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Mirar hacia adelante

Dr. Federico Arregui

14.09.2017

Construir no es tarea para cobardes ni para inconstantes. Esto es así no sólo en la política, sino en todos los órdenes del quehacer humano.

Se requiere de valentía, perseverancia, fortaleza, constancia, entre otras cualidades. Se trata de tener sueños y luchar por ellos, desde lo profundamente humano y su imperfección.

La humanidad ha avanzado notablemente, y continúa en tal sentido mediante un proceso que no parece detenerse. Si se repasa la historia reciente, y se compara el proceso evolutivo en el tamiz de los siglos, se aprecia en el mundo occidental y humanista un largo camino transitado que ha rendido sus frutos.

Pero el peligro del retroceso está también presente; pareciera que las sociedades tienden a avanzar hasta un determinado punto y luego volver tras sus pasos sobre lo andado. Lo ha señalado el filósofo italiano Vico, hace ya algunos siglos, describiendo esta suerte de fenómeno socio-político: la ley de "corsi e ricorsi".

Desde el pasaje del poder por herencia hasta la construcción de las Democracias modernas "una persona un voto", ha corrido mucho tiempo y mucha sangre.

Es un despropósito en este sentido, tomar livianamente un asunto crucial para la construcción de una República como lo es la administración de la cosa pública.

A lo largo del tiempo, se ha realizado un ingente esfuerzo colectivo de elaboración intelectual, de apertura de mentes y de corazones, para lograr ampliar la base social y conquistar derechos que a estas alturas se consideran básicos y supremos.

Ya que esto ha costado sangre, sudor y lágrimas, los administradores públicos deben asumir con sumo celo el cuidado de los bienes sometidos a su custodia, bienes que son para todos, esto es, destinados al bien común. No existe la función para el funcionario, sino que es exactamente lo contrario: lo establece la Constitución de la República en su artículo 59, sino el funcionario para la función. Corolario de ello, ningún jerarca gubernamental puede valerse de su posicionamiento a fin de emplear en su provecho, dineros públicos que provienen del esfuerzo colectivo social.

Lo contrario compromete la responsabilidad penal del funcionario.

No en vano nuestro Código Penal en su artículo 153, castiga bajo el nomen de "Peculado" la conducta contraria. No se trata ya de acciones reñidas con la moral, la ética, la transparencia; es más que eso, quien utiliza en su propio provecho los dineros públicos incurre en una figura delictiva. Y esto, no es un asunto menor ni algo que pueda tomarse con liviandad, por el contrario merece una clara y severa condena del sistema político, además del reproche jurídico.

Y sin embargo por estos días escuchamos al Primer Mandatario minimizando una crisis política trascendental y pretendiendo que Sendic incurrió en meros "errores", cuando el Tribunal de Conducta Política del FA concluyó en la malversación de dineros públicos por parte del ex Vicepresidente de la República.

El 11 de setiembre no parece ser una fecha feliz en la historia mundial.

En el Uruguay, el último 11 de setiembre deja un extraño sinsabor tras las palabras del Presidente de la República. Muchos uruguayos, con asombro, se preguntan ya "¿dónde estamos parados"?.

En un giro extraño, el Mandatario volvió a referir al fenómeno del "bullyng" para explicar la renuncia del Sr. Raúl Sendic a su cargo, por cierto, utilizando un concepto aplicable a niños y adolescentes que en centros estudiantiles, deportivos, etc., sufren de acoso, burlas, discriminación de sus pares.

Pero, si estamos refiriendo a un alto funcionario gubernamental de más de cincuenta años de edad, con la responsabilidad política e institucional que implica el cargo de la Vicepresidencia de la República, que se hizo llamar "licenciado" cuando no lo era, que se encuentra bajo investigación judicial por su gestión frente a ANCAP, que mereció un contundente cuestionamiento del Tribunal de Conducta Política del FA, pues bien, el tenor del discurso presidencial y sus consideraciones no parecen felices.

Por otro lado cabe preguntar si el Presidente considera que se ha cometido "bullyng" desde el propio Tribunal, cuyo fallo dijo respetar y acatar al punto de señalar contundentemente que ante un pronunciamiento similar él se "hubiera ido", cabe también preguntar si entiende que el bullyng lo ha cometido el propio FA, porque en definitiva el Plenario no se aprestaba a otra cosa que a una fuerte sanción y a la imposición a Sendic a devolver el dinero que se consideró mal gastado.

Esto sucede en Uruguay, la otrora Suiza de América, y estos síntomas merecen, lo más serenamente posible, una reflexión del sistema político en su conjunto.

¿Se va a mirar hacia adelante con la misma actitud?, ¿tratando el asunto como si el ex vicepresidente fuera un mártir?.

Si hay una víctima en todo ésto es el Uruguay, el déficit que paga el pueblo y el ajuste fiscal que en buena medida se debe a la gestión de ANCAP, objeto de investigación judicial.

Ello sin dejar de recordar el posicionamiento lamentable que dejó como saldo el insuceso, como pudo verse en columnas de la prensa extranjera.

En otro orden cabe efectuar las siguientes preguntas: ¿Alguien vela por el buen uso de los dineros públicos en éste país?.

