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imagen del contenido José W. Legaspi

Venezuela, la izquierda y el poder corrompido

José W. Legaspi

28.04.2017

La izquierda latinoamericana, y en particular la uruguaya, se balancea peligrosamente, entre la defensa a ultranza y la mirada comprensiva ante lo que sucede en el país hermano.

Parece extraño que después de lo ocurrido a partir del desplome del "socialismo real", cuando se revalorizó la Democracia como valor fundamental para la sociedad humana, se escuchen voces que hablen de "revolución", "socialismo" y "lucha popular" para referirse a la crisis política y humanitaria que vive Venezuela.

¿Desconocimiento? ¿Ceguera política? ¿Fanatismo? ¿Ignorancia? Seguramente cualquiera de estas preguntas o todas juntas conformen una respuesta posible.

En Venezuela el manejo del poder, de manera inescrupulosa, montado en la renta petrolera y su hermana dilecta, la corrupción, ha llevado al país hermano por la pendiente de la crisis humanitaria, política y moral que lo corroe actualmente.

Suele responderse a esto expresiones sacadas del pasado más servil a favor del mencionado "socialismo real". Por ejemplo, "que la derecha fascista" trata de detener el avance de la sociedad y el pueblo venezolano, que la OEA (y por supuesto, su secretario general, el compatriota Almagro) "operan a favor del imperialismo queriendo aislar el proceso revolucionario", que "los que condenan a Maduro son traidores, desertores", que "la Cancillería uruguaya es indiferente con Venezuela" y un largo etcétera de epítetos sin más fundamento que el ya conocido e instalado "barrabravismo del slogan",  que muestra, de la peor manera, la carencia y falta de capacidad de análisis y reflexión.

Responder a estas "sesudas" expresiones del "deseo militantista" desde la democrática e izquierdista visión uruguaya, no sería correcto. Por eso, nada mejor que recurrir a los propios venezolanos, insospechados de ser derechistas o fascistas.

El 19 de noviembre del año 2015, un joven venezolano, hijo de un viejo y querido amigo, integrante del chavismo, me describía, vía mail, cuál era la situación en su país. Expresaba que "lamentablemente (y dolorosamente para los que apoyamos este proceso, a pesar de mi juventud), en la actualidad se han confirmado todos los argumentos que durante años la oposición expuso desproporcionadamente sobre el proceso venezolano y sus políticas. Si bien es cierto que hubo grandes avances en general, sobre todo en materia social, no fue un crecimiento de calidad y ni de manera sostenible".

Decía en ese momento este joven venezolano que, "si bien hubo un gasto tremendo, fue como consecuencia directa de los altísimos precios del petróleo (con el que siempre se contó), pero sin hacerse la gestión e inversión necesaria para diversificar la economía y no depender de él. Inclusive se forzó aún más el modelo y dependemos más que nunca del petróleo, perdiéndose años de oportunidades y bonanza".

"Al bajar dramáticamente los precios del petróleo (que servían para sostener las importaciones, es decir, TODO lo que necesitamos en el país), sumado a la pésima gerencia del gobierno de Maduro, quien ha profundizado las contradicciones y malas políticas que siempre tuvo el proceso, ha desatado una vergonzosa e injustificable crisis en el país donde no se consiguen con facilidad (y en algunos casos definitivamente no se consiguen) las cosas más básicas, que van desde el papel higiénico hasta los alimentos y las medicinas esenciales para la vida, sumado a una inflación tremenda (sin cifras oficiales te puedo decir que es la más grande del mundo), donde un producto en un mes te puede valer el doble sin que ocurra lo mismo con los salarios, obviamente".

"A todo esto agrégale la inseguridad totalmente descontrolada y una anarquía cambiaria y social que hacen que vivir en nuestro amado país sea más bien, sobrevivir".

He aquí un pequeño pero contundente resumen de lo que este amigo me contaba hace un año y medio. Sin duda, analizar el tema sea más complejo que esto.

No faltarán las voces que hagan hincapié en "los sabotajes internos y externos" en lugar de analizar por qué Venezuela no se ha podido desprenderse de la absoluta dependencia del petróleo, tema interesante si los hay, porque su tratamiento echaría luz sobre lo que muy bien define el sociólogo venezolano Edgardo Lander, cuando cuestiona la "solidaridad incondicional" de la izquierda latinoamericana con el chavismo, entrevista publicada por La Diaria el pasado jueves 23 de marzo.

