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Esperando la carroza

Héctor Musto

14.07.2017

No, no me voy a referir en estas líneas a la maravillosa obra de Jacobo Langsner. Voy a escribir sobre el Frente Amplio (FA), fuerza política a la que voto desde que existe, y asumo que seguiré votando. Hace unos días nos enteramos de un hecho político no menor: por primera vez en casi un cuarto de siglo, el Partido Nacional (PN) pasó en intención de voto al FA.

Con todos los errores que pueden tener las encuestas, y vaya si las tienen (aquí, allá y en todas partes) dieron ese resultado. Nos pasan por un punto. Claro, no faltará el eterno optimista que diga que el margen de error, que falta mucho, que se puede revertir. Todo eso es cierto. Pero si miramos los números no como un hecho aislado sino como un proceso, este resultado, con todos los errores que puede tener, hay algo innegable: el FA viene bajando en apoyo popular. Insisto: el FA viene bajando. No es tanto que haya una explosión de votos hacia el PN sino una constante fuga del FA que, por ahora, se manifiesta fundamentalmente en intención de voto en blanco o en el "no sabe, no contesta" o en el anulado. Y esta tendencia viene desde hace rato.

Y no hace falta ser politólogo. Ni estadístico. Alcanza con vivir en el mundo real, cotidiano para confirmar que punto más, punto menos, es algo innegable que venimos bajando. Cuando mi vida dejó de girar en torno a la militancia político partidaria (allá por los inicios de los '90s del siglo pasado), me di cuenta de algo: hablar con la gente en los lugares de trabajo, en el supermercado, en las reuniones de amigos, con los vecinos de sombrilla en la playa... valía mucho más para "palpar el sentimiento de la opinión pública" que lo que se vivía entre las cuatro paredes de un partido político. Y en aquellos lejanos años en que dejé la militancia partidaria, pude percibir algo: el FA crecía. Y lo hacía no solamente por el crecimiento vegetativo de la población (los jóvenes se volcaban mayoritariamente al FA y los que dejaban de votar eran, también mayoritariamente, incondicionales de blancos y colorados) sino que se ganaban votantes de los Partidos Tradicionales.

Era un problema de tiempo ganar la Presidencia. O era en 1999, o en el 2004... pero que se venía el triunfo del FA, no cabían dudas. Y, quizás ayudados por la terrible crisis del 2002, terminamos ganando en el 2004 en primera vuelta, sin necesidad de balotaje. Todo hermoso. "Festejen uruguayos". Y vaya si festejamos. Y comenzamos a cambiar al país. No voy a reiterar todos los logros gigantescos del primer gobierno del FA. Y esos logros llevaron de la mano al triunfo del 2009, poniendo a Mujica como Presidente. Y de la misma manera que no voy a relatar (por conocidos) lo logrado entre el 2004 y el 2009, tampoco voy a hacer la sumatoria de los logros (fundamentalmente en las políticas de "derechos") del gobierno de Mujica. Pero si vale la pena detenerse un poquito en sus carencias. No se avanzó en derechos humanos, se elogió a militares torturadores, se puso como Ministro de Defensa a un "miliquero" como Fernández Huidobro (que en paz descanse), se empezó a ver que no había frutos tangibles en cuanto a la enseñanza, y, sobre todo, empezó la fiesta de "gastar". Aprovechando el viento de cola y los altos precios de nuestros productos, gastar. Aumentar el número de empleados públicos, mirar para el costado en cuanto a los entes (sobre todo ANCAP), el drama de PLUNA. Y algunos etcéteras más... que no impidieron, quizás por una combinación de aciertos del gobierno del FA y carencias absolutas de la oposición, no impidieron el triunfo del 2014.

Pero eso se terminó. La euforia del 2004 ya no existe. Y quizás convenga detenerse en algunos aspectos que, en mi opinión, determinan que hoy estemos como estamos. Como suelo hacer cuando escribo, lo haré punteando.

