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Cuidado con los festejos

Ana Jerozolimski

16.02.2017

Este miércoles tuvo lugar el encuentro entre el Presidente de Estados Unidos Donald Trump y el Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu. Más allá de lo importante que es en general la relación con Washington y lo clave que resultaba iniciar una nueva etapa luego de las diversas tensiones y profundas discrepancias con la administración Obama, nos preguntamos si realmente hay razones para estar tan satisfechos con la postura de Trump.

"Yo miro la fórmula de dos Estados y la de un Estado y quiero aquella que quieran ambas partes. Estoy muy contento con la que ambas partes elijan", declaró. "Yo puedo vivir con cualquiera de ellas. Pensé por un tiempo que la de dos Estados sería la más fácil, pero honestamente, si Bibi y los palestinos están felices, yo estoy feliz con la que a ellos les guste más".

A primera vista, claro está, suena lógico. O sea : si Israel y los palestinos logran llegar a un acuerdo sobre la fórmula que sea y alcanzan con ello la paz , no tendría sentido que la Casa Blanca se ponga a exigir soluciones alternativas.  Por eso, en realidad, nuestra crítica no es al nuevo Presidente norteamericano, aunque sus palabras suenan un tanto superficiales.

Nuestra crítica es a todos aquellos que están festejando , felices, porque-tal cual declaró por ejemplo el jefe de "El Hogar Judío" Naftali Bennett- "la bandera palestina ha sido bajada finalmente del mástil y sustituida por la bandera israelí" .Bennett, claro, se refería a Judea y Samaria, dando a entender que ha terminado la idea del Estado palestino en Cisjordania y que en su lugar , hay que imponer la soberanía de Israel.

Criticamos esta postura porque la fórmula de "un Estado" a la que hizo referencia bastante a la ligera el Presidente Trump, debe ser vista por el sionismo como una verdadera pesadilla. Criticamos esa postura porque estamos convencidos de la justicia del sueño sionista y queremos preservar su realización. Porque queremos garantizar que el ideal de soberanía y mayoría judía en la tierra de Israel, sea una realidad inapelable en el moderno Estado judío. Lo queremos , aún si para ello hay que renunciar a parte de esa tierra histórica, no porque el pueblo judío no esté íntimamente ligado a ella sino porque mantenerla dentro del Estado judío-que es lo que quieren quienes están festejando- equivale a acercarse a pasos agigantados a perder la absoluta mayoría judía.

A los ciegos que dicen "eso no sucederá", les preguntamos  qué creen que ocurrirá si Israel no se separa de los palestinos. Si se desdibujan formalmente las fronteras y se impone la soberanía israelí en los territorios que hoy aún tienen un estatuto distinto, las opciones serían dar derecho a voto a su población palestina o por el contrario, mantenerla bajo control israelí, sin igualdad de derechos.

En el primer caso, sería sólo cuestión de tiempo hasta que se pierda el carácter judío de Israel. En el segundo, se perdería el carácter democrático.

Ambas opciones son, a nuestro criterio, el fin del sionismo.

Es precisamente por esto que hasta ahora, casi 50 años después de la conquista de los territorios, no fueron nunca anexados a Israel.

Como siempre, tratamos de ver también la otra cara de la situación.

Todos aquellos que durante décadas vieron en la creación de un Estado palestino independiente casi una varita mágica para la solución del conflicto israelo palestino, cometían el grave error de creer que el terrorismo y la violencia se deben a que ese Estado no existe. A nuestro modo de ver, la ecuación es inversa: ese Estado aún no existe, precisamente por el terrorismo y la violencia. Claro que con un gobierno que propulsa la construcción de más asentamientos donde los palestinos quieren construir su Estado, es más difícil, pero tal como hemos escrito aquí repetidamente, también gobiernos de centro izquierda ofrecieron a los palestinos acuerdos de largo alcance que incluían la independencia palestina y avanzadas concesiones territoriales, y la respuesta que recibieron fue un rotundo "no".

Al recuerdo de la historia de los últimos años, se agrega por cierto el complejo análisis de la situación actual. Este debe tomar en cuenta también la debilidad del Presidente palestino Mahmud Abbas ante Hamas que probablemente tomaría el control del terreno apenas saliera Israel, la división entre Cisjordania y la Franja de Gaza , la negativa del liderazgo palestino hace mucho a volver a negociar y muchos otros problemáticos elementos que componen el mosaico israelo palestino.

Siempre pensamos que es imprescindible que se cree un Estado palestino en el marco de una solución negociada, pero que ello no es suficiente para que haya paz. Un estado palestino sin que los palestinos acepten que su creación es el fin de las exigencias a Israel, de nada sirve, sería una mera fórmula intermedia para seguir atacando a Israel. Un estado palestino en el parte del territorio, la Franja de Gaza, está gobernado por una organización terrorista que proclama que jamás reconocerá a Israel, es una bomba de tiempo.

Esperamos que a pesar de la situación actual, no se haya perdido aún del todo el sentimiento de realismo que debe acompañar a quienes guían el destino del pueblo, tanto del lado israelí, como del palestino.

Los palestinos deberían hacer paz con la idea que contrariamente a lo que se dijo siempre, el tiempo no corre a su favor. Bien harían en proclamar de inmediato que se sientan a negociar en serio con Israel.

Y Netanyahu, por más que lógicamente le facilite la postura de Trump que no lo presiona en este tema delicado, por más aliviado que  se sienta tras ocho años de una administración que estaba desproporcionadamente obsesionada con el tema asentamientos , debe tomar una decisión.

Debe decidir si hace suya la visión del ala más nacionalista de su coalición o si reitera que la fórmula de dos Estados que adoptó hace ya tiempo, será su guía . No porque el mundo lo exija sino por considerar que ese es el interés de Israel.

Y no por las exigencias de los palestinos, que hasta ahora no se han ganado ninguna confianza, sino precisamente para separarse de ellos. 

Israel aún tendrá que defenderse, eso está claro. Eso, por ahora, no parece que sea un desafío que vaya a desaparecer.



Ana Jerozolimski



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