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Venezuela, Sendic y su impacto en el gobierno

Pablo Mieres

06.08.2017

No pretendo ingresar en la discusión de fondo acerca de estos dos asuntos, sobre los que tengo conocidas y reiteradas convicciones. Me interesa analizar el posicionamiento del gobierno y de su partido frente a estos dos temas, por lo que representan con respecto a dos de las dimensiones más sustantivas de la política: el valor de la democracia y el valor de la ética.

En efecto, las enormes y tortuosas contradicciones que han rodeado el accionar del Frente Amplio y del gobierno con respecto a ambos asuntos y sus enormes dificultades para tomar posición frente a estos dos temas evidentes, son indicadores de un problema mucho más profundo que cada vez se hace más difícil de disimular.

Lo que pasa en Venezuela rompe los ojos para cualquier observador y político que tenga reflejos democráticos y crea que la democracia es un valor superior que no debe supeditarse a ninguna otra valoración ni justificación de carácter ideológico.

En Venezuela hay una dictadura cada vez más sangrienta y desbocada. Se ha quebrado el Estado de Derecho, hay presos políticos, no existe la independencia de los poderes, no hay protección para los derechos humanos, la libertad de prensa tiene enormes limitaciones, matan gente en la calle, llevan más de ciento cincuenta muertos en cuatro meses. No hay de dónde agarrarse para defender lo indefendible.

Sin embargo, el Frente Amplio ha bloqueado toda manifestación crítica hacia la dictadura chavista en el Parlamento una y otra vez. El gobierno ha frenado las condenas en la OEA y en el MERCOSUR hasta que este sábado, finalmente, acompañó la resolución del bloque de aplicar la cláusula democrática y suspender a Venezuela, lo que le ha valido fuertes críticas de numerosos sectores del partido de gobierno.

En definitiva, en el Frente Amplio hay muchos sectores y dirigentes que defienden lo que pasa en Venezuela, asumiendo un grave desprecio por los principios democráticos. Están dispuestos a relativizar el valor de la democracia frente a la existencia de coincidencias ideológicas o, eventualmente, compromisos personales con los dictadores.

No han aprendido nada de la historia reciente. Uno esperaba que la caída del socialismo real, que dejó en evidencia sus barbaries y atrocidades, hubiera sido una lección aprendida sobre la importancia de la democracia. Nada de eso, una buena parte del Frente Amplio sigue aferrado a la relativización de los valores democráticos. Muy grave y, además, un abismo que nos separa de sus concepciones políticas.

Por otro lado, el patético tema de los desvíos de conducta del Vicepresidente muestra, también, la debilidad interna del partido de gobierno y del propio gobierno para actuar con decisión y firmeza ante los quiebres de la ética en la gestión pública.

Esta debilidad ya había quedado de manifiesto hace más de un año cuando el Plenario del Frente Amplio hizo una cerrada defensa de Sendic ante la mentira del título universitario inexistente. Vergonzoso, porque además se acusó a los medios de comunicación y a los partidos de oposición de realizar una campaña en contra de la institucionalidad democrática, cuando el origen de todo fue una mentira insólita y patética que, esa sí, afectaba la institucionalidad democrática.

Pero la cuestión se agravó ante la evidencia del uso y abuso indebido y probablemente ilícito de las tarjetas corporativas para fines personales.

A pesar de todo, las reacciones están muy lejos de ser unánimes. Por el contrario, primero se acusó de "hacer bullying" al protagonista y se buscó "barrer debajo de la alfombra".

Después, cuando todos los hechos confirman la inconducta, todavía hay significativos sectores del Frente Amplio que defienden, otra vez, lo indefendible.

En definitiva, dos hechos importantes que ponen al descubierto y a la vista de toda la población, las profundas debilidades que el Frente Amplio está expresando en dos asuntos de primer orden en la actividad política: el valor de la democracia y la importancia de la ética como guías de la vida política.

Por eso, esta situación va más allá del desenlace de los dos asuntos. En ambos casos estamos seguros de que el tiempo se encargará, inexorablemente, de poner las cosas en su lugar.

El problema es que los dos asuntos han evidenciado las graves falencias y las enormes discrepancias existentes sobre estos asuntos cruciales para la actividad política dentro del partido de gobierno.

Con un agravante, que aquellos que, dentro del Frente Amplio, creían que en Venezuela se había pisoteado la democracia y que la actuación de Sendic afectaba principios éticos muy caros aceptaron sumisamente, durante demasiado tiempo, seguir los posicionamientos de los otros que, además, son cada vez más hegemónicos en el Frente Amplio. Todo un problema para el futuro del país.



Pablo Mieres

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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