Da la sensación de que el Uruguay se está desangrando de a poco, pérdidas por acá, pérdidas por allá, no somos Brasil ni Argentina es cierto, somos un pequeño país al lado de estas potencias, que no puede darse el lujo de perder un peso tras malas gestiones ni aprovechamiento indebido.

Se ha crecido de manera ininterrumpida desde el año 2003 a la fecha, con vientos de cola y con vientos en contra. Se han logrado transformaciones incontestables: renovación cuasi total de la matriz energética, una revolución en las telecomunicaciones, se ha logrado un avance en la inclusión social y sin embargo centenas de miles de uruguayos no logran salir de salarios o pasividades que casi pueden catalogarse como miserables, que rondan los $ 20.000 e incluso menos.

Todos sabemos que con esas sumas no se puede lograr el techo propio, una familia bien alimentada, adecuada salud y educación, estudios que posibiliten la movilidad social ascendente de nuestros jóvenes.

Queda la sensación de que seguimos siendo un país subdesarrollado, atravesado por corrupción sea por mucho o por poco dinero, pero corrupción al fin. Todo depende de la vara con que se mida, qué se considera en este país poco o mucho dinero es algo subjetivo. Lo cierto es que el tema de la corrupción se ha instalado también en el Uruguay, aunque muchos no quieran verlo.

Sendic, ha renunciado obligado por las circunstancias luego de conocerse las sanciones que se negociaban y que se aprestaba a votar el Plenario, en un clima tenso, donde se jugaba la unidad por sobre todas las cosas, la necesidad de mantener la mayoría parlamentaria y de saldar el tema para evitar más costos electorales. La salida fue evidentemente negociada.

No pueden tratarnos a los uruguayos como tontos con la historia del mártir.

Lo palpable es que Sendic renunció y se evitó el escándalo de la sanción.

De aquí en más queda claro que las denominadas tarjetas corporativas pueden prestarse para trampas y manejos inapropiados que es preciso corregir. Por eso estamos esperando que el Tribunal de Conducta Política actúe de oficio para investigar a todos los directores de las empresas públicas por la alarma pública que corre a lo largo y ancho del Uruguay. Idem para la JUTEP.

Ello fue reconocido por el Senador Mujica al decir que "esto pasa hace más de treinta años". Pues bien, hay mucho por ajustar hacia futuro y mirando hacia adelante.

En este asunto, hay que reconocerle a Mujica que no ha tenido una conducta ambivalente ni contradictoria. Ha mantenido coherencia pronunciándose en un mismo sentido, no envió mensajes entre líneas ni forzó la renuncia del ex vicepresidente, lo cual denota lucidez política.

Luego, si se fue duro con Sendic por entender que ello correspondía, es esperable que se actúe de idéntica manera con todos aquellos cuyas acciones puedan estar reñidas con la debida administración pública, desde el sistema político en su conjunto.

Debe asimismo la JUTEP actuar en consecuencia cuando constate cualquier tipo de enriquecimiento de un jerarca.

Y, es esperable también, que el Ministerio Público y Fiscal a través de su Jerarca, Dr. Jorge Díaz, continúe dando señales claras no solo en el expediente que involucra el caso ANCAP sino en todos aquellos asuntos donde el accionar de un jerarca pueda comprometer su responsabilidad penal, "caiga quien caiga", y actuando el Poder Judicial en consecuencia. Estaremos atentos también en este ámbito.

Es necesario depurar el sistema político en caso de constatarse corrupción desde cualquier ámbito del poder.

Seríamos un país hipócrita si condenamos a Sendic a la picota social pero no investigamos otros asuntos con viso de irregularidad, sea en el uso de las mentadas tarjetas, y otros, como presuntos viáticos encubiertos de ediles cuando la Constitución establece claramente que sus funciones son honorarias. Un simple cálculo: si hay 31 ediles por Junta Departamental y cada uno percibe un promedio de $ 40.000, las 19 Juntas Departamentales insumen la cantidad de 10 millones de dólares anuales, esto es, 50 millones en un quinquenio. Es mucho dinero. Seguramente deberá remunerarse a estos funcionarios, pero para eso es preciso modificar la Constitución de la República y establecer reglas claras a cumplir.

No me afilio a la idea de que los legisladores y demás gobernantes deban percibir salarios bajos sino más bien altos y que se empareje siempre para arriba y no al revés, sin perjuicio de lo cual, sí debe ejercerse un efectivo control de otros rubros que perciben, y devolver, en buenas leyes, en buenos servicios y en un actuar regular a los representados (el pueblo), propendiendo al bien común.

La Democracia no tiene precio, se ha dicho que la peor Democracia será siempre mejor que cualquier dictadura. Merece pues el debido cuidado en todos los órdenes. Merece mucho celo y en esto más vale " pecar " de exceso.

A la vista ha quedado que el sueño frenteamplista era eso, un sueño, que todos son tan humanos como falibles.

Del hartazgo y la desilusión se sale, de lo que no se sale es del ridículo, y, cuando un sector o dirigente político cae en el ridículo es hora de que realice una honda reflexión.

Si alguien cree que los uruguayos no tomaron debida nota de cada una de las últimas acciones políticas, subestima la inteligencia media de la ciudadanía.

Contacto: federicoarregui07@gmail.com



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