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Otras literaturas: Víctor Cunha

Lilián Hirigoyen

09.08.2017

En marzo comenzamos esta columna. La idea siempre ha sido divulgar la literatura uruguaya, dar a conocer a los escritores que todavía no han alcanzado el renombre que merecen.

 

Son, todas ellas, voces interesantes, lúcidas, sensibles, inteligentes, a las que vale la pena leer, porque el cosmos al que nos integran con sus cuentos o sus poemas posee los ingredientes necesarios para potenciar el disfrute, la reflexión, el asombro y la imaginación. Nunca se vuelve a ser el mismo después de leer a un autor que nos conmueve. Ese es el poder de la literatura: la transformación.

Entonces, ¿qué mejor que dejar en libertad esos mundos, ser parte de universos todavía desconocidos e ir descubriendo a través de la lectura, el amplísimo abanico que componen los escritores uruguayos?

Hoy presentamos a Víctor Cunha.

Víctor nació en Tacuarembó el 11 de junio de 1951. Es profesor titulado de Literatura en el IPA y Postgrado en Cooperación Cultural en España.

Multifacético e inquieto, se ha destacado como poeta, narrador, productor artístico, director de salas de música, letrista de canciones, diseñador gráfico y fotógrafo, entre otras actividades.

Su último libro, "Cuaderno de Nueva York", fue editado a fines del siglo pasado, pero por lo que nos comenta, pronto habrá otra antología: "Poesía Poca".

El poema que elegimos hoy, sentido y profundo, refiere a un hecho sucedido hace años en Montevideo.

La impotencia, el dolor y el agobio presentes en estos versos, no opacan el brillo literario que subyace en el texto, siempre comprensible y próximo, nunca ajeno. Como muy bien nos dice Víctor, "Este poema fue imaginado con un destino oral de proclama, llamado urgente, grito empecinado. Ojalá se pongan en juego esos mismos sentimientos al leerlo."

Sin más que agregar, demos paso entonces a la lectura.

 

 

Mi hijo escribe en el facebook

"Querido Enzo, donde sea que estés, siempre te esperamos."

 

El escribe eso y constato que ya han pasado 13 años y no sé cómo creerlo.

De a pantallazo en cachetada

me reinvento esa tarde intentando dar con él

cuando la esperanza era nuevita

y a mis hijos les partía el alma con pistas posibles y razones inciertas.

y así fuimos, rastreadores inexpertos mil veces ilusos

el auto a la terminal de río branco que allí lo vieron

el auto por agraciada y tajes que allí lo vieron

¿un muchacho alto en short y ojotas, no lo vieron?

el auto por la rambla por las dudas inutilidad y smog

el auto a dónde fuera que fuera inutilidad y smog

y los taxis tratando de ayudar inutilidad y más smog

y las llamadas tardías y las llamadas falsas

esas llamadas de que no puede ser que haya gente que no tenga nada más que hacer.

En ese momento nos enojaron mucho

pero ahora, en este tiempo de esperanza rota

por un cifra de ausencia de tan rotunda mala suerte,

en esos trece años después que pesan como la puta que parió al siglo comenzando:

Invento, imagino, pienso si no habrá gente que llama

justo en ese momento que es el momento del esfuerzo

para mantener viva la búsqueda y te susurran al oído

hay una comunidad casi secreta en tal lado,

en una farmacia en tal otro lado creen que puede haber sido él,

si hubiera pasado algo definitivo se habría sabido

pero y si se fue a Brasil y quedamos sin palabras

y Brasil aparece como un lugar inmenso y sin retorno

un mapa infinito lleno de cunetas donde echarse a dormir para siempre.

Vuelvo a los que llaman, pero ahora ya no imagino independientes

sino un organizado servicio de voluntarios acicateando a parientes y amigos

con rumores y pequeñas pistas

que mantienen interés y a la vez son la dosis pedagógica

para que vayan aprendiendo el duro arte de sobrevivir

a los que tienen documento y solar conocido todavía

a los que están más perdidos que el perdido

a los que están más desaparecidos que el que no aparece

a los que restan, a los que permanecen,

a los que continúan viviendo pero hacen cada día cada uno sus cuentas personales

de y si esa tarde hubiera pasado, si el día anterior hubiera llamado,

si lo hubiera visto y le hubiera saludado con un grito

y le hubiera comentado parloteante algo que tuviera para decir

o que pudiera haber inventado en el momento

por causa mágica de toda magia y que hubiera cambiado la historia.

 

Mis dolores del 2000 aún no habían sucedido

y si lo pienso no era mi búsqueda

pero allí estuve

y si lo pienso no es mi dolor

y sin embargo aquí estoy sumando voz al coro

diciéndole a un muchacho que no conocí

que lo esperamos siempre.

 

Poema escrito el 27 de noviembre de 2013

 

* ENZO TERRA

desapareció en Montevideo, el 25 de marzo de 2000,

cuando tenía 18 años. No se ha vuelto a tener noticia de él.

A mayo de 2017, continuamos en la espera.

Por contactos dirigirse a www.porenzoterra.org

 




Lilián Hirigoyen / Escritora



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