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imagen del contenido José W. Legaspi

Para seguir cambiando sin cambiar nada

José W. Legaspi

01.08.2017

A más de dos años de las próximas elecciones nacionales, ya hay honestas y honestos ciudadanos que van “marcando” la cancha de la futura campaña electoral.

Honestas y honestos miembros del oficialismo más consecuente (y, en algunos casos, obsecuente), así como también honestas y honestos frenteamplistas descontentos, desencantados, indignados (y agrego un nuevo "apellido" que escuché hace poco, "desorientados") esbozan el mismo recurso retórico: "la izquierda está en el Frente Amplio y todo lo demás es derecha".

Parece mentira que unos y otros, enfrentados en la interna, por las debilidades de la dirección a la hora de tratar temas tan sensibles, como la inmoralidad del señor vicepresidente, o la posición de apoyo tácito, encubierto en el explícito, al régimen "madurista" de Venezuela, coincidan en etiquetar "al barrer" a todo el espectro político.

Tan perversa antesala, de la goebbeliana (a esta altura) dicotomía  izquierda-derecha, en unos, como, a la vez tan encantadora candidez política, en los otros, sirve a los mismos fines: la izquierda vota al Frente o no es izquierda.

Por supuesto que tal "discurso" trata de "vestirse" con la "legitimidad ideológica". Los consecuentes (y, entre ellos, los obsecuentes) y también los descontentos (indignados, desorientados, etc.) basan su afirmación en que el Frente, desde siempre, y más aún, desde el gobierno, ha sido el único que ha demostrado sensibilidad por los temas sociales, y una solidaridad concreta por los más humildes y postergados. Lo cual, es, en parte, cierto.

Indudablemente, la terrible crisis, desencadenada en el país en el año 2002, y que lastimó a la mayoría de la sociedad más expuesta y débil, pudo ser paliada gracias al buque insignia del primer gobierno del Dr. Vázquez: el Plan de Emergencia. Eso es así, y bien que lo sabemos todos los uruguayos, máxime cuando en las arcas del Estado, "en la caja chica" dejada por el gobierno anterior, solo había lo necesario para ponerlo en práctica y poco más.

Pero hay otras cosas que deberían preocupar a "estos izquierdistas".

¿Puede un gobierno de izquierda "felicitarse" porque cientos de miles de compatriotas no pagan IRPF, sabiendo que cobran menos de $ 20 mil? ¿Es esa una actitud "de izquierda"?

¿Puede el partido de gobierno y las organizaciones sociales (por ejemplo, el PIT-CNT), mirar para el costado y no analizar qué va a pasar en el Uruguay cuando la robótica sustituya mano de obra? Porque hasta ahora a nadie le importó que disminuyeran las fuentes de trabajo en los bancos y el sistema financiero. Nos acostumbramos a la "comodidad" de los cajeros automáticos, por decir algo, y no pusieron el grito en el cielo cuando ese proceso se inició.

¿Habrá sido, tal vez, porque los trabajadores bancarios "son privilegiados" por los convenios adquiridos a través de la lucha sindical? ¿Se habrá "enterado" la izquierda que gobierna, que la automatización está irrumpiendo en los supermercados, por ejemplo? ¿Y qué van a hacer? ¿Qué proponen? Porque está claro que la robotización llegó para quedarse, no es algo aislado. ¿Tiene "esta izquierda" alguna propuesta para el futuro? ¿Qué va a pasar con la mano de obra que sea desplazada?  ¿Acaso van a proponer "romper las máquinas"? ¿La "contradicción" pasará a ser Trabajo-Robot, en lugar de Trabajo-Capital? ¿Es "de izquierda" esperar, lánguidamente, ver qué sucede, en lugar de anticiparse?

¿Es acaso, una medida "izquierdista" que la segunda planta de UPM sea beneficiada, con tal de que se establezca en el país, con exoneraciones tributarias, para siempre? ¿Qué va a pasar a los dos años, después de que se construya y deje de generar mano de obra directa (construcción) y mano de obra indirecta? ¿Qué va a pasar dentro de 20 ó 30 años, una vez que hayan recuperado la inversión explotando la madera de nuestro suelo?

