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“La necesidad de los muertos”

Ismael Blanco

09.06.2017

Su ritual era de lo más criollo. Madrugador a fuerza de costumbre. Nunca le encontró significado a la frase de que “al que madruga Dios lo ayuda” porque si fuera así, Dios había caído en mora con él desde hacia rato.

Lo cierto es que era asceta. Tenía la austeridad de un jesuita. A decir verdad le daba orgullo exponer su renunciamiento a lo material, sin embargo, sospecho que en su fuero íntimo puteaba algunas desdichas que le había tocado vivir.

Una vez le escuché decir en una situación complicada, descargándose, que muchas veces en su juventud para llevarse un mendrugo de pan a la boca había tenido que soportar ciertas cosas que no me quedaron claras, pero que le dolía el alma recordarlas.

Algunas de estas cosas me hacían caer en la cuenta que bien podría decirse que el ascetismo en los pobres es como una fatalidad más que una disciplina vinculada a la sobriedad o a la pureza.

Desde muy joven se había hecho marxista, pero uno de esos que sale criado de entre los valores de curas salesianos. Fue el instinto más que los libros lo que lo llevaron a profesar esa doctrina. En realidad creo que le atrajo más la barba de Jesús que la del viejo alemán.

Al "Flaco" Arismendi le tenía más respeto que a un padre. No era al único ya que el "Viejo" Altesor le simbolizaba a un gigante jefe obrero.

Con Massera convivió, lo cuidó y lo respetó. Estaba preparado si era necesario para hacerse matar por él. Una vez me contó que el primer reporte de la mañana consistía en decirle cuantos fogonazos de los atentados había visualizado desde la ventana donde se pasaba la noche en vela para después sin dormir irse a "El Popular".

Si vamos al caso era un hombre de acción, respetuoso de la teoría pero lo suyo era otra cosa, era ser un partisano. Podría decirse que no se había destacado por ser un estudioso ni de Marx ni de Lenin ni de Gramsci, en honor a la verdad le gustaba Stalin y lo decía con orgullo, sin eufemismos y sin arrepentimientos. Para él, aquel georgiano bigotón, que en su juventud era conocido por "Koba" con aires de errante y bandolero le resultaba el indiscutido artífice del ajuste de cuentas con sus enemigos fascistas... los de antes y los de ahora que de tanto en tanto los olfatea por ahí.

"Nos cagaron, a ellos y a nosotros" solía decir. Creo que le podía entender el mensaje pero más allá del dolor que engloba la frase, de lo que estaba seguro era que de su historia de patria roja no se arrepentía.

Cuando lo apuraban le preguntaba si se seguía definiéndose como comunista a pesar de las derrotas y de los traidores. La respuesta era tajante: "Sábelo, el carné no me hace falta, me lo dibujo yo mismo", como parafraseando a Gades aunque no lo supiera. Además, que por razones de vida o más bien de muerte,  no quedaban muchos a quienes respetara para aceptárselo de mano alguna.

De vez en cuando me gustaba provocarlo. Lo hacía para mantenerlo en forma y probar hasta qué punto andaba bien de reflejos, y es por eso que no dudaba en tirarle sin asco, allá bien al bajo vientre, como para probar a un boxeador veterano:  "Escúchame che, qué clase de bolche sos sin estar afiliado al partido?"; era entonces que me miraba, primero como para putearme por atrevido y provocador, y con la velocidad de un rayo me decía: "Sabés una cosa, yo sigo siendo comunista pero de los comunistas que clavaron la bandera roja en el Reichstag", y seguía con otra cosa como si lloviera, y al disimulo se sonreía con picardía y el brillo en sus ojos era tal como si fuera un guacho chico y no un veterano que ya había pasado los límites de los 70 "pinos".

Supe que había andado en las revueltas por "la Ley Orgánica" cuando aún no le había caído el Código Civil en la mano porque por esas épocas era un muchachito callejero de 14 años y además porque antes las tenía ocupadas con algún cascote como para partírselo en la cabeza a algún milico represor de los que había por entonces.

"Las vueltas de la vida -me decía-, que pensar que la Negra Roballo era una leona, pero sin embargo, allá por los 50 yo mismo la vi juntando negros para que nos cagaran a trompadas. Vos ves, la vida es un poema que a veces parece estar escrito por un mamado".

Ya de guacho se levantaba antes del amanecer, salía con el carro junto con su viejo a repartir pan y leche. Era el más chico de siete hermanos; de los siete, dos eran varones. La mayoría femenina era aplastante, por eso es que esto de la agenda de nuevos derechos para él le suena a una payasada, ya que las mujeres siempre fueron su "Dios".

Sus hermanas, unas madres. En parte la ausencia de progenitora fue una desgracia pero ni tanto, ya que la falta de amor materno le fue sustituido por el amor y la ternura multiplicada por cinco, cinco mujeres que, si vamos al caso algunas fisiológicamente hablando estaban en proceso de serlo, pues aun se trataban muchas de ellas de jóvenes adolescentes.

Yo lo comprobé por las mías, generalmente en los pobres muchas etapas se concretan prematuramente y hasta en los detalles, desde el peso en el nacimiento hasta en las responsabilidades en la vida.

Su viejo también había sido milico: batllista de principio a fin.

Allá por los "60" cuando todo estaba podrido y ya corría sangre por las calles, se encontró un día cualquiera con él y este le dijo: "mijo, se viene la guerra y capaz que me llaman pa´ la reserva". Al escucharlo no supo bien si el viejo estaba chocho, medio en pedo o simplemente compraba los discursos que salían de los cuarteles.

Cuando vio a su padre sin saber que era la última vez, con el pelo tan blanco que parecía azul, sintió que en realidad también el que se estaba muriendo a la misma vez era aquel Uruguay batllista.

Cuando cayó el "aparato" lo salvaron los suyos a tiempo. Varios le habían pegado el chiflido para que rajara. Nunca se olvidó de ellos, tan es así que pasadas las décadas le rinde más culto que un cristiano a su santo preferido. Fredy y "Pedro" habían sido parte de los combatientes uruguayos elegidos por "El Che".

Siempre me lo recuerda pero no me molesta, siento que me lo dice para que no me confunda ni me la crea: "No te olvides nene que estamos parados sobre los huesos y el martirio de nuestros compañeros. Nosotros no le ganamos a nadie, los que ganaron fueron ellos, no te confundas, nosotros ocupamos un lugar prestado".

"Le mort qu´il faut" diría Semprun, algo así como "La necesidad de los muertos",  para recordarse cuando un camarada iba a dar su muerte para que él pudiese seguir viviendo y que intercambiarían sus nombres y que uno se convertiría en humo  para que el otro (él) superviviera y fuera vida...si le era posible.



Dr. Ismael Blanco



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