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Otra izquierda es posible y necesaria

José W. Legaspi

09.06.2017

Cada día que pasa la dirección del progresismo se esfuerza por demostrar todo lo que no debe hacer una verdadera fuerza democrática, revolucionaria, republicana, y de izquierda.

Cada día que pasa, también, la misma dirección incide directamente en el crecimiento de la oposición y su próxima derrota.

Al larguísimo collar de "perlas" de susodicha dirección (llámese Plenario, Mesa Política o Secretariado del FA), que arranca en el atronador silencio, practicado durante años, sobre los negociados con Venezuela, fructífero vínculo iniciado con la vergonzosa estafa realizada contra el país hermano con la venta del ya famoso software, pasando por las demás acciones (casas prefabricadas, el compromiso entre la Corporación de Abastecimiento y Servicios Agrícolas de Venezuela y la empresa GAU S.A. -Atlansur S.A.-, el acuerdo que se firmó entre el Ministerio del Poder Popular para Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias de Venezuela y la Asociación Civil "21 de Abril" y Envidrio de Uruguay, para la asistencia técnica y acompañamiento para la producción de vidrio asociada a la construcción de viviendas en Venezuela, el acuerdo que firmó la empresa Urutransfor con la estatal Corporación Eléctrica Nacional S.A. de Venezuela, con el propósito de reactivar las fábricas de transformadores de baja tensión que existen en el país caribeño, el acuerdo firmado por Aire Fresco S.A. con el Ministerio del Poder Popular para la Alimentación de Venezuela para suministrar alimentos a ese país, con énfasis en los sectores avícola y cereales), el apoyo unánime a la "mentira" del Vicepresidente Sendic sobre su título de Licenciado, el silencio ante la "pérdida" de más de U$S 800 millones en el ente monopólico de los combustibles, ANCAP, por la desidia y el poco rigor demostrado en la administración de los dineros públicos, y la más reciente declaración que emitió esa dirección política sobre la situación en Venezuela, componen ese largo y duro trajinar a favor de la inevitable derrota.

La última de las perlas del collar de ahorque que se compró el progresismo, es el silencio vergonzante acerca de los gastos realizados por el ya nombrado vicepresidente de la República con la tarjeta corporativa de ANCAP.

¿Qué límite tiene la obsecuencia, disfrazada de "apoyo al compañero", que esgrime ese pequeño grupo de dirigentes progresistas? ¿Será esta la última macana que le perdonarán, trágicamente la menos importante de todas?

Esa dirección, empeñada en la derrota del proyecto, por comisión y por omisión, ha manifestado cuantas veces tuvo un micrófono o una cámara encendida delante, su intención de ir por el 4º gobierno.

No se ría, amable lector, no es gracioso. Es patético. Porque además se llenan la boca con la "renovación" necesaria a tales efectos.

Una "digresión". Mientras escribo esta columna, el diario caganchero publica declaraciones del Presidente del FA, Javier Miranda, realizadas en el programa "De Ocho a Diez" de radio Uruguay, sobre los polémicos gastos de Sendic con la tarjeta de ANCAP. Dice que el tema se tratará en la mesa Política de la organización (¡una garantía!), esgrime la archi conocida y benevolente disculpa hacia el eterno adolescente, "se largan temas ligeramente y antes de que nadie conteste ya está condenado. Sendic ya está condenado de antemano".

¿No habrá que escuchar un poquito más a los frenteamplistas y al pueblo en general, que manifiesta su hartazgo por las macanas del Licenciado?

Sigue el Dr Miranda, afirmando que la respuesta debe ser la transparencia, y cito textual "Yo tengo confianza en Sendic. Porque parto del principio de inocencia, además de porque lo conozco". Loable espíritu, el del principio de inocencia, sin embargo, el antes mencionado vicepresidente de la república, ha mentido públicamente sobre sus supuestos e inexistentes estudios de una Licenciatura de Genética, ha declarado públicamente su violación a las leyes de tránsito (cuando afirmó que demoraba una hora y media en llegar a La Paloma desde Montevideo), ha despilfarrado los dineros públicos en ANCAP (estamos a la espera de saber si con dolo o no, pero la inmoralidad fue realizada).

