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imagen del contenido Sergio Martínez

Columna de Ciencia y Tecnología

Sergio Martínez

07.03.2017

La Paleontología es la disciplina que estudia los fósiles, y un fósil es toda evidencia de vida del pasado geológico. Por propiedad transitiva entonces la Paleontología es la disciplina que estudia toda evidencia de vida del pasado geológico.

 

Sin embargo, para el público en general, la paleontologíaes sinónimo únicamente de dinosaurios o grandes mamíferos, hecho alimentado por la necesidad de espectacularidad de los medios de comunicación, de divulgación científica incluidos, y en el segundo caso principalmente por la atracción que ejerce el conocer nuestra parentela más inmediata (al respecto se puede ver una entrada de mi blog http://fosilesinglamour.blogspot.com.uy/2013_05_01_archive.html ).

A pesar de ello, la gran mayoría de los fósiles, y los más importantes en el sentido práctico o aplicado no son ni dinosaurios ni grandes mamíferos, sino restos de  invertebrados y fósiles microscópicos, nada espectaculares. Así como no es lógico pensar solamente en mamíferos o en aves cuando se habla de la biodiversidad actual, no lo es cuando lo hacemos en la biodiversidad pasada.

Uruguay es fuente de numerosos y diversos fósiles, aún con el handicap de su pequeño tamaño y de estar constituido en gran parte por rocas ígneas y metamórficas, en las que no es posible encontrar este tipo de restos. Resulta  curioso que en diversidad -obviamente no en cantidad- el territorio uruguayo es comparable al de países muchas veces más grandes.

¿A qué se debe esta curiosidad? A que nuestra delimitación geográfica coincide con varios bordes de cuenca. Una cuenca, como su nombre lo indica, es una porción de la superficie terrestre que por su forma se puede rellenar de sedimentos, los que a su vez pueden contener fósiles. Entonces, esas rayas en el mapa que llamamos fronteras, pueden rodear una gran cuenca (imaginemos un gran plato de sopa en una mesa) o el borde de varias cuencas (la mesa sostiene una parte de varios platos de diferentes sopas, el resto de cada plato queda afuera). En las mesa que contiene un solo plato grande no hay elección, tendremos que tomar ese tipo de sopa, en la que soporta varios platos, tenemos varios gustos para elegir, aunque podamos tomar una o dos cucharadas de cada uno solamente.

Esta particularidad de nuestro territorio permite la presencia de fósiles que son testigos de casi todas las épocas por las que ha pasado la tierra, a diferencia por ejemplo del territorio de la Provincia de Buenos Aires, que tiene más superficie. Pero claro, no hay muchos ejemplares, no siempre son bonitos, y muy raramente espectaculares. Pese a ello, aportan y tienen mucho que aportar a la ciencia y a la producción nacional.

Para estudiar los fósiles los paleontólogos, como en todas las ramas científicas, debemos especializarnos si queremos empujar, aunque sea modestamente, la frontera del conocimiento. Por eso, ya no existen los paleontólogos "todoterreno", aquellos capaces de estudiar cualquier fósil, sino que dentro de una disciplina que parece ya bastante restringida, hay campo para que una gran cantidad de investigadores trabajen al mismo tiempo en temas muy diferentes, o parecidos también.

En Uruguay hay más de una decena de personas que estudiamos diversos grupos de fósiles, grandes y pequeños, plantas y animales, vertebrados, invertebrados y unicelulares, y no solamente desde el punto de vista de su clasificación y nomenclatura, sino también de sus relaciones de parentesco, (paleo)ecología, preservación, como indicador de la manera en que se depositaron los sedimentos que los contienen, etc. Los paleontólogos profesionales en Uruguay trabajan en el Museo Nacional de Historia Natural,con un régimen de contrato, y la Facultad de Ciencias de la UdelaR .

Claro que esta situación no siempre fue así, sino quees el resultado de un proceso histórico y esperemos que sea la base de un futuro mejor. Como lo segundo no es tan fácil de adivinar, vayamos a lo primero. Puede considerarse a Dámaso Antonio Larrañaga como el primer "uruguayo" que se ocupó de la geología y paleontología de nuestro territorio, aunque su obra al respecto -no ya su vida- se forjó antes del nacimiento de nuestra república.