1) Ya la población se acostumbró (nos acostumbramos) a lo bueno del FA. Ya no somos novedad. Y con toda lógica, se pide más.

2) Los tres conductores históricos de la "era FA" están viejos y no conmueven más. Efectivamente, Tabaré (a quien tanto le debemos) está llegando a su fin político, Danilo está desgastado por su pelea dialéctica entre por un lado ser el conductor de una línea política seria y responsable y por otro lograr que su grupo político subsista a pesar de las medidas que debe tomar, y al Pepe cada vez menos gente le cree su filosofía barata de boliche (y para colmo, le falló el Premio Nóbel y la película de Kusturica).

3) Salta lo de ANCAP y el agujero de cientos de millones de dólares que todos debemos tapar.

4) La enseñanza no cambia y va de mal en peor. Y para colmo arrancamos casi al inicio del gobierno con una medida de esencialidad ridícula, inaplicable y carente de sentido.

5) Logramos que la fuerza política (FA) esté en contra del Ministro de Relaciones Exteriores, que, ironía mediante, cuenta con más apoyo de la oposición que del oficialismo (solamente este FA es capaz de eso).

6) Tenemos una política ambigua respecto a Venezuela, que, guste o no, se desliza cada vez más a una dictadura lisa y llana... que mata gente en las calles y pretende violar su propia Constitución para cambiarla y perpetuarse en el poder.

7) Vinculado al punto anterior: el PIT CNT y la FEUU, defensores históricos de la democracia y la libertad, se alinean con el payaso patético de Maduro y no reclaman por los asesinados (parecería que matar estudiantes está mal si lo hace la derecha, pero está bien si lo hace un gobierno que se autodefine como de izquierda).

8) Seguimos defendiendo a Sendic. No le quiero pegar a un muerto... pero me pregunto... sabemos que nos mintió a todos con su supuesto título. Sabemos que con su tarjeta corporativa hizo compras injustificables. Sabemos que hizo de ANCAP una joda. Pero claro. "Es nuestro". Más aún. De acuerdo a su propia definición es "de izquierda y revolucionario". Me gustaría saber qué dirían de Sendic hijo no solamente Seregni, Arismendi, Terra, Cardoso, Michelini, Erro, Trías, Héctor Rodríguez, D'Elia y tantos otros... sino su propio padre. Paro con este punteo por acá. Es más que suficiente. Me duele demasiado.

Entonces, ¿dónde estaría la "esperanza" de los frenteamplistas, militantes y votantes? Sin dudas, en la fuerza política. En el propio FA. Pero, ¿qué vemos? Una nada. Una fuerza copada por una alianza (que será explícita o no, no puedo saberlo) entre el MPP y el PCU que tiene como única preocupación mantener el status quo. No toquen nada. Y que tiene un Presidente, Miranda, a quien voté, pero que asume que su rol es oficializar lo oficialista. Cultor del "no hagan olas". Puesto en bueno, me gustaría creer que no sabe, o no puede o no lo dejan. Pero que no sacude al FA, es indudable. Hasta ahora, solamente ha demostrado ser un buen equilibrista. Oficio digno para el circo, pero no para Presidente de una fuerza de cambios. ¡Qué grande le queda el rol que supo ocupar Seregni!

Y termino. Con lo del inicio. Nos están pasando los blancos. Cuando algunos de nosotros empezamos a decir que esto se venía, éramos traidores. Renegados. Hoy la realidad es la que es. Lamentablemente tuvimos razón. Y escribimos, hablamos, esperando una reacción. Pero patéticamente, el FA, tanto como gobierno como a nivel de fuerza política, se quedó mirando. Esperando que llegue la carroza. Y de seguir así en la carroza estaremos nosotros, el pueblo frenteamplista. El que quiere seguir avanzando con los cambios desde una posición de principios y teniendo a la honestidad como algo innegociable.

Héctor Musto



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