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¿Otra vez Sendic y Venezuela?

Jaime Secco

11.08.2017

¿Por qué motivo el progresismo parece condenado a volver una y otra vez a Raúl Sendic y Nicolás Maduro?

¿No sería mucho mejor hablar sobre todo lo que concreta el gobierno y la vida social y económica? Mejor aún, hablar sobre el fundamento de las políticas que lograron el despegue del país, que no son enfatizados con lo que todo queda como mil logros sueltos.
¿Es por presión de los medios opositores? Creo que no, que es por una necesidad de la izquierda. Así que, aunque me resulte penoso, entro al problema. Es la primera vez que publico algo sobre alguno de los dos.
En pocas palabras, hay un pequeño número de temas sobre los cuales la izquierda se debe debatir porque atañen a posiciones políticas fundamentales. La honestidad política y la democracia son dos de esos temas sobre los que conviven posiciones demasiado diferentes. Sendic y Maduro son emergentes que ocupan el lugar de un debate de principios.

Sader nos rezonga: no conviene criticar
Sobre Venezuela prefiero traer a colación una reciente nota del sociólogo brasileño Emir Sader titulada La hora y la vez de Venezuela que ha sido reproducida en unas 40 mil páginas web. En ella critica a los izquierdistas que mantienen "silencio" y no muestran "solidaridad con el gobierno" de Venezuela, por razones "de carácter" y de usar "argumentos de mala fe". Como el hecho de que "se valen de críticas al gobierno para justificar la falta de solidaridad con el gobierno"; algo que suele suceder, cuando alguien tiene críticas.
Sus argumentos, de cuyo carácter y buena fe no dudamos, van por el lado de que "nadie tiene dudas de que, caso se lograra la caída del gobierno, sería sustituido por un gobierno de derecha". O que "no se trata de defender un gobierno, sino un régimen y un proyecto histórico. Que si llegara a caer ese gobierno, cae todo el proyecto histórico iniciado por Hugo Chávez."
En resumen, este ejemplo de ética utilitarista nos dice que al curso de la Gran Historia no le conviene que Nicolás Maduro sea derrotado, de modo que "se puede ser crítico, pero peleando dentro de la izquierda". Tampoco mucho: "Se puede no estar de acuerdo con aspectos de las políticas."
Claro que buena parte de la izquierda continental aprendió por las malas a revalorizar la democracia, pero para Sader eso es mala fe. Lo que importa es lo que conviene y mantener en el poder a los buenos. "Una parte" de las posiciones que critica, "es reflejo de una ideología liberal. Lo único que hay para esa visión son democracia y dictadura. Y como el gobierno de Maduro no cabe en la concepción que tienen de democracia, lo clasifica inmediatamente de dictadura." Para "esos, aunque se digan de izquierda no existen ni capitalismo, ni imperialismo. No hay tampoco derecha, ni neoliberalismo. Las clases sociales desaparecen, disueltas en la tal 'sociedad civil', que pelea en contra del Estado. No toman en cuenta que se trata de un proyecto histórico anticapitalista y antiimperialista."
No estoy de acuerdo con su recurso de atribuir pensamientos ocultos y eventualmente deleznables a sus contrincantes. Pero sí con que la izquierda tiene que discutir la democracia. Eso lo he publicado muchas veces. Los liberales lo hacen, la izquierda democrática uruguaya a veces parece haber comprado lo existente como definitivo. Solo tenemos, casi como consigna en el debe, un anhelo de descentralización y, sobre todo, de participación en las decisiones.
Es cierto que no estamos ante la democracia "de cualquiera", al decir de Jacques Rancière, en el que no hay personas "naturalmente" destinadas al gobierno, sea por herencia, riqueza o alguna técnica para ganar elecciones. Es cierto que la plutocracia, la manipulación y la naturalización de lo que hay ocultan un "punto ciego", al decir de otro pensador, defectuoso, que situaciones de extrema tensión pueden dejar al descubierto, por lo que no hay que imaginarse que estamos contra todo disturbio.