Agudo observador y experimentador, Larrañaga dejó manuscritos que de haber sido publicados en su época hubieran representado ciencia de primer nivel, pero lamentablemente pocas cosas llegaron a la imprenta, e incluidas en obras mayores de investigadores europeos. Es recién en 1894, en el primer número de los Anales del Museo de Historia Natural, y a principios de la década de 1920, cuando se publican los "Escritos..." cuando se advierte en su real dimensión lo que hubiera sido y no fue.

Larrañaga puede considerase entonces, el primer naturalista nacido en estas tierras que se ocupó de fósiles (la denominación "paleontólogo" se acuña poco antes de la mitad del siglo 19 y se impone mucho después), el que por las mismas circunstancias que no publicó tampoco dejó alumnos o sucesores. Las circunstancias fueron lógicamente las provenientes de convulsa situación de la Banda Oriental a partir de 1911, no precisamente favorables para el desarrollo científico o académico, y menos para Larrañaga, un hombre con múltiples intereses.

Entre la segunda mitad de la década de 1820 y la primera de 1830 nos visitaron dos posteriormente ilustres naturalistas europeos, en el marco de la política de los "naturalistas viajeros" de las potencias mundiales de la época, Alcide Dessalines d' Orbigny de Francia y Charles Robert Darwin de Inglaterra. Entre sus actividades se encontró el relevamiento geológico y con él el paleontológico, que fue comentado e ilustrado en sus publicaciones. Darwin en realidad no realizó la descripción de los fósiles sino que los derivó a especialistas. Estos conocimientos tuvieron  gran trascendencia ya en su momento, y en el caso de Darwin -dada la fama lograda con su teoría de la selección natural- su influencia se prolongó hasta bien entrado el siglo 20.

Entre los nacionales hubo aficionados, pero sin mayor trascendencia. El lado oscuro de esta afición fue la venta de fósiles al exterior, destacándose y no de la mejor manera la figura de Teodoro Vilardebó.

Entre fines del siglo 19 y principios del 20 la principal novedad respecto a la paleontología nacional son las investigaciones, en algunos casos más puntuales, en otros más sistemáticas, de investigadores de la región (von Ihering desde el Museu Paulista, Frenguelli y Kraglievich desde Argentina por ejemplo, el último con una breve permanencia en Uruguay). Estas investigaciones muchas veces estuvieron alentadas por aficionados a la arqueología, quienes ampliaban su horizonte de esta manera.

En 1945 se creó la Facultad de Humanidades y Ciencias en la Universidad de la República y allí surge una cátedra de Paleontología.A partir de allí comienza a desarrollarse la investigación y enseñanza universitaria de la disciplina, con continuidad hasta el día de hoy. Paralelamente, y con discontinuidades desde los tiempos del mencionado Kraglievich, la disciplina ha estado presente -a la escala correspondiente- en el Museo Nacional de Historia Natural. Durante unos años, fundamentalmente durante las décadas de 1930 y 1940 hubo un cierto desarrollo en el entonces Instituto Geológico (hoy DINAMIGE). Otras instituciones vinculadas a las ciencias geológicas, como ANCAP, nunca tuvieron paleontólogos de plantilla.

El siglo 21 encuentra a la Paleontología como una disciplina dinámica y en plena actualización conceptual y técnica, por lo que no faltarán aportes de las nuevas generaciones.

Dr. Sergio Martínez. Dr. en Cs. Geológicas (Universidad de Bs As). Lic. en Cs. Biológicas (Udelar). Profesor Agregado (G.4), Dpto. Paleontología, Facultad de Ciencias, Udelar.Sistema Nacional de Investigadores, nivel II. Investigador de Primer Nivel (G.5), PEDECIBA (Geociencias). Investigador de Primer Nivel (G.5), PEDECIBA (Biología).

smfacultad@gmail.com

 

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