Allí, este sociólogo, de izquierda, vinculado a los movimientos sociales de su país, que además es profesor titular de la Universidad Central de Venezuela e investigador asociado del Transnational Institute (que horro, no faltará quien diga que se vendió al imperialismo yanqui), afirma "que el apoyo incondicional de las izquierdas de la región al chavismo reforzó las tendencias negativas del proceso". Sostiene, además, "que las izquierdas a nivel global no han tenido capacidad de aprender, que terminan respaldando un gobierno de mafias como el de Nicaragua, y que cuando colapse el modelo venezolano es posible que simplemente miren para otro lado". Le bastará al querido lector tener presente quienes votaron y quienes se abstuvieron el 31 de marzo pasado cuando la Mesa política del FA emitió una declaración tardía sobre Venezuela, para comprobar qué certeras son las afirmaciones de Lander.

En la misma entrevista, al referirse a la "implosión del modelo petrolero rentista", afirma: "Lamentablemente, los problemas que pueden caracterizarse como asociados al agotamiento del modelo petrolero rentista se han acentuado. El hecho de que Venezuela ha tenido 100 años de industria petrolera y de "estado centrismo" girando en torno a cómo se reparte la renta ha conformado no sólo un modelo de Estado y de partido, sino también una cultura política e imaginarios colectivos de Venezuela como un país rico, de abundancia, y la noción de que la acción política consiste en organizarse para pedirle al Estado. Esa es la lógica permanente. En el proceso bolivariano, a pesar de muchos discursos que aparentaban ir en la dirección contraria, lo que se hizo fue acentuar esto. Desde el punto de vista económico se acentuó esta modalidad colonial de inserción en la organización internacional del trabajo. El colapso de los precios del petróleo simplemente desnudó una cosa que era evidente, cuando uno depende de un commodity cuyos precios necesariamente fluctúan".

Parece clara la reflexión de Lander y apunta al nudo de la cuestión.

Otro querido amigo, venezolano también, y chavista, me escribió el año pasado.  Sus expresiones eran más elocuentes aún. "Por aquí, el escenario está muy delicado, hay mucho descontento por la situación económica. El país se acostumbró a vivir de la renta petrolera y con esos precios casi no hay divisas. Por otro lado, muchos militares robando al fisco nacional. La escasez de los productos básicos es una realidad, algunos economistas señalan que se necesitan entre 8 y 10 años para recuperar el aparato productivo. Los dos últimos años del gobierno del comandante Chávez fueron muy malos. A raíz de su enfermedad, el ejecutivo nacional estuvo a la deriva. Algunas políticas de expropiación del sector productivo así como de tierras, no dieron su frutos, la gente no estaba preparada para esa situación".

Esto lo escribe un revolucionario, miembro del PSUV, lo conozco hace casi 30 años y sé de su compromiso y de su capacidad política y de análisis. No voy a dar su nombre porque es un cuadro y sé que debe de estar inmerso en una situación complicada como dolorosa.

Pero si voy a decir que ocupó cargos de responsabilidad en el gobierno de Chávez y en el actual, de Maduro. Habla con propiedad. Tuvo que renunciar a su última tarea. Y lo dice con dolor: "porque me sentí impotente con las mafias agroalimentarias de ambos sectores, públicos y privados, hay mucha corrupción. Se les quiere poner mano dura al sector privado, y al sector publico casi no se lo toca, cuestión que hay que combatir por igual, cuando menos".

Yo le escribía sobre Maduro: "para mi Maduro no le llega a Chávez a la planta de los pies. Discúlpame si esto te cae mal, pero debo ser sincero. Chávez tenía una capacidad política, ideológica, que Maduro lamentablemente no posee. Maduro logró reunir a toda la oposición, cosa que Chávez mantuvo dividida, apelando a la discusión política y a la capacidad de identificar concretamente cuál era el enemigo. Maduro no da pie en bola, en ese aspecto y no ha hecho otra cosa que unificar lo impensable hasta ese momento".