Bien, para terminar con la digresión, ligeramente el doctor repite la consabida frase que lo exime de más comentarios: "si hay la presunción de comisión de delito lo que hay que hacer es presentar una denuncia". Fin

Volviendo al tema que dejamos pendiente, "la renovación esgrimida como solución de todos los males", y pidiendo permiso a los gurús progresistas de "lo que permita la biología" (dos de tres anhelan provocar la resistencia de tan maravillosa ciencia, Mujica y el eternamente postergado Astori) tengo que concluir que tal "necesidad" renovadora es meramente superficial.

Alcanza con ver la lista de nombres: Ernesto Murro, Carolina Cosse, Mario Bergara, Daniel Martínez (el único, por ahora, con verdadero respaldo político y electoral), Constanza Moreira, y alguna o algún tapado más, son si más jóvenes, pero ¿expresan renovación verdadera?

¿Alguno de ellos se ha manifestado claramente en contra de los atropellos contra la constitución bolivariana en Venezuela, o sobre las claras implicancias de la corrupción en la caída de Dilma en Brasil o la derrota de Fernández de Kirchner en Argentina?

¿Alguno de ellos tomó o toma distancia de las macanas que provoca un día y otro también el "compañero" Vicepresidente Sendic?

¿Alguno cuestionó o cuestiona la creciente inmoralidad que expresan las decisiones de la dirección de su partido sobre estos temas? ¿Han cuestionado, en algún momento, los silencios o los aplausos cómplices?

Parece claro que mientras no se realice una verdadera renovación en las definiciones y los principios, este intento de renovación biológica pasará a la historia como el manotón de ahogado en pos de mantener privilegios, casta de funcionarios acólitos y obsecuentes, el "manejo de la cosa pública", en fin, la cercanía al poder y sus prebendas.

Otra izquierda es posible, no cabe duda. Pese al discurso "aplastante" sobre "la herramienta política para los cambios", sobre que "los cambios se hacen desde adentro", sobre "los conversos y restauradores", o "sobre los que se olvidaron de lo que fueron", pese a todos esos simples fuegos de artificio, no todo lo que "está dentro" es izquierda, ni todo lo que "está afuera" es derecha. La realidad es más compleja, por suerte. Y en ella deberemos tratar de restablecer principios fundacionales que han sido pisoteados y arrastrados por el lodo de la actual politiquería progresista: la ética en la función pública, rasgo que nos distinguía de los demás partidos que habían ejercido el gobierno de la república. Y hoy nos ha convertido en uno más de los partidos que apañaron a individuos de dudosa catadura moral. ¿Es esto un rasgo distintivo del ser humano? ¿Esperar que tenga un cargo para que "se salga del camino" ético? Puede ser. Pero se trata de nombrar o elegir a los mejores, no a los más obsecuentes o "serviciales".

No pasará mucho tiempo antes de que esa estructura dirigencial, seca, atrofiada y cada vez más alejada del pueblo, acuse a los "desencantados", a los "indignados" de la derrota, de la "restauración" o de que cientos de miles volverán a ser expulsados a la más oprobiosa marginalidad.

Sepan, damas y caballeros que dirigen esa estructura, que la culpa es de ustedes, de sus manejos poco claros, de sus mentiras, de sus agachadas, de su constante subestimar la inteligencia del electorado. Ustedes y nadie más que ustedes serán los responsables de la debacle social

Otra izquierda es posible, y necesaria. Una izquierda que entienda y respete las reglas del juego democrático (y no le llame a la democracia con apellidos que la rebajan o enchastran), una izquierda que sostenga firmemente la necesidad de actuar con ética en la función pública, una izquierda que no apañe la mentira, la inmoralidad, o el atropello de la legalidad, la libertad y el sistema republicano de gobierno.

Esa izquierda existe, está desorganizada, dormida por el arrullo progresista, debilitada y descreída de los dirigentes actuales. Tarde o temprano despertará.

Aunque para ello sea necesaria la derrota de un proyecto que se ha quedado anclado en un discurso perimido, en una práctica igual o peor a la que permitió su nacimiento, en ocuparse de rotar a asesores o funcionarios de confianza inservibles o sospechados de "dudosa ética". Dolerá, sin duda. Pero de las peores derrotas y su posterior autocrítica se sale más fuerte y sin todo aquello que estaba de más.   

 

 

 



José W. Legaspi


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