No van a pagar nada. ¿Y eso es una medida "de izquierda"? Sinceramente, la llamada "derecha" no lo habría hecho mejor.

¿Qué pasó con la prometida, hace más de 12 años, reforma del Estado? ¿No es "llamativo" que la izquierda se jacte de los 270 mil funcionarios públicos, "necesarios", según dice, para llevar adelante las tareas propias de esa función, y sin embargo faltan enfermeros y técnicos especialistas, en Salud Pública, por poner un ejemplo?

¿No se le achacaba, acaso, a la "derecha", que utilizaba el estado, como agencia de colocaciones? ¿No es esto lo mismo? Tal vez alguien piense que, "como lo hace su partido", ahora está bien. ¿Pero no es ese el doble discurso que siempre condenamos?    

Entonces, ¿es posible afirmar, tan tajantemente, que "la izquierda" está en el Frente, y "todo lo demás es derecha"?

No, no es posible.

Denota, en el peor de los casos, la ceguera fanática de quién no ve más allá de su ombligo, y, en el mejor de los casos, un reflejo del deterioro en el análisis político, determinado por "los colores del cuadro de mis amores", en lugar de ser producto de un estudio racional de la realidad.

Es inexplicable, además, que unos y otros, consecuentes (y obsecuentes) de un lado, e indignados (descontentos, desencantados, etc.) terminen afirmando lo mismo.

¿Será, tal vez, que entre estos últimos hay algún "indignado" porque no fue convocado a ocupar un cargo de gobierno? ¿Será, tal vez, que entre estos "indignados", alguno espera que, gracias a este discurso, si obtiene el FA el cuarto gobierno, finalmente lo tomen en cuenta y le den "aquello que le corresponde"?

A esta altura de los acontecimientos, nada me sorprende. La capacidad de asombro ya está saturada.

Está claro que hay izquierda fuera del Frente. Y no me refiero sólo a la UP, con quiénes no tengo coincidencias sustanciales, pero no puedo afirmar "que no sean de izquierda". Hay izquierda en el PI de Pablo Mieres, es de izquierda Gonzalo Mujica. Hay todavía, wilsonistas en el Partido Nacional, y hay batllistas en el Partido Colorado. Ni qué hablar de los indecisos, o los que votan en blanco y anulan.

Decir, como se dice, que no son de izquierda es un error. Pero además, ¿qué se pretende? Agitar la mentira, escondida en la dicotomía "izquierda-derecha", ¿no es acaso, una manera vulgar y simplista de insistir con aquello de que los "buenos" son de izquierda y todos los demás, los "malos", son de derecha? Viendo lo que ha ocurrido y ocurre, en la interna, con algún advenedizo inmoral y en las "fidelidades" externas (Maduro, por citar uno), ¿no alcanza para darse cuenta del error?

Hoy la ética en la función pública, como un principio fundamental, atraviesa a todo el sistema político. La democracia, el respeto a la legalidad, a la independencia republicana entre los tres poderes, deberían ser un eje fundamental para cualquiera que se defina "de izquierda".

Sin embargo, en un retroceso histórico terrible, todavía hay quienes en "esta izquierda" consideran que son principios "burgueses".  

Este Frente Amplio, que gobierna y administra, "esta izquierda", ya no es "aquella izquierda", la de los fundadores, la que quería hacer las cosas distintas, con ética en la gestión, con una gran capacidad de crítica y autocrítica, para cambiar el país, y lograr la felicidad de la inmensa mayoría de los uruguayos.

"Esta izquierda" no solo flaquea en sus principios, sino que, además, admite lo inadmisible, lo defiende, o se calla la boca y mira para el costado.

Lo cierto, es que "esta izquierda" ya no es izquierda. Es un pálido y vergonzoso reflejo de "aquella".

Hoy se prepara, a más de dos años de las elecciones nacionales, a entrar en el embudo de la discusión por candidaturas. Ya no importa para qué gobernar, lo importante es mantenerse. No plantea debate ideológico porque sabe que eso la divide.

Hace lo único que puede hacer, "comparar figuritas", y lograr acuerdos electorales para alcanzar su único objetivo: seguir gobernando, "magníficamente", como dice un querido amigo, y agrego, "para seguir cambiando sin cambiar nada".  

 

 

 



José W. Legaspi


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