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Estudiantes, a los libros

David Malowany

24.04.2017

El encuentro del presidente del PIT CNT colocó una vez más a la colectividad judía uruguaya en un difícil momento.

El encuentro del presidente del  PIT CNT, la poderosa central sindical uruguaya, Fernando Pereira y otros tres dirigentes sindicales, con sus similares del Estado de Israel, dentro de las fronteras no cuestionadas del joven Estado judío, las declaraciones que el primero le efectuó a nuestra colega Ana Jerozolimsky y una tentativa de manifestación que ultras de izquierda y organizaciones filo árabes de Palestina pretendían realizar a una hora pico, el pasado miércoles, en la congestionada calle 21 de Setiembre, en repudio de un encuentro que los cuatro sindicalistas iban a tener, a esa misma hora, con organizaciones judías uruguayas contando la experiencia de su viaje,  colocó una vez más a la colectividad judía uruguaya en un difícil momento, pero a diferencia de casos análogos, esta vez sin comerla ni beberla.

En ocasiones anteriores, nosotros, los judíos, entre labor y labor, nos ocupamos de defender las acciones bélicas o políticas del Estado judío, que podían ser cuestionables y de hecho lo eran en el propio Israel, cuando personalmente entiendo que nuestra función debe ser  velar por los intereses de la colectividad judía uruguaya y no por las causas que abrazamos cuando éramos jóvenes o que nos siguen apasionando en nuestra intimidad. Por ello podríamos decir que nos habíamos metido, aquellas veces, voluntariamente, en un berenjenal.

Esta vez la cuestión es distinta. Los judíos sionistas somos rehenes de una de las más agrias disputas que ha tenido la izquierda uruguaya en su historia. Doce años de manejo de la cosa pública y la lectura desapasionada de la realidad han hecho surgir una nueva clase política en el Frente Amplio  que cuestiona los paradigmas más evidentes del pensamiento tradicional. Se interesan por el déficit fiscal, buscan atraer inversores, firmar acuerdos de libre comercio. Cuestionan las violaciones a los derechos humanos que se producen en regímenes políticos, sin importar si son de izquierda o no, como es el notorio caso de Venezuela. Todo ello sin entrar en el tema de la educación, uno de los  principales  motivos de agrietamiento del pensamiento autodenominado progresista. 

Pero como en los viejos cismas de la Iglesia, no todos son reformistas. Está la vieja guardia reaccionaria, que para colmo de males, en lo que le tocó gestionar en el anterior mandato presidencial, hizo gala de una impericia que solamente se vio en los difíciles momentos del gobierno del desaparecido residente Dr. Jorge Batlle o en la nefasta dictadura cívico-militar.

¿Qué posición adoptan los estudiantes universitarios en este cruce de aguas del progresismo? ¿Con quién están?

En el comunicado emitido el 19 de abril, abrazaron al barco que se hunde en Venezuela, calificaron al  Estado de Israel de imperialista, agente de los británicos y franceses antes y del Tío Sam en la actualidad y repudiaron cualquier cosa que haya dicho, hecho o prometido hacer Fernando Pereira, cuando ello involucraba a judíos (o cristianos que podían haber ido al encuentro en  el centro comunitario sefaradí, con el solo fin de escuchar que sintió el humanista cristiano, presidente del PIT CNT, cuando visitó Tierra Santa). 

Desde estas páginas, le pedimos a los jóvenes estudiantes, que le pregunten a los profesores de historia ¿contra qué reino se rebelaron, con actos subversivos, los principales líderes del movimiento sionista entre 1945 y 1948? No lo van a poder creer, queridos desinformados universitarios: contra el Reino Unido. Les voy a contar algo más. Pregúntenle al Sr. Eduardo Bonomi ¿qué libro leyó en su juventud e hizo circular a sus compañeros del clandestino Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros? Les  comentó: La Rebelión de Menachem Begin. Si no saben quién fue Menachem Begin, dejen el Whats app un rato y vayan a leer Wikipedia.

Respecto a la acusación de que Israel pudiese ser un agente colonialista, les voy a contar que una gran mujer, de izquierda, resistente a la ocupación nazi, autora del Libro, El Segundo Sexo, el primer manifiesto feminista que conoció el pensamiento occidental llamada Simone de Beauvior, explicó por qué Israel no era un Estado imperialista o colonialista. A mediados de la década del setenta dio una conferencia en el Círculo Bernard Lazare de París, cuyo extracto es el siguiente:

Seguí con pasión la lucha librada por los judíos para poder establecerse en una tierra que les pertenecía, en la tierra de Israel. Amigos míos de entonces participaron directamente de esa lucha y por eso, cuando finalmente, en 1948, el Estado de Israel fue reconocido por las Naciones Unidas, sentí como si su victoria hubiese sido personalmente mía.

Como integrante de la izquierda he tomado parte en todas las luchas de la misma, en la medida de mis posibilidades. He estado de parte del F.L.N. durante la guerra de Argelia y nadie puede acusarme por lo tanto de haber respaldado el colonialismo (por lo demás, para mí Israel no es una colonia, no hay en ella metrópoli, no se hace trabajar a los indígenas para explotarlos, etc., etc.). Puedo afirmar, pues, que soy de la izquierda y precisamente por ser de la izquierda es que deseo afirmar mi solidaridad con Israel en general y con la izquierda israelí en particular. Que ese país debe vivir, es para mí una cosa evidente.

Simone de Beauvoir falleció en 1986. No conoció la corrupción de Yasser Arafat y la Autoridad Palestina, ni el establecimiento de un régimen islamista en Gaza, pero vaya si con su intuición femenina no pudo prever que algo así ocurriría:

Pienso que hay también, sobre todo entre los jóvenes, un cierto romanticismo que les hace tomar partido a priori, casi incondicionalmente, por el pueblo palestino, porque el mismo carece de país. Se trata de un país inexistente, lo que hace posible proyectar mucho en él. De él se puede esperarlo casi todo; se puede pensar que no tendrá defectos, que será perfectamente socialista, que será totalmente justo e igualitario. Lo que sucede con Israel es que se trata de una encarnación: la idea del Estado de Israel se ha encarnado y toda encarnación supone defectos, imperfecciones, desgracias, errores. Es verdad que los pioneros del Estado de Israel pensaron en una sociedad perfecta, pura, justa, en un país nunca visto, que de ningún modo sería como lo demás. ¡Pues bien! De hecho, Israel es un país como muchos otros porque en él hay desigualdades, injusticias, es un país que no comporta un ideal puro, como sucede con el país inexistente. Cuando exista una encarnación del Estado Palestino, sin duda será presa de las contradicciones, de los desgarramientos y de los errores (x)

Cuando José Ortega y Gasset, visitó la Argentina en 1939  produjo la inolvidable frase "argentinos, a las cosas". A los nostálgicos estudiantes de la ASCEEP- FEUU, les exhorto, ¡estudiantes, a los libros! 

 

(*)Fuente: Dispersión y Unidad, Reseñas y ensayos sobre los problemas contemporáneos del Pueblo Judío, OSM, Jerusalem, 1976.

 

David Malowany. Abogado.

 




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