Desmantelamiento de las garantías
Pero lo de Maduro no entra en ninguna concepción de democracia. Todas las manganetas que Edgardo Lander (https://www.google.com/search?q=brecha+Edgardo+Lander++La+asamblea+constituyente+madurista&ie=utf-8&oe=utf-8&rls=org.mozilla:es-AR:official&client=firefox-a&gfe_rd=cr&ei=PxWJWe-kJ8KLwQTDpajgAg) detalla en su artículo La asamblea constituyente madurista, publicado el viernes 4 de agosto en Brecha, toda la desarticulación de la Constitución bolivariana y de las garantías electorales, se deben a que el PSUV hoy no ganaría ninguna elección limpia. Traducido al español, no cuenta con el apoyo de la población. Sader debiera increpar a las mayorías venezolanas, no a la izquierda del continente.
Como ejemplos: nombramiento inconstitucional del tribunal Supremo y la Comisión Electoral, Estado de emergencia sin aval parlamentario y por plazos que exceden el constitucional, diseño arbitrario de las bases electorales de la Constituyente: sobrerepresentación de municipios poco poblados, doble voto para algunos, dejando afuera a 5 millones de ciudadanos, presiones para concurrir a votar a funcionarios y receptores de beneficios sociales y posteriores sanciones, desmantelamiento de las auditorias en las mesas, vaciamiento de las actas porque se podía votar en cualquier circuito incluso fuera del municipio, eliminación de la tinta indeleble que impedía votar dos veces, prohibición de que la prensa se acercara a 500 metros de los centros de votación.
La única explicación de un argumento como el de Sader es que reposa en la idea del siglo XVIII de que una vez que una revolución triunfa casi todos adherirán de inmediato al nuevo orden por haber sido beneficiados. De manera que lo más importante es tomar el Palacio de Invierno. La Revolución es un instante y luego que se aguanten. Una idea que es difícil de sostener hoy de buena fe, y que históricamente ha recibido el nombre de stalinismo, con o sin justicia.

La felicidad y prosperidad: 8,6 Kg.
El argumento de que si cae el "régimen" sería peor para los venezolanos, hay que ponerlo en duda. Probablemente sí, pero los datos recopilados por Ricardo Hausmann en El colapso de Venezuela no tiene precedentes, (https://www.project-syndicate.org/commentary/venezuela-unprecedented-economic-collapse-by-ricardo-hausmann-2017-07/spanish), muestra poco para perder.
Entre 2013 y 2017 el PBI per capita de Venezuela cayó 40%; el mayor desplome nunca registrado en el continente ni en Europa. Si en lugar de precios constantes se considera la caída del precio del petróleo, un PBI per capita perdió US$ 2.000 y quedó en US$ 4.000. Como durante las vacas gordas ni se ahorró ni quedan créditos, y no se quiso reestructurar la deuda, para poder pagarla se recortaron las importaciones. "Las importaciones de bienes y servicios per cápita cayeron en un 75% en términos reales (ajustados según la inflación) entre 2012 y 2016, con un declive aún mayor en 2017." Además de la escasez, esto provocó falta de materias primas e insumos, lo que hizo caer el PBI per capita otros US$ 1.000.
"Medido en términos de la caloría más barata disponible, el sueldo mínimo -que ganan muchos- cayó de 52.854 calorías diarias a solo 7.005 durante el mismo periodo, una disminución del 86,7% e insuficiente para alimentar a una familia de cinco personas, suponiendo que todo el ingreso se destine a comprar la caloría más barata." La pobreza "aumentó del 48% en 2014 al 82% en 2016, según un estudio realizado por las tres universidades venezolanas de mayor prestigio. En este mismo estudio se descubrió que el 74% de los venezolanos había bajado un promedio de 8,6 kilos de peso de manera involuntaria."
Es difícil que por este "régimen" valga la pena embestir con tanta saña contra la opinión de los venezolanos y encima se pida a todo el continente que mantenga la boca cerrada salvo sobre "aspectos" y las manifieste solamente "dentro de la izquierda".
De una manera u otra, habrá cambio de gobierno. Sader es suficientemente inteligente para no atribuir al imperialismo y el fascismo los resultados del gobierno madurista. Estos adversarios siempre estuvieron ahí. Fue la política del gobierno la que hizo todo lo necesario para que ahora estos bichos antediluvianos estén a punto de ganar. En Uruguay, contra el fascismo desarrollamos una política de la más amplia convergencia y quitarle aliados. No una de confrontar y encarcelar hasta con los chavistas de primera hora. No son los intelectuales argentinos o brasileños los responsables del aislamiento del gobierno de Venezuela.
Otra vez, como ya lo dijo Banderas de Líber en una reciente declaración sobre el ablandamiento moral de nuestra izquierda (Sendic no es el problema principal), el debate sobre lo chiquito parece interminable porque no se discute lo que hay que discutir: honestidad política, democracia, entre otras cosas.



Jaime Secco

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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