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El Mundial de 2030 a la vista

Luis C. Turiansky

06.10.2017

Los presidentes de Argentina, Paraguay y Uruguay parecen haber llegado a un acuerdo de caballeros y proponen conjuntamente a la FIFA que el Campeonato Mundial de Fútbol de 2030 se juegue simultáneamente en los tres países. Se dijo que Uruguay tiene la prioridad para organizar la final en el Estadio Centenario, como en 1930.

La opinión del jefe máximo, Gianni Infantino, también presente en la reunión, no se conoce. Si algo dijo, no salió publicado. En todo caso, parece una solución equitativa después que Uruguay se sintiera dolorido porque no lo consultaron cuando Macri y Cartes tramaron agregar a Paraguay a la candidatura conjunta. Sin embargo no está muy claro qué dirán los otros miembros de CONMEBOL ante la perspectiva de tener que ceder tres plazas de oficio a los países coorganizadores.

Como se sabe, Infantino quiere que el certamen se amplíe a 48 participantes, repartidos en doce grupos de clasificación a los octavos de final. Se supone que el cupo correspondiente a Sudamérica aumentaría proporcionalmente, pero quién sabe lo que pasa por la cabeza del suizo. A lo mejor todo se reduce a un quinto clasificado sin repechaje, porque no hay que olvidar que también los otros grupos continentales reclaman que sus progresos se reflejen en una mayor representación. Supongamos entonces que fueran cinco los clasificados, lo que más tres coorganizadores da un total de ocho; CONMEBOL tiene solo 10 miembros, ¿no sería una exageración organizar cada cuatro años un difícil y prolongado torneo de todos contra todos ida y vuelta, nada más para eliminar a dos? Casi hasta que sería lo más sano dejarse de boberías y volver al viejo sistema de grupos sorteados, tal vez extendidos a todo el continente americano. Resulta que para el resto del mundo resulta cada vez menos digerible que Sudamérica tenga proporcionalmente más representantes en el evento mundial, cuando es sabido por los resultados alcanzados que las diferencias de calidad en el juego ya no son tan notorias.

Si ahora sufrimos para llegar, cómo no será después, cuando tengamos que disputar la clasificación con México o Estados Unidos, por ejemplo. Pero bueno, si las cosas se dan como quieren los tres presidentes, en 2030 nos salvaríamos de nuestro sufrimiento cuadrienal por tener la participación asegurada, como el chiquilín que trae la pelota para el partido y hay que ponerlo en el cuadro