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Valores, no impulsos. Aunque cueste.

Ana Jerozolimski

02.08.2017

En medio de las intensas discusiones en la sociedad israelí y  la polarización cada vez mayor en las posturas políticas de los distintos sectores, la firmeza del tribunal militar que rechazó la apelación presentada por el soldado Elor Azaria, fue una bocanada de aire fresco. Se trata del caso del sargento que hace casi un año y medio mató en Hebron a un terrorista que ya estaba neutralizado.

El palestino había acuchillado a otros soldados, resultando herido por uno de  los efectivos que reaccionó de inmediato, hiriendo al atacante, el cual  quedó en el piso, sin moverse, y ya no suponía peligro alguno. Varios minutos después llegó Azaria y le disparó a la cabeza, matándolo al instante.

El hecho desencadenó uno de los juicios más polémicos en la historia de Israel y por cierto de las Fuerzas de Defensa de Israel.

En su investigación, su testimonio estuvo lleno de giros y cambios, alegó una vez que sintió que corría peligro porque el terrorista podía llevar una carga explosiva oculta bajo su ropa y en otra oportunidad dijo que temía que pudiera volver  a empuñar el cuchillo.

Los jueces del tribunal militar que lo juzgó y que hace ya unos meses lo declaró culpable de homicidio sentenciándolo a 18 meses de prisión, refutaron todos sus argumentos, no le creyeron y determinaron clara y detalladamente -en base a imágenes filmadas en el lugar en tiempo real y a varios testimonios de testigos presenciales- que su comportamiento en el lugar de los hechos no era en absoluto el de una persona que cree estar en una situación de peligro.

Y este domingo, el Tribunal militar de Apelaciones confirmó la sentencia, condenó las mentiras de Azaria durante el juicio y reiteró con mayor contundencia aún lo dicho ya por los jueces en la instancia anterior: la razón por la que el soldado disparó fue lo que le dijo a uno de sus compañeros, que prestó testimonio en su contra: "El terrorista acuchilló a mis amigos. Merece morir".

El hecho ocurrió en un momento en el que Israel estaba enfrascado en una dura lucha contra los continuos atentados con cuchillos por diferentes partes del país. La sensación general del israelí promedio, indudablemente, era que estaba expuesto a constantes atentados terroristas con armas blancas, aunque no faltaban las armas de fuego. Recordar ese ambiente no ayudó por cierto a calmar los ánimos cuando Elor Azaria fue detenido, enviado a juicio, hallado culpable y sentenciado a prisión.

"El uso de las armas sin justificación está prohibido, es inmoral y hasta perjudicial", escribieron categóricamente los jueces. "Un soldado no debe ajustar cuentas con sus enemigos. No debemos aceptar acciones como esas. Las acciones de Azaria violaron abiertamente las reglas que determinan cuándo abrir fuego. No se hizo responsable por sus acciones ni manifestó duda alguna. El comportamiento de Azaria no es el camino del Estado de Israel ni de las Fuerzas de Defensa de Israel".

Del otro lado, criticando estas afirmaciones, estuvieron y siguen estando todos aquellos convencidos de que con este tipo de planteamientos, Israel debe estar haciendo reír a los terroristas .Y que es demasiado principista en una lucha clave para su diario vivir.

Pero lo que fue a juicio con Elor Azaria, no fue el derecho y la obligación de Israel de combatir el terrorismo con firmeza, sino el hecho que hizo caso omiso de las limitaciones que el propio ejército impone a los soldados  para no ser igual que sus enemigos. Lo que fue a juicio no fue la pregunta si los terroristas merecen morir. Quisiéramos que ninguno pueda contar el cuento después de intentar asesinar. Pero si quiso el azar o la mala puntería, que al disparársele el terrorista quedó herido y no murió, no puede el soldado en el terreno actuar de juez  y ejecutor.

No es un favor a los terroristas, ni compasión hacia ellos. Es un deber para con la propia sociedad israelí, para con el código ético de las Fuerzas de Defensa de Israel y los valores sobre los que se fundó el Estado. Elor Azaria no era soldado en la milicia terrorista de Hamas sino en las Fuerzas de Defensa de Israel. Y como tal debía comportarse.

Claro que el autoimponerse ciertas limitaciones, puede complicar a una democracia que combate a terroristas para los que no hay reglas ni fronteras, así como tampoco principios y valores que defender. Es un desafío con el que queremos que Israel siga lidiando.

Y bien habrían hecho el Primer Ministro Benjamin Netanyahu, su Ministro de Defensa Avigdor Liberman y el Ministro de Educación Naftali Bennett en no manifestarse públicamente a favor de un indulto. No creemos que lo hayan apoyado por creer que un soldado puede actuar de juez en el terreno aunque ya no esté en peligro, sino porque ese es el sentir que captan de la calle.

Pero están donde están para guiar, como estadistas, no como políticos que se dejan llevar por el clamor de las redes. Ellos deben ser los primeros en dejar bien alto el código moral de las Fuerzas de Defensa de Israel. Es lamentable que ya hayan hablado de más. De nada servirá ganar la lucha contra el terrorismo, si en el camino se pierden los valores y la esencia de Israel.



Ana Jerozolimski



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