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Italia: historia de un doble discurso.

Maria Laura Bulanti

13.07.2017

En el calor abrasador del verano romano, la belleza inigualable de la ciudad se ve ensombrecida por los miles de refugiados; de rostros sin nombre, nacionalidad, ni historia. Seres humanos que sobreviven, si tienen suerte, del comercio ilegal en el corazón de la ciudad y regresan a la periferia a pasar la noche en la calle, mientras Roma la ciudad de tránsito, se convierte en un callejón sin salida.

Una mirada inicial  nos genera admiración y simpatía por Italia, el país que abre sus fronteras a los más necesitados, frente la falta de solidaridad del resto de Europa, de los perseguidos políticos o refugiados de la miseria o de las guerras. Es difícil distinguir la diferencia en esas masas sin destino que escapan a realidades, para nosotros desconocidas, arriesgando  sus vidas al huir por vía marítima o rutas terrestres hacia lo que creen es una vía de escape a otras situaciones más acuciantes. Acarrean tras de sí incontables historias de pérdidas, de familias fracturadas que han dejado a sus hijos en el fondo del Mediterráneo, o en los corredores terrestres. La ayuda solidaria individual  y colectiva de las organizaciones humanitarias, conmovidas por esta tragedia, no obstante  enorme, es como una gota de agua en el desierto.

La Unión Europea ha dado la espalda a esta tragedia, mientras la mafia siciliana ha dejado lugar a la temible ndrangheta calabrés que se ocupa de vender armas, indiscriminadamente, a los mismos regímenes de los cuales escapan estos seres.

En Italia, este negocio ha encontrado su propia moneda, desde Moldavia a Ucrania,  a través de la mafia rusa, se cambian armas pagadas por el Califato islámico, Libia o países del Cercano Oriente, con tesoros arqueológicos, pedazos de historia altamente valorados en el mercado del arte.

A su vez un doble discurso prevalece  en el gobierno italiano que, por poner solo un ejemplo, financia sin condiciones con 313 millones de euros al dictador eritreo Isaías Afewerki, a cambio de "un control de la emigración". El mismo dictador que expulsa a su gente hacia la Unión Europea.

Simultáneamente se  exhuman viejos acuerdos bilaterales,  como los de Italia-Egipto o  Italia-Túnez, con el objetivo de que los prófugos interceptados sean regresados a África.

La misma Italia que abre sus fronteras es, a su vez, responsable del, hundimiento de un barco- tristemente llamado "naufragio de los niños"- y la muerte de 268 personas de origen sirio, entre ellos 60 niños, por el solo hecho de estar a unas pocas millas dentro de aguas  malteses.

Las recientes tragedias, son los últimos episodios de una cadena de horror  y corresponsabilidad de los gobiernos e instituciones de la Unión Europea, que según estimaciones prudentes ha causado la pérdida de al menos 25.000 vidas humanas en los últimos quince años.

Hoy esta realidad, de la cual nos sentimos tan lejanos y ajenos, se agrava día a día  en una espiral de muerte y violencia de la cual no se vislumbra el final, ni sus consecuencias.

 

María Laura Bulanti



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