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UNA PESADILLA

La Argentina de Messi sigue en deuda

06.09.2017

BUENOS AIRES (Uypress)- Venezuela le amargó la noche del martes al empatarle 1-1 en Buenos Aires y arrebatarle dos puntos de oro en su carrera por clasificarse para Rusia-2018.

 

La Albiceleste sigue en zona de repesca que se disputará contra Nueva Zelanda al saltar temporariamente al quinto lugar, que otorga una plaza mundialista. La selección vinotinto está eliminada pero fue un hueso durísimo de roer en el estadio Monumental, colmado ante unos 60.000 espectadores.

A los 51 minutos Jhon Murillo anotó el primer gol, que hizo enmudecer a la multitud que bramaba y reclamaba un gol de los locales. Tres minutos después llegó la igualdad con una anotación en contra de Rolf Feltscher.

Restan jugarse dos fechas y en la próxima, los argentinos recibirán en su reducto a Perú, un rival directo en la lucha por clasificarse. Ambos están igualados en puntos, con 24, y la misma diferencia de gol, pero los peruanos tienen más anotaciones a favor.

Argentina había desatado en el arranque un huracán ofensivo. Un torbellino de ataques, por el centro y por las alas, en un abanico arrasador. Lo perforaba a Venezuela por las bandas. Ángel Di María, Paulo Dybala y Lautaro Acosta desbordaban a Víctor García y a Mikel Villanueva.

El héroe de la resistencia fue el sorprendente Wuilker Faríñez. Tapó con maestría zapatazos a quemarropa de Icardi, de Dybala y de Messi. Se multiplicaban como aguerridos volantes de marca Yangel Herrera, Arquímides Figuera y Junior Moreno. Eran tres hombres pero parecían seis.

Con Jhon Chancellor y Rolf Feltscher metidos en el fondo como cancerberos de los tres postes, la escuadra caribeña despejaba pelotas de su área como si sacara agua de un barco que se hundía. Pero la barca no se iba a pique.

Mauro Icardi se plantó como un verdugo en el corazón del área vinotinto. Lionel Messi manejaba la batuta de la orquesta y marcaba el ritmo del tifón.

El hombre clave para quebrar el cero era Di María. Cuando se lesionó y fue reemplazado por Marcos Acuña, Argentina se apagó, se agotó, se le acabó la gasolina. Tampoco tuvo tantas luces ni inspiración para meter un cambio de ritmo, una gambeta genial. Era pura pasión, ambición y obligación de ganar.

Argentina se hizo más lenta, más previsible. El esquema de 5-4-1 de los venezolanos, con Salomón Rondón más solo que Robinson Crusoe en la isla, se volvió un 5-5. Un bosque color vinotinto desplegado como guardia pretoriana delante de Faríñez. Contra semejante disciplina, hacía falta un relámpago de claridad, una lamparita que se prendiera.

Pero se le prendió primero a Venezuela. Fue como en una pesadilla. Surgió como un rayo un contragolpe de los acorralados. Miles de voces enmudecieron y el silencio se volvió, como dijo una vez un escritor, ensordecedor, cuando Jhon Murillo quedó solo frente a la salida desesperada de Sergio Romero y la mandó suave al fondo de la red. Sergio Córdova le había dado un pase de fantasía.

Argentina quedó aferrada de una ramita colgando del abismo. Sólo una ráfaga de coraje podía salvarla. La produjo Acuña tres minutos después. Apiló a dos defensores por el flanco izquierdo y metió un centro como un estilete que Feltscher clavó en contra de su valla.

Los avances de Argentina fueron cada vez más desordenados. Ni con las entradas del delantero Darío Benedetto y el volante Javier Pastore cambió la historia.

jwl



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