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Revisando lo que comemos y bebemos

Edgardo Sandoya

12.09.2017

¨Después de la angioplastia el médico me prohibió la carne para que evitara las grasas, pero en Internet ahora hay una noticia de que las grasas no son malas. La verdad es que no sé en qué creer, pues los médicos un día te dicen una cosa y al día siguiente te dicen otra" comentaba Carlos con sus amigos.

"Es cierto," terció Miguel, "nunca se puede tomar muy en cuenta las cosas que te dicen, pues cada poco tiempo cambian de opinión".

La búsqueda de la verdad en medicina es una materia compleja, la que se encuentra en permanente revisión. No se trata tanto de que los hechos cambien permanentemente, sino de que los métodos que se emplean en medicina para tratar de llegar a conocer esa verdad se perfeccionan, o se aplican de mejor manera, lo que lleva a agregar nueva información, la que a veces puede ser contradictoria con la existente hasta entonces.

En algunas áreas del conocimiento médico es más factible tratar de establecer esa verdad, pues mediante la realización de estudios con un número adecuado de personas a los que se distribuye al azar a una estrategia o a otra, es posible llegar a una conclusión válida. Pero cuando se trata de fenómenos biológicos modulados por aspectos del comportamiento humano, establecer la relación entre causas y consecuencias no es nada simple. De ahí la variabilidad en los resultados, así como en las recomendaciones que de ellos derivan.

Investigando en alimentación

Cuando no es posible realizar un ensayo clínico controlado con distribución al azar como el referido antes, las cosas se vuelven más complicadas, pues los otros tipos de investigación tienen mayor probabilidad de estar contaminados por elementos que dificultan la aproximación a la verdad.

Establecer la relación entre causa y consecuencia es particularmente complejo en lo que refiere a alimentación, donde los estudios de comparación directa entre grupos de individuos que consumen uno u otro tipo de alimentos son muy difíciles de implementar, dado que esto implicaría que los participantes no consumiesen nada más que lo que se investiga, lo que es improbable de conseguir en la vida real. Es así que la mayoría de la información disponible acerca de la alimentación proviene de estudios con mayor riesgo de sesgos (desviación de la verdad), los que en general han sido de pequeño tamaño, lo que agrega a los sesgos referidos el impacto derivado del azar.

Esto explica porque la relación entre tipo de alimentos y enfermedades cardiovasculares es materia de controversia, a lo que se agrega que la mayoría de los datos al respecto provienen de investigaciones realizadas en europeos y norteamericanos, por lo que su aplicabilidad a otras poblaciones no necesariamente es válida.

La nueva investigación

La reciente publicación de la investigación más grande respecto a alimentación y enfermedad cardiovascular ha venido a mejorar el conocimiento referido a los alimentos que se consumen y su relación con la mortalidad, el infarto de miocardio y el ataque cerebral (1).

El estudio PURE (Prospective Urban Rural Epidemiology), presentado recientemente en el Congreso Europeo de Cardiología, evaluó la relación entre alimentación, mortalidad y enfermedades cardiovasculares en 135.335 individuos de 35 a 70 años de edad. Estos fueron reclutados en 18 países de América, Asia, África, Europa y Medio Oriente, de los cuales 53% provenían de localizaciones urbanas. Luego de 7 años de seguimiento de los participantes, los principales hallazgos resultantes del estudio fueron:

  • el consumo diario de frutas y verduras redujo la mortalidad y las enfermedades cardiovasculares, lo que se observó con el consumo de 3 a 4 porciones diarias de frutas, vegetales y legumbres, hallazgos que reafirman lo encontrado en investigaciones previas
  • el consumo elevado de carbohidratos se asoció a mayor riesgo de mortalidad, algo que es consistente con todo lo conocido
  • el consumo de proteínas se asoció a menor mortalidad

Pero tres hallazgos vendrían a poner en cuestión el conocimiento aceptado hasta el momento en referencia al consumo de grasas:

  • el consumo de grasas totales, grasas insaturadas y grasas saturadas se asoció a menor mortalidad
  • el consumo de grasas totales, grasas insaturadas y grasas saturadas se asoció a menor riesgo de ataque cerebral
  • el consumo de grasas totales, grasas insaturadas y grasas saturadas no aumentó el riesgo de infarto

Estos últimos hallazgos, que indican el beneficio del consumo de grasas (o ausencia de efecto negativo en el infarto), vienen a poner en cuestión lo que hasta ahora se establece firmemente en todas las recomendaciones nutricionales.

¿Por qué este cambio?

Si bien este hallazgo no constituye una total novedad, pues algunas investigaciones previas ya habían planteado que el consumo de grasas en la alimentación podía no ser perjudicial (2, 3), ninguna de ellas tuvo tanta repercusión como la presente.  Seguramente el impacto conseguido por esta investigación obedece a la gran cantidad de participantes en la misma, el que incluyese a personas de todas las regiones del mundo, algo poco usual en la investigación médica, así como a la calidad de su método y realización.  

Sus hallazgos llevan a tener que revisar las recomendaciones alimentarias existentes hasta el momento, las que sugieren limitar el consumo de grasas a menos del 30% de la energía total y las grasas saturadas a menos del 10%, pues los datos en los 18 países de esta investigación mostraron que el consumo de grasa no se asoció a mayor riesgo de muerte ni de eventos cardiovasculares.

Los individuos con alto consumo de hidratos de carbono (alfajores, galletitas rellenas, bebidas azucaradas) se beneficiarían de una reducción de las ingestas de los mismos y un aumento del consumo de grasas (4).

En conclusión

La búsqueda de la verdad en medicina es compleja, en particular en aspectos como lo referido a la alimentación, por lo que es necesario tener la mente abierta a lo que nueva investigación de calidad pueda aportar.

La presente investigación, con elevado número de participantes de diversas regiones del mundo, lo que la hace aplicable a nuestra realidad, sugiere que quitar las restricciones al consumo de grasas y limitar el consumo elevado de carbohidratos (entre ellos el proveniente de las bebidas azucaradas), podría mejorar la salud de la población. Este consejo parece apropiado trasladarlo a las elecciones diarias referidas a lo que se come y se bebe, para así mejorar la salud cardiovascular y reducir la mortalidad.

 

Dr. Edgardo Sandoya - Médico cardiólogo - Profesor Titular de Medicina Basada en Evidencia, Facultad de Medicina CLAEH. Investigador en el área de prevención cardiovascular

 

Referencias

 

1.      Dehghan M, Mente A, Zhang X, et al, on behalf of the Prospective Urban Rural Epidemiology (PURE) study investigators. Associations of fats and carbohydrate intake with cardiovascular disease and mortality in 18 countries from five continents (PURE): a prospective cohort study. Lancet 2017; published online Aug 29. http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(17)32252-3.

2.      de Souza RJ, Mente A, Maroleanu A, et al. Intake of saturated and trans unsaturated fatty acids and risk of all cause mortality, cardiovascular disease, and type 2 diabetes: systematic review and meta-analysis of observational studies. BMJ 2015; 351: h3978.

3.      Ramsden CE, Zamora D, Majchrzak-Hong S, et al. Re-evaluation of the traditional diet-heart hypothesis: analysis of recovered data from Minnesota Coronary Experiment (1968-73). BMJ 2016;353: i1246.

Ministerio de Salud. Guía Alimentaria para la población uruguaya. Disponible en  http://www.msp.gub.uy/sites/default/files/archivos_adjuntos/MS_guia_web.pdf



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