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Eramos pocos y apareció Zealandia

Luis C. Turiansky

Científicos neozelandeses han descubierto que su país es la cima de una placa continental sumergida, a la que bautizaron Zealandia.

Desde tiempos inmemoriales existió una lucha sorda y tenaz entre españoles y latinoamericanos sobre la manera correcta de hablar español, o "castellano" como debería llamarse. Es natural, toda vez que el idioma traído a América por los conquistadores sufrió una evolución levemente diferente de la que tuvo en su tierra originaria. Las diferencias no son tan notorias como para no entenderse, pero es cierto que a veces se producen en la comunicación mutua situaciones risueñas o incluso enojosas.

El problema surge cuando el idioma que hablamos adquiere el estatuto de lengua oficial en los organismos internacionales. Entonces es no solo útil sino hasta necesario ponerse de acuerdo, para evitar malentendidos fatales a la hora de redactar una resolución, por ejemplo.

Es que, entre otras cosas, hay algunas diferencias incluso en los nombres de los países, como  Arabia Saudita o Saudí, Zimbabwe o Zimbabue, y otros casos similares. El ejemplo que inspira esta nota es el de Nueva Zelandia, que los españoles llaman pertinazmente Nueva Zelanda y que, quizás por el poder de las fuentes periodísticas españolas, se nos coló también en nuestro medio. Sabe Dios de dónde viene la versión "Nueva Zelanda" y por qué los españoles la prefieren y defienden, pero mientras España estuvo fuera de la ONU tuvimos una época gloriosa de dominación latinoamericana en el idioma, como el lector curioso podrá comprobar si va a la lista oficial de los Estados miembros de la ONU (http://www.un.org/es/member-states/index.html), donde figura "Nueva Zelandia", tal como a nosotros nos enseñaron en la escuela.

Pero hete aquí que, de pronto, unos científicos neozelandeses, país donde naturalmente se habla inglés o maorí y la traducción a otros idiomas no es su problema, llegaron a la conclusión de que Nueva Zelandia o New Zealand en inglés, es la cima de una placa continental sumergida en el océano y separada de las demás, que denominaron como les pareció mejor, es decir Zealandia. "Para mortificarnos", como decía en estos casos un colega traductor que conocí. Sin embargo, en principio la traducción española del nombre del nuevo continente no presentaría problemas, puesto que basta dejarlo como vino, en todo caso pronunciado en español. Pero no faltan puristas, sobre todo del lado español, que pretenden aprovechar este enriquecimiento de la nomenclatura geológica mundial para imponer su punto de vista consagrando el término "Zelandia" como denominación propia del continente, con lo cual "Nueva Zelanda" quedaría para el país; esto se desprende de la noticia que publica al respecto otro "País", el célebre diario de Madrid, el 22.2.2017). Como esta fuente suele sentar modelos para muchos cronistas despreocupados, es de temer que el ejemplo cunda. En todo caso, espero que a nadie se le ocurra la transcripción fonética "Zilandia".

Ya que estamos, es útil recordar por qué Nueva Zelandia se llama así. En efecto, el uso del adjetivo "nuevo/nueva" seguido de una localidad europea es típico de muchos territorios descubiertos por marinos nostálgicos. El caso es que el primer europeo que llegó a esas tierras fue un holandés, en 1642. Pero no fue él quien le puso el nombre, sino unos cartógrafos coterráneos suyos, a quienes pareció que era una buena ocasión para honrar con el descubrimiento a un archipiélago cercano a la costa de los Países Bajos, denominado Zeeland (literalmente "Tierra del Mar"), de modo que el mapa lució, en latín, el flamante nombre Nova Zeelandia. ¡Gol latinoamericano! Algunos malpensados han llegado a afirmar que conviene no obstante distinguir el país del kiwi de la isla danesa de Selandia, que alberga la capital de Dinamarca, Copenhague, sobre todo porque en América Latina no sabemos pronunciar la zeta. Este presunto gol del empate se anula por flagrante offside.

Luis Turiansky



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