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¿Y si el FA pierde las próximas elecciones?

Héctor Musto

17.02.2017

Como lo he escrito en más de una oportunidad, siempre (desde 1971) voté al FA.

Y también afirmé, en estas columnas y en otros medios, que hoy soy uno de los tantos “descontentos”, “enojados”, “decepcionados” o como se quiera decir: soy uno de los tantos miles que tenía expectativas, que en lo esencial se cumplieron en los primeros cinco años de gobierno, pero que luego, y de a poco –pero fundamentalmente a partir de lo que fue el gobierno de Mujica- empecé a desilusionarme.

Los motivos para ese sentimiento ya fueron dichos, así que no los voy a repetir: quienes lean estas líneas, no esperen más argumentos respecto al “aparatismo”, al “copamiento ideológico y político” por parte del MLN-MPP, a Sendic y su administración de ANCAP (por no mencionar nuevamente su “título” y tantos otros etcéteras. Ya lo dije yo, y mejor que yo lo dijeron otros. Hoy no voy a ir por ahí. Más bien me voy a centrar en otro aspecto: ¿qué pasaría si el FA pierde las próximas elecciones?

Creo, sin ser politólogo, que no es una hipótesis improbable. Las encuestas, con todo el margen de error que puedan tener, son claras. Y tanto o más que las encuestas, me baso en lo que charlo. En lo que escucho. Y, debo decirlo, cada vez más votantes hasta la última elección, me expresan o serias dudas respecto a seguir votando al FA, o ya, directamente, decidieron sea el voto en blanco o apoyar al PI o a AP. Entonces, me parece oportuno imaginarme un futuro en el que el FA no es gobierno. Y como soy optimista, me imagino además un parlamento con un máximo de 45% de legisladores frenteamplistas... posiblemente, menos.

Es obvio que si esa “imagen” que tengo se da, implica que hay balotaje. Si gana el candidato del FA, tendrá que lidiar con una mayoría parlamentaria opositora. Con todo lo que eso implica: de alguna manera ya lo estamos viendo con el Gonzalo Mujica. Y si pierde, me resulta más que obvio (a no ser que ocurra un terremoto político) el Presidente va a ser Lacalle Pou, a quien no le va a costar demasiado conseguir la mayoría parlamentaria con el Partido Colorado y con el Partido de la Gente (PdG).

Analicemos. De ganar el balotaje el FA, va a tener que negociar. Y negociar implica, necesariamente, rebajar el programa del FA a lo que quieran los que nos den la mayoría de los votos en el Parlamento... hablo del PI, PdG y AP. El tema es cómo poner de acuerdo no solamente la interna del FA, sino de “contentar”, al mismo tiempo, al PI, PdG y AP. No la veo. Más bien visualizo un gobierno (Poder Ejecutivo) con minoría parlamentaria. ¿Gobernar con decretos? Ante las interpelaciones con resultado negativo, que sin duda habría y muchas ¿vivir cambiando de Ministros? Ese panorama, me recuerda demasiado al pachecato. Se me dirá que sería un “pachecato progresista”... pero bueh... no me gusta. Y sumemos la gran prensa, que va a darnos con todo por no respetar al Parlamento. Es una pesadilla pensar en ganar así. ¿Vamos a estar cinco años con el PIT-CNT y los estudiantes en la calle? Me suena demasiado a la Venezuela actual. Y la consecuencia natural de esa hipótesis será una crisis política y económica. Que la van a pagar, naturalmente, los más desposeídos.

La segunda hipótesis. Gana el balotaje Lacalle Pou, situación que hoy por hoy, no es imposible. Y es hasta peor que la primera: mayoría parlamentaria (PN más PC más PdG más, en algunos temas, el PI). ¿Qué se nos viene ahí? Miremos a los países vecinos. En esta hipótesis, se viene una restauración. La restauración de la derecha más dura y pura. El revanchismo macrista: recortes en lo social, en la enseñanza, en la política de Derechos Humanos en su sentido más amplio, en el apoyo al arte y la ciencia... La política, en fin, que vivimos hasta el 2005. ¿Consejos de salario? ¡Olvídalo! Restauración pura y dura. Es lo que se hace en Brasil y en Argentina.

No quiero seguir con esta descripción. Pero dudo que alguien, seriamente, me pueda cuestionar ninguna de las dos hipótesis que esquematicé más arriba.

Por lo tanto, ¿qué hacer? Necesitamos que el FA gane. Y que lo haga con mayoría Parlamentaria. Pero debe cambiar. Debe asumir los errores, las carencias gigantescas en políticas que son trascendentes y nos afectan a todos los ciudadanos. Transparencia en la gestión, cambiar radicalmente la enseñanza, asumir los errores (que son demasiados) en forma pública, darle espacio a la participación ciudadana en la fuerza política (o sea, democratizar al propio FA), abrir la cancha política a mujeres, jóvenes... ser de nuevo lo que fuimos: una fuerza de cambio y no de status quo. Terminar con los “comisarios políticos” y apostar a los cuadros formados, más allá de su pertenencia a determinada fuerza política. En otras palabras, reformularnos, refundarnos.

Claro. El tiempo es escaso... y para peor, las ganas de cambiar, no las veo. Pero o la fuerza política asume esto, o marchamos. Y me autocontesto la pregunta que inicia esta columna: ¿Y si el FA pierde las próximas elecciones? Se nos viene la noche. Larga y dura. Sobre todo, repito, para los más desposeídos. La pelota está en la cancha de la dirección del FA. La historia, la vida, dirá si están a la altura. Si están dónde están para cambiar la sociedad en serio, o si están para postergarse lo más posible en los cómodos sillones del poder. Y me refiero desde los legisladores y ministros hasta los miles cargos de confianza. Piensen, y sobre todo, actúen. El país actual y la historia los juzgará. Y si se equivocan, no los absolverá.


Héctor Musto



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