilitara la expulsión de dirigentes anarquistas extranjeros. Así lo explicó en su Diario del Plata: "Una turba organizada de agitadores que son profesionales de la revuelta, que inscriben como número fundamental de su programa la destrucción violenta de las autoridades, el despojo criminal de la propiedad..." (Diario del Plata. 10 de agosto de 1919). Cualquier parecido con Madame Le Pen es pura coincidencia.

Batlle y Ordoñez no había permanecido al margen de los acontecimientos y enfrentaba este brote xenofóbico desde las páginas de El Día. Escribía: "Desde luego, hace pocos días llegó al país un español, según se dice deportado por anarquista. "Huésped indeseable", exclamaba un diario. "¡Afuera!" grita otro. "Hay que reglamentar la entrada de extranjeros para evitar contaminaciones bolcheviques" corean muchos. "No se puede seguir así, cualquier día vamos a amanecer en pleno Soviet por la indolencia con qué asistimos a la importación de estos terroríficos hombres de pensamiento propio..." -Y entonces Don Pepe Batlle remata con justicia impecable- "Pues no. Es preciso decirlo de una vez, no se puede impedir a nadie sean cuales fueren sus ideas el acceso al país." A esta nota le siguió una respuesta desde el Diario del Plata bajo el título "Bolcheviquismo puro".

La idea de rechazar inmigrantes (aunque hoy se les llamaría con más razón "refugiados") no era un zarpullido local. Como ya hemos visto que pasa hoy, por aquellos días se pretendía establecer normas continentales que rechazaran la oleada migratoria por el riesgo que suponía el ingreso de terroristas entre la muchedumbre. Desde Argentina se pretendió empujar a Uruguay a una coordinación represiva en ese sentido y para ello se envió un emisario a fin de presionar al gobierno de este lado del río. Ante ello Batlle y Ordoñez sentenció desde El Día: "A otra puerta" "... dice un diario argentino. "El Ministro de Agricultura ha ordenado al Jefe de Inmigración se traslade a Montevideo a fin de gestionar de las autoridades uruguayas la adopción de ciertas medidas tendientes a impedir el desembarco en aquel puerto de inmigrantes rechazados por las autoridades argentinas." Y comenta finalmente Batlle y Ordoñez: "Viene mal dirigido el emisario. Entre nosotros no hay ley draconiana de residencia, ni proscripciones de orden policial, ni impedimentos arbitrarios al desembarco de viajeros... piensen como piensen."

En la anécdota está la esencia misma de un humanista formidable.



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