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La unidad triunfa sobre la ética, otra vez

José W. Legaspi

12.09.2017

El sábado 9 de setiembre se suscitó una nueva “perla” del hasta ahora interminable collar de errores y horrores vinculados al actual ex vicepresidente de la república.

Como 18 meses antes, Raúl Sendic prometía hacer los descargos correspondientes ante el Plenario Nacional del FA, en respuesta al dictamen del Tribunal de Conducta Política.

Como 18 meses atrás, quien esto escribe, sintió que nuevamente el organismo "arroparía" al "compañero" y lo aplaudiría de pie.

Creía que volvería a fallar el sentido común y que una vez más, los frenteamplistas comunes no se verían representados por esos funcionales funcionarios que integran el Plenario Nacional.

Creía que esa estructura, cada vez más alejada de la realidad, y cegada por el único objetivo de permanecer, gobernar, y dilapidar las esperanzas de decenas y centenas de miles de uruguayos, volvería a defraudar las expectativas.   

Sin embargo debo reconocer que me equivoqué. La realidad superó, ampliamente, a la ficción.

No sólo Raúl Sendic "evitó" presentar sus anunciados descargos ante el dictamen del TCP que trataría ese Plenario (para el que muchos compañeros afirman que se había acordado una resolución sancionatoria) sino que, de improviso, presentó su renuncia a la vice presidencia del país.

Llegó, pidió la palabra y en un breve discurso expresó que no responsabilizaba "a los compañeros de la Mesa Política que votaron para se publicara el informe porque no lo conocían, pero sí lo conocía el presidente del Frente Amplio, como también lo conocía yo, y por eso había solicitado que el informe fuera considerado directamente por este tribunal, que es el verdadero tribunal, porque es desproporcionado, infundado, porque no hay prueba de lo que dice el informe". Clarito. Se sentía defraudado.

Inmediatamente afirmó, que frente a esa situación, a "este conjunto de maniobras y deslealtades yo vengo a decirles a ustedes, que fueron los que confiaron la Vicepresidencia bajo mi responsabilidad, vengo a poner a disposición de ustedes la Vicepresidencia". Entre la confusa sintaxis se desprende que, además, se sentía sin respaldo.

"Vengo aquí a renunciar a la Vicepresidencia de la República y lo vengo a hacer en este organismo y no se lo mando a decir por la prensa, como me lo han mandado a decir muchos compañeros, queridos compañeros, apreciadísimos compañeros, no les mandé el mensaje por la prensa". La adjetivación transmite una "fina" ironía, que no entenderá quien no quiera entender.

"Me he llamado a silencio a lo largo de toda esta semana, pero vengo a decirles a ustedes aquí, que fueron los que confiaron esta responsabilidad en mí, que esa responsabilidad la pongo en sus manos.

Hace dos años que vengo sufriendo un fuerte hostigamiento.

Pero también estoy convencido de que el proyecto político del Frente Amplio me encontrará trabajando para un cuarto gobierno de mi fuerza política.

La gente espera por nosotros, por un techo, por trabajo y allí es donde debemos estar y trabajar. Gracias". Dicho esto, se fue como llegó. Rápidamente.

Dejó a todo el Plenario (o casi todo) con la boca abierta por el estupor, la sorpresa. Es entendible, visto y considerando las permanentes idas y vueltas, marcha y contramarchas, desde el título inexistente hasta el momento.

La dirección del FA había negociado durante semanas, con el dictamen a la vista, la o las sanciones que correspondían aplicar, correlativas a la dureza del informe. Sorprendidos, aún, llamaron a un cuarto intermedio de media hora.

Ciento ochenta minutos le llevó al organismo "re negociar" una declaración, pues sectores que, aparentemente, habían acordado una sanción, esgrimían ahora que la misma no era viable, pues la renuncia la volvía innecesaria.

Esto constituye, además de una pésima señal, un error que esconde, de la peor manera, que no se tenía realmente la convicción para sancionar.

