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ARGENTINA

Elecciones PASO: “La encuesta más cara del mundo”

13.08.2017

BUENOS AIRES (Uypress)- La campaña electoral de las internas para las legislativas argentinas, está marcada por un profundo desinterés de la población, que asiste a las mismas, con cierto hartazgo por el nivel del debate.

 

Sumado a eso, en vastos sectores hasta hay confusión sobre qué es lo que se vota, dado que se trata de elecciones internas que en la práctica no serán tales, porque casi ningún partido escapó a la lógica de la lista única. Sin embargo, la concurrencia a las urnas es obligatoria.

Los encuestadores se encuentran con niveles de indecisos de hasta 30% del padrón, y nadie se anima a pronosticar cuánta gente votará. En 2015, cuando lo que estaba en juego era la Presidencia, la votación en las primarias fue de 72%. Y la sospecha es que en esta ocasión podría ser menor.

La "verdadera" elección será en octubre, cuando deban renovarse 130 bancas de la cámara de Diputados -la mitad del total- y 24 bancas del Senado -renuevan ocho de las 24 provincias-.

Según analiza el periodista Fernando Gutiérrez, para El Observador, el temor de los encuestadores a que la confusión de los votantes les juegue una mala pasada llegó al extremo de que algunos de los más conocidos se negaron a publicar proyecciones. Temen que el resultado final difiera demasiado de los sondeos previos, como ocurrió en tantos países donde interpretar la opinión pública se tornó algo mucho más complicado de lo que era en el pasado.

Entre los que sí se animan a hacer proyecciones, la constante es que en la provincia de Buenos Aires, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner lidera la intención de voto, con porcentajes que oscilan en torno al 32%.

Pero surgen grandes diferencias respecto de cómo se ubicaría el candidato oficialista, el ex ministro de Educación Esteban Bullrich. El punto clave es que se trata de un candidato poco conocido y que, de hecho, toda la campaña recayó sobre los hombros de María Eugenia Vidal, la popular gobernadora de la provincia.

Entonces, cuando la pregunta de los encuestadores se centra en nombres de candidatos, Bullrich mide muy bajo, unos 10 puntos menos que Cristina. En cambio, cuando se pregunta preferencia por "marcas" partidarias, la coalición oficialista Cambiemos llega a la zona de empate técnico con Unidad Ciudadana, el frente lanzado por la expresidenta para competir en esta elección.

Semejante diferencia es lo que generó dudas en los analistas y encuestadores: ¿prevalecerá la imagen partidaria impulsada por la presencia de la gobernadora Vidal en la campaña? ¿O el macrismo se perjudicará por el bajo perfil de su candidato Bullrich, frente a la popularidad de Cristina?

Como es de esperar, en cada búnker de campaña sostienen la tesis que les resulta más favorable. En el kirchnerismo se entusiasman con una diferencia holgada a favor de Cristina, que no solo les asegure un buen resultado para las legislativas de octubre sino que los ponga en carrera para las presidenciales de 2019.

En el macrismo se aferran a los estudios que afirman que, si bien Cristina tiene un sorprendente grado de adhesión, su techo está muy cerca de su piso. Es decir, no cuenta con muchas chances de crecer por fuera de su núcleo duro. 

Más aun, en el gobierno creen que un buen resultado de Cristina en estas primarias los puede beneficiar indirectamente, porque el temor que la expresidenta genera en buena porción de la clase media hará que se polaricen los votos en la votación definitiva de octubre y que parte del apoyo hacia el peronismo migre hacia Cambiemos.

Además de la indiferencia de la población y las dificultades para pronosticar, el otro elemento raro de esta campaña fue el tono de la comunicación política. 

Cristina Kirchner fue la que tuvo el mayor cambio, porque adoptó un inédito segundo plano. No se la ve en los spots publicitarios ni da entrevistas. 

Sus detractores afirman que la ex presidenta no puede exponerse a ninguna situación en la que se le recriminen sus medidas de gobierno más controvertidas. Por caso, su "cepo" al dólar, la manipulación estadística o el apoyo al chavismo venezolano.

La estrategia kirchnerista apuntó a centrarse en los costos sociales del plan económico macrista. Los aumentos en las tarifas de los servicios públicos, el pico inflacionario derivado de la devaluación, el desempleo en las industrias más expuestas a la competencia externa han sido sus campos fértiles para crear un discurso opositor. 

Las propuestas de esa campaña, aunque son ambiguas, dejan entrever que se impulsaría desde el Congreso la reversión de los "tarifazos" y que se pondría en revisión la política de endeudamiento externo.

Lo curioso es que se suponía que el macrismo, consciente de esa situación, iba a evitar hablar de economía y se centraría en las acusaciones de corrupción contra el kirchnerismo. 

Sin embargo, en las últimas semanas empezaron a llegar las ansiadas cifras positivas que dan cuenta de que la recesión quedó atrás. Primero, se supo que la construcción crece a un ritmo de 17%, un dato influido por el impulso a la obra pública. 

Y también la industria privada subió 6% interanual. Y en las compras de bienes durables, se destacó la suba de 22 % para los autos y de 47% para las motos -justamente, uno de los datos de los que se enorgullecía Cristina-. En tanto que el sector inmobiliario de Buenos Aires registra un aumento de 41% en las escrituras.

Pero el dato más festejado por el gobierno es el de la recaudación impositiva. En julio creció 31%, lo que implica unos 10 puntos por encima de la inflación de los últimos 12 meses. Y el IVA, el impuesto más directamente vinculado al consumo, crece todavía más fuerte, a 34%.

Los economistas todavía no se animan a ser optimistas porque tienen claro que estos indicadores se comparan contra una base muy baja. Números de un año atrás, cuando el país estaba en un pozo recesivo. De manera que el debate ahora es si se trata apenas de una recuperación sostenible o si es apenas un efecto estadístico.

Pero ese es un debate académico. Para el macrismo, los números positivos fueron una bendición en el peor momento de su campaña electoral. Le permitió hablar de una recuperación en marcha, al tiempo que se muestran imágenes de nuevas rutas o de las líneas de metrobús recién terminadas en el conurbano bonaerense.

"Las obras de rutas que estamos haciendo en el país equivalen solo al 15% de todo lo que se robaron", afirma el presidente Mauricio Macri, decidido a explotar la estrategia de mostrar el contraste entre la recuperación actual y la "chavización" a la que estaba conduciendo el kirchnerismo. 

La duda es hasta dónde ese mensaje será efectivo en un país que mantiene niveles de pobreza en torno al 30%.

Las urgencias y los enojos de la vida cotidiana serán, en definitiva, los que marcarán hasta dónde sigue la paciencia con el macrismo o si el discurso peronista vuelve a encontrar su espacio.

Uno de los temas más recurrentes de esta campaña fue la crítica a las propias elecciones que están en juego. De hecho, el gobierno dejó en claro su intención de eliminarlas e, incluso, de revisar la conveniencia de la renovación parlamentaria que se hace cada dos años.

El rechazo surge por el hecho de que las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) casi nunca cumplieron, en realidad, el cometido original para el que fueron creadas. 

Las impuso Néstor Kirchner por primera vez en 2009. La idea era que, como en muchos países, hubiese una instancia de definición de pujas internas por las urnas, sin que una conducción partidaria se pudiera "adueñar" de un sello partidario. Sin embargo, en la práctica no funcionaron. 

Lo cierto es que las PASO, ya por su cuarta edición, nunca cumplieron su función original de internas. Es por eso que los analistas las califican como una "encuesta gigante". 

Para completar la lista de críticas a las PASO, está su costo: 2.800 millones de pesos argentinos, unos US$ 60 millones. 

Es por eso que muchos, en vez de verlas como elecciones internas, las califican como "la encuesta más cara del mundo".

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jwl

 



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