A lo que él me respondía: "Coincido contigo sobre la apreciación que haces sobre el número 1". Para después profundizar: "Este gobierno no es cívico-militar, yo diría que básicamente es militar y eso pone en aprietos la situación. Chávez fue un cuadro militar como ninguno, comprometido con los sectores más humildes de la sociedad e interpretó nuestra historia y nuestro país como nadie, pero aún así cometió errores. Le dio, muchas responsabilidades a las masas y estas no respondieron. Faltó educar a las masas (sin ser "gradualista" creo que se salteó algunas etapas), el socialismo requiere de formación,  sino la gente vende todo y no se ubica".

Clarito. Me pregunto: ¿Quiénes finalmente sabotean "el proceso bolivariano"? ¿La derecha fascista, aliada del imperalismo? ¿O Maduro con su partido único aliado cada vez más a los militares? Tanto hablar de "la derecha agazapada", mera constatación de la realidad, algo que siempre ocurrirá. Eso es y será así. Siempre. Ya forma parte de las reglas del juego político. Sin embargo, no somos capaces o no nos interesa ver o discernir los errores propios, que se convierten en horrores, y terminan matando las esperanzas de miles y cientos de miles de ciudadanos.

Cuando hoy algunos "revolucionarios" compatriotas se llenan la boca con el chavismo y se golpean el pecho, da la sensación que es más un ejercicio muscular que una reacción a partir de la reflexión y el análisis, como hace este querido amigo.

Para terminar, leí y recomiendo leer un artículo de Raúl Zibechi en Brecha, "Cuando la izquierda es el problema". Nadie puede sospechar al autor de ser de "derecha" o de ser un "agente del imperialismo". Bueno, no faltará quien grite semejante atrocidad.

Zibechi inicia su columna con una afirmación clara: "Estamos ante una lucha entre una burguesía conservadora venezolana que fue apartada del control del aparato estatal y una burguesía emergente que utiliza el Estado como palanca de acumulación". Que por supuesto luego desarrolla. Léanlo, es una voz de izquierda que se cuestiona valientemente desde ese lugar. No "se corre", ni claudica. Reflexiona y se cuestiona, algo que hace mucho hemos dejado de hacer los uruguayos en general, y los izquierdistas en particular.

Termina dejando una pregunta que horada la mente y el alma: "¿Qué tipo de personas (militantes, activistas, dirigentes) surgirían en un proyecto político que no se proponga tomar el poder? Esta pregunta se la formularon, palabras más o menos, los zapatistas hace ya cierto tiempo. ¿Cómo le llamaríamos a una fuerza que se proponga, "apenas", transformar la sociedad desde la vida cotidiana?"

Y concluye: "No lo sabemos porque el imaginario construido durante dos siglos apunta en dirección al poder estatal. Como si lo que hubiera que transformar fuera algo externo y no pasara, en primerísimo lugar, por las mismas personas que se dicen militantes. Lo que sí sabemos es que la izquierda realmente existente se ha convertido en un obstáculo para que las mayorías se hagan cargo de sus vidas. La polarización derecha-izquierda es falsa, no explica casi nada de lo que viene sucediendo en el mundo. Pero lo peor es que la izquierda se ha vuelto simétrica de la derecha en un punto clave: la obsesión por el poder".

En Uruguay la izquierda ha dejado de lado la capacidad de análisis y de debate de ideas. No alcanzó con la fantasía del "socialismo real" y su caída, ni con las "revoluciones" convertidas en simples dictaduras, ni que hablar que fueran "del proletariado", fueron y son dictaduras de familias apoyadas por aparatos partidarios aliados al ejército (¿suena conocido, no? Nicaragua y Cuba son dos trágicos y claros ejemplos?).

No hemos procesado, tal vez, como se debe, esos errores y horrores. Va siendo hora de que abandonemos los manuales perimidos de las consignas y, dialoguemos y confrontemos de una vez por todas, sin fanatismos, con la mente abierta, y hambrientos por aprender de estas situaciones, antes que pretender simplemente "la permanencia" para no cambiar nada y mantener la miserable cuota de poder. Si es así, el final es previsible, alcanza con mirar lo que ha ocurrido y ocurre alrededor.

 

 

 

 



José W. Legaspi


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