La ciudadanía en general, y la frenteamplista en particular, se queda con la sensación de que la decisión de Sendic, le arrebató a la dirección del FA la resolución del problema. Por si algo le faltaba a este organismo, cada día más separado de la realidad, queda mal parado ante el electorado porque no toma decisiones sino que "avala una renuncia".

Y la avala de la peor manera. Raúl Sendic se convierte en una persona digna, valiente, inteligente y con un alto sentido del momento histórico y político que estaba pasando la organización.

Los delegados al Plenario, todas y todos, dan la impresión de respirar aliviados. Lo han salido a manifestar de todos los sectores, de una u otra manera.

En su última voltereta en el aire, el inexperiente, poco inteligente y nada valiente, Raúl Sendic, les saca las papas del fuego.

Ahora, el próximamente ex vicepresidente, desciende al llano político con una carrera destruida en poco tiempo, pero gracias a sus compañeros, "con la dignidad y la inteligencia" a salvaguarda, a la espera de poder recuperar su "carrera política". Claro, favor con favor se paga. El favor de renunciar se corresponde con el discurso que dignifica y ensalza al renunciante.

Para colmo, si faltaba algo "a esta escenificación", sale el presidente Tabaré Vázquez, "a despejar dudas", en conferencia de prensa. Mientras habló de la institucionalidad democrática fuerte, y de la normalidad con que seguirá adelante el gobierno, todo bien. Sin duda, recibirá el apoyo de la ciudadanía.

A partir de ahí, la inexorable seducción por la unidad a cualquier precio, lo gana, lo abruma y lo hace derrapar.

Dijo que Sendic "ha cumplido a cabalidad con seriedad y con responsabilidad la función que le dio el pueblo uruguayo al elegirlo como vicepresidente".

"Ha trabajado con honestidad, con capacidad y compromiso, con compromiso hacia la gente, el pueblo uruguayo, y con compromiso hacia el programa de gobierno de su fuerza política".

"Quiero reconocer también la valentía, el compromiso, la responsabilidad que asumió al presentar su renuncia ante su fuerza política", terminó el presidente. 

Cuesta entender que tales palabras se refieran a Raúl Sendic. Y cuesta además, concebir que Tabaré Vázquez piense que las uruguayas y los uruguayos podamos acordar con él.

Si trató de ser gentil y educado, el panegírico se le fue de las manos, convirtiéndose en una burla a la inteligencia de las y los ciudadanos de este país.

Si algo dirán los libros de historia, sobre el próximamente ciudadano común Sendic, es que no cumplió a cabalidad, con seriedad y responsabilidad la función de vicepresidente. Para nada. Desde la mala gestión de los dineros públicos hasta la afirmación, entre risas, hecha a periodistas, de que demoraba una hora y media entre Montevideo y La Paloma, manejando un auto, nada de lo hecho y dicho testimonia cabalidad, seriedad, responsabilidad, en la segunda jerarquía del país.

En cuanto a la honestidad y el compromiso, hacia la gente y el pueblo (habría que preguntarle al doctor que diferencia hace entre "gente" y "pueblo") todavía la justicia no se ha expedido, y tal afirmación suena, por lo menos, temeraria.

Sobre la valentía, el compromiso, y la responsabilidad al presentar la renuncia, lamentablemente tenemos profundas diferencias. No es valiente renunciar antes de escuchar qué sanción o sanciones le esperaban, todo lo contrario. El compromiso y la responsabilidad, si existe, son consigo mismo, siendo la única solución para evadir, justamente, la responsabilidad.

La síntesis de este suceso es muy simple.

Este Frente Amplio, cada vez más alejado de los principios éticos que marcaron su creación, subordina, dichos principios, a la unidad imprescindible para seguir soñando con la permanencia.

No discute programa, no discute política, todo lo analiza a través del lente de la unidad, ficticia, pero que le asegura, "según creen", encaminarse hacia el cuarto período de gobierno.

Una vez más, la unidad triunfó sobre la ética. ¿Hasta cuándo?

 



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