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Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band

Héctor Musto

27.05.2017

Fue el 26 de mayo de 1967 que se editó en Inglaterra el Sgt. Pepper’s de The Beatles. El 2 de junio lo publicaron en Estados Unidos. 50 años. Y siguiendo a lo que tanto se dice de Gardel, sin duda podemos afirmar que cada día suena mejor.

Parece mejor. Y, quizás, lo es. Lo mismo sucede con todos los discos de The Beatles. Pero limitémonos a éste, que fue un punto de inflexión, fue el que marcó un antes y un después. Voy a intentar explicar lo que siento.

Este álbum no surgió de la nada. Los Beatles (voy a dejar el The de lado) fueron creciendo en complejidad a medida que ellos iban ganando experiencia, aprendiendo a grabar, a componer. Y dicho sea de paso, también George Martin, su genial productor, llegó a la cumbre en su enorme rol en el estudio. Analicemos. Sus primeros discos, digamos los primeros tres (1963: Please Please Me; 1963: With the Beatles; 1964: A Hard Day's Night) fueron álbumes en los que hicieron lo que se hacía en su momento mejor que los demás. Nada menos, pero tampoco nada más. Aunque claro. Lo que los diferenció de los demás en que en un par de años hicieron demasiados temas “mejor que los demás”, como ejemplos –sabiendo que me quedo corto- están Please Please Me, From Me to You, She Loves You, I Want to Hold Your Hand, Can't Buy Me Love, A Hard Day's Night, And I love her, I Feel Fine... y tantos otros. Ya eso marcaba una diferencia... cuando un grupo hace lo que los demás pero mejor, y además lo hace demasiadas veces, es que algo hay. Algo nuevo, algo que se gesta. Y ese “algo nuevo” generó la Beatlemanía, y la consiguiente invasión de los ingleses en Estados Unidos, incluyendo a los Rolling Stones. Y sumemos a esa época “primaria” algunos aspectos culturales. El pelo largo, que hoy nos parece normal pero en su momento fue “revolucionario”. Y el hablar en los reportajes de temas que no eran solamente de música. Y el hecho, nada menor, de ser un “grupo”, de ser cuatro. De que todos cantaran, que cada uno tuviera su espacio. Ya ahí, para hacerla corta, demostraban que si bien eran excelentes músicos aunque sin aportar nada revolucionario en cuanto a lo estrictamente musical, mostraban que se venía algo más grande.

Y se vino la segunda etapa. Beatles for Sale (1964) y Help! (1965). Primero, los títulos de los álbumes. En venta... Los Beatles empezaron a sentirse como mercancía. Y un grito de socorro. Se encontraron, a puro talento, en el medio de una tormenta. Claro que querían ser “más grandes que Elvis”. Pero dudo que alguna vez se imaginaran lo que iban a generar. Y de a poco todo empieza a cambiar. Por ejemplo, las fotos de los discos. Es demostrativa la tapa de Beatles for Sale. Se los ve cansados... diría hastiados. Unirlo al grito de socorro (Help!) es trivial. La gente no iba a escucharlos. Gritaba todo el tiempo... iba a verlos. En esos dos discos, más allá de la continuidad con los anteriores, empiezan hablar del aislamiento de la fama, que a pesar de todo son perdedores (I’m a loser, de Lennon) y el pedido de ayuda que es Help! (también de Lennon), en el que habla de su soledad, de su inseguridad. Y sumado a este cambio cualitativo en las letras (ya no era hablar solamente de muchacho que ama a muchacha y todas las variaciones sobre este tema) sino de temas que iban más allá. Y cantada por gurises de menos de 25 años... Y por si fuera poco, aparece Paul con un cuarteto de cuerdas cantando Yesterday. Que no es solamente (por si fuera poco) la canción más versionada y más pasada en las radios en la historia, sino que marca que un grupo de rock puede hacer música con guitarra y orquesta. Nada trivial para 1965!!

Y se vino la tercer etapa. El álbum Rubber Soul de diciembre de 1965. Influídos por Bob Dylan, por la marihuana, cambió todo. No hay tema de Rubber Soul que no sea cualitativamente distinto de lo hecho hasta esa época, tanto por los Beatles como por otros. Las letras ya cuentan cosas, sean personales o historias, sean introspectivas o de amor... pero dejan de lado lo “hecho hasta el momento”, incluyéndolos a ellos mismos. Y aparece la cítara de George (Norwegian Wood). Y cada uno, en la muchos temas, empezó a tocar varios instrumentos, y a doblar las voces en varias pistas. Creo que para entender esta ruptura, hay simplemente que escuchar los dos álbumes en forma consecutiva, primero Help! y luego Rubber Soul. Pocas veces (si es que hubo otra no generada por ellos mismos) se vio en un grupo un cambio de tal magnitud, tanto en los textos como en la música. Y esa complejidad musical, necesariamente, se iba a ver después, en la imposibilidad de actuar en vivo. Y se vino Revolver en agosto de 1966. Ya sin la presión de actuar en vivo, se dedicaron pura y exclusivamente a hacer música en el estudio. Y gestaron esa obra de arte. Si Rubber Soul fue un cambio respecto a lo anterior, Revolver, editado solo seis o siete meses después, fue una revolución. Desde inicios de la psicodelia (Tomorrow never knows) hasta el himno a la soledad que es Eleanor Rigby (de Paul) pasando por el rock pausado de Taxman de George hasta Yellow Submarine, cantada por Ringo que navega entre ser una canción infantil hasta una alusión a las drogas... todo el álbum es un algo intangible. Mágico. Si algo faltaba para separar a los Beatles de los demás grupos... era este disco. Insuperable. Inmejorable. Nadie podía hacer algo mejor. Nadie. Excepto los propios Beatles.

Que se tomaron su tiempo. 129 días. Ensayando lo que sería su obra maestra con un simple: en febrero de 1967 publican “Strawberry Fields Forever”/”Penny Lane”. Ese disco, con dos canciones anticipan lo que se venía. Son dos temas enormes. En los que respectivamente John y Paul recuerdan su niñez y juventud en Liverpool, con letras que cuentan, que hablan, que juegan, que dejan de ser textos para ser música y con música que deja de ser tal para fundirse con el texto. Cada tema con el sello de su autor, pero que apuntan a lo que se vendría. A lo que cambiaría todo.

Y se vino. El 26 de mayo de 1967, y el 2 de junio en Estados Unidos, se publicaba “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band”. Hace 50 años. ¿Qué decir que no se haya dicho de ese disco? El primer álbum conceptual, que terminar con los “surcos” que dividen un tema de otro y fundirlos en uno, que la fusión de un grupo de rock con una orquesta, que los textos complejos y profundos, que George y su maravilla en “Within you without you”, que la psicodelia, que la concepción revolucionaria de la tapa en la que los Beatles asisten al funeral de ellos mismos y le dan la bienvenida a los Rolling Stones, que Lucy in the Sky with Diamonds, o Fixing a Hole, o de repente Ringo cantando “With a little help from my friends”... o quizás “A day in the life” y su final inigualable, o lo que quieran... todo insuperable.

Recuerdo la primera vez que lo escuché. Hace 50 años. La primera vez me sorprendió. La segunda me hizo escucharla una tercera... y desde ese día, hasta hoy, me sigo maravillando. Cada vez más. Igual que le agradezco a la vida haber visto cuando el hombre bajó a la Luna, agradezco haber escuchado hace 50 años “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band”. Son cosas que marcan. Un antes y un después. Nada superará lo que sentí cuando vi a Neil Armstrong pisar la Luna, y nada superará a  “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band”. Claro, a la Luna ya no vamos, y Sgt. Pepper’s lo sigo escuchando. Con el mismo amor que hace 50 años, pero más admiración. Nunca entenderé como ustedes, John, Paul, George y Ringo hicieron realidad ese imposible sueño del álbum perfecto.


Héctor Musto



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