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Sobre mexicanos, perros y las redes sociales

Héctor Musto

11.04.2017

En los últimos días se desató una polémica por una frase escrita en un pizarrón en un bar de Pocitos en el que se leía "no dogs or mexicans allowed", o sea, “no se admiten perros ni mexicanos”.

El hecho tomó estado público porque un ciudadano (el Decano de la Facultad de Ciencias Económicas, Dr. Rodrigo Arim), lo fotografió, lo subió a las redes sociales y escribió "Inaceptable: cartel en cafe "no se permiten perros ni mexicanos". Obviamente, las redes explotaron y la prensa se hizo eco, multiplicando el efecto de la foto y la frase. Y hasta una reacción de la propia Embajada de México. Ese hecho me lleva a intentar una reflexión un poco más general, y a plantearme qué está sucediendo con las redes.

Vayamos primero al hecho. Está más que claro que el lío se arma por sacar de contexto la frase, o, más bien, por no saber que en realidad eso fue algo tomado literalmente de una película de Tarantino, que había sido exhibida el jueves pasado en ese local. Quien subió la foto y puso el comentario, naturalmente no tiene por qué conocer la película, y naturalmente, podía pensar que era algo inadmisible y digno de ser denunciado. Pero me pregunto, ¿costaba algo preguntar a los propietarios el por qué de esa frase antes de realizarles el escrache público, sabiendo que se iba a desatar una andanada contra los propietarios del local? Creo que es una obligación averiguar, antes de la actitud facilonga de tener cientos o miles de "seguidores indignados". En otras palabras, creo que antes de "subir" algo potencialmente jodido, hay que manejar todos los datos.

Y me atrevo a poner un ejemplo. Digamos que el 8 de marzo pasado yo hubiese colgado un cartel en la ventana de mi apartamento diciendo "Woman is the nigger of the world". Si alguien hubiese fotografiado ese cartel y lo hubiese subido a las redes, sin dudas yo hubiese sido acusado de racista (por utilizar la palabra "nigger" que en inglés es sumamente despectiva) y de antifeminista, por referirme a las mujeres como nigger. Y justo siendo un 8 de marzo, me hubiesen prendido fuego en las redes. Sin embargo, cualquiera que conozca algo de música popular "vieja", sabrá que esa canción, compuesta por John Lennon y Yoko Ono, es una canción (casi un himno en su momento) feminista que denunciaba, allá por 1972, la condición de la mujer. O sea, por apoyar de una manera original la causa de las mujeres (que también es la mía)  hubiese sido acusado de ser un machista partidario poco menos que del Ku Klux Klan...

Y todo esto me lleva a una reflexión general. Las "redes", tomadas en forma genérica, son un avance tecnológico maravilloso, y sumamente democrático. Hoy en día cualquiera puede opinar, llegándole a miles o millones, diciendo lo que piensa. Pero el problema (o al menos, uno de ellos), es que los "me gusta", las reacciones en pocos caracteres, las "caritas" de enojo o de aprobación no suelen ser el resultado de una reflexión sino un acto inmediato, sin casi pensar. Y tienen la potencialidad de multiplicarse en forma casi infinita.

Y tienen dos efectos que, en mi opinión, son negativos: por un lado el miedo a la reacción, y por otro, la consiguiente peor forma de censura, que es la autocensura. Lo voy a decir claro. Hoy ya ni siquiera podemos hacer chistes en la red, por miedo a la andanada. Si hago un chiste sobre mujeres, soy machista; si refiriéndome a una persona digo negro me caen porque "hoy se dice afrodescendiente"; si hago un chiste sobre curas, soy anticatólico; me transformo en "anticomunista" si la broma se refiere a Cuba; y naturalmente soy homofóbico si el chiste es sobre gays. Claro que si repito un cuento sobre la supuesta falta de inteligencia de los militares (y vaya si hay unos cuantos) no pasa nada, porque caerle a los milicos está bien visto, es políticamente correcto. Y demás está decir que si la historia trata sobre judíos, corro el riesgo de ser nazi y partidario del Holocausto. En otras palabras, las redes se están transformando en una serie de "fundamentalismos" radicales... y antes de escribir algo, así sea un chiste, hay que pensarlo muchas veces... ¿quién y cuántos se me ofenderán? ¿Voy a terminar "regalado"? Y claro, ante la duda, más vale callarse. Autocensura. Sin darnos cuenta, estamos transformando ese instrumento tecnológico maravilloso que son las redes, en algo que nos controla, y por lo tanto, se transforma en su opuesto: de ser un canto a la libertad en el que cada uno se expresa de acuerdo a su leal saber y entender, en algo que recorta la libertad de decir, y hasta de reír, de lo que se nos ocurra. Ya no hay un ojo que nos mira, hay millones. En poquitos caracteres nos pueden amargar la vida simplemente por, digamos, hacer un comentario sobre algo que nos hizo gracia. Es algo peligroso. Hay demasiados dueños de lo políticamente correcto.

Y finalizo. Suerte tuvo Landriscina por haber actuado en una época sin redes. Por sus chistes de "opas" o de judíos, hoy estaría en la hoguera de las redes. Igual que Fontanarrosa con la Eulogia. Y hasta Zitarrosa con "La mujer es como el diablo, parienta del alacrán; cuando ven al gaucho pobre alzan la cola y se van". Todos a la hoguera... pero por suerte, con WiFi.



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