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imagen del contenido Ismael Blanco

Tiempos de cuaresma

Ismael Blanco

13.02.2017

Como estamos entre amigos la sinceridad ante todo. Nunca me había imaginado que entraría a los cincuenta como una tromba.

Es que sólo unos días antes de mi medio siglo sobre el leve suelo,  el destino o algún mal augurio -me juego más por lo segundo-  especialmente de esos de que se presentan cuando se acerca la cuaresma, hizo que un bólido que nada tenía que ver con un cuerpo celeste se presentara  con pretensiones  de cesarme por anticipado.

Tal como se los comentaba en mi último escrito, fueron los serafines, pero de esos bien gallardos, digamos de los que andan con el sexo bien puesto, que formaron una barrera bien compacta para que el golpe desleal y traidor quedara como un esfuerzo estéril, absolutamente ineficaz como para que la parca se tuviera que ir con la cola entre las patas...

Por último, y para cerrar este tema que espero sepan comprender que me resulta necesario exorcizar, quiero decir que ante la naturaleza de ciertos hechos, uno vuelve a confirmar la fragilidad de nuestras existencias, tal como dice Drexler, aquello de que somos "un breve latir en un silencio antiguo..." Y tal es así   que desde el fondo de los tiempos quedé durante varios días en cierto estado donde la ideas no reivindicaban expresión alguna. Iban de un  lado a otro de mi mente, la recorrían placenteras, adormiladas, tal como si la hermosa diosa Casiopea me hubiera obnubilado sin dejarme salir media palabra, refugiándome en su constelación de cinco estrellas.

Cuando comienzo un artículo pretendo sin mucho éxito hacerlo con un argumento que se explaye de principio a fin. Si no resulta, suelo conformarme con una proposición o una idea inicial que convengo  que cuando discurre en mi pensamiento e intento expresarlo -sea por la impronta de las palabras, adjetivaciones o adverbios-  forman juicios y razonamientos que van tomando rumbo propio, y como un dibujo sobre un lienzo, lo que quería ser de una forma termina siendo una exposición  impensada en el inicio. Así las ideas se presentan y recrean con arbitrariedad. Pero hay una cosa que nunca me pasa, y en esto soy enfático, nunca pero nunca, más allá de las formas me olvido de algo de lo que quiero decir.

Dicho esto, lo primero a saber es que desde aquí mando un saludo, que como hipócrita que no soy, no tiene nada de fraternal. Eso no impide mi reconocimiento a unos pocos cobardes,  que con nombres y perfiles falsos me "siguen" por las redes papándose el extracto líquido de mis escritos, que aún advirtiendo su patente disgusto saborean de principio a fin la ambrosía que sale de mí. Infiero que actúan como fanáticos medievales soportando lo que definen como suplicio cuando me leen semana a semana. Están convencidos que adjetivando con intensiones ofensivas, llegando a la ridiculez fatua,  vociferan blasfemias sobre  mi origen político o mi postura filosófica. Esta runfla militante  ataca mi prosa - que adelanto están en total derecho de hacerlo, faltaba más-  pero lo hace de la peor manera,  pues como cobardes se ocultan en seudónimos y perfiles simulados, muchas veces con varios a la vez,  aprovechándose de la ventaja  que el mundo cibernético le da a los gallináceos virtuales.

A veces pienso que lo hacen desde Domingo Arena 4399 o de Avenida Libertador 1546 o desde los domicilios particulares los que gozan de ese vergonzoso privilegio. También para ser justos,  hay algunos retorcidos que dicen barbaridades y temeridades definiéndose de izquierda y tienen de zurdo lo que yo tengo de cura.

Ahora bien, pasando a nuestros mundanos asuntos, siempre vale la pena recordar cómo van las cuestiones políticos, que por lo que he podido escuchar en enero y lo que va de febrero debería decir de política en minúscula, de esa mezquina, de la que especula, la que dice "te doy si me das", la del francotirador, la del desleal, la del hipócrita, del que se confunde que piensa que está por votos propios y llegó ahí porque se subió o lo invitaron a subir a una bañadera que pasaba.  Son los que te desean lo peor con un beso en la mejilla y un abrazo fuerte. 

Como les venía diciendo son tiempos de cuaresma, se va de Herodes a Pilatos, y en el medio siempre quedan los crucificados, o los candidatos a la crucifixión. Al decir de Aldous  Huxley: "cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje". Hay sujetos que se han pasado de desvergüenza desde una derecha sin proyectos que se agarra igual a un cable pelado para hacer daño... A esta altura el senador y "falso pediatra" Javier García ya no sabe que inventar o que tragedia instalar en su insistencia mediática para generar alarma pública: que "el avión", que el "déficit de Asse", que su preocupación por las Fuerzas Armadas, "que estamos mal", y que no sabemos lo que nos espera. Este cotilla se desvive en hacer méritos con el futuro precandidato de la derecha para el 2019, el herrerista Luis Lacalle hijo. Estos señores son los mismos que desde el 2005 que asumió el Frente Amplio nos vienen anunciando el fin de los tiempos.

Lo cierto que con el mundo en contra, con el viento de cola o de frente y perfil, con ciclones y tornados, el Uruguay ha mantenido un crecimiento histórico que ya acumula 12 años consecutivos. Que para el 2016 ya tenían el champán pronto para festejar la crisis que golpearía  a la gran mayoría del pueblo uruguayo y no a los privilegiados que en esencia defienden. Anunciaron un dólar a $38 como mínimo, una inflación de dos dígitos, aumento potente de la desocupación, el fracaso de los Consejos de Salarios, la caída del salario real y por decirlo delicadamente se tuvieron que meter la lengua en el bolso. Ahora apretaditos se miran entre ellos, que "Todos", que "Juntos" pero no tanto, que el forúnculo en que se le convirtió el pelado. Ahora más de uno se dice socialdemócrata pero se sujeta con la mano por la derecha.

Yo vuelvo a lo de siempre,  con nuestro programa no somos perfectos pero a día de hoy, con un poco de memoria colectiva se puede comparar los dos proyectos, el de la última década y el restaurador con su funesta obra neoliberal del pasado reciente. Habrá que hacer énfasis en aquello que decía Alejo Carpentier: "... la grandeza del Hombre está en querer  mejorar lo que es. En imponerse tareas."



Dr. Ismael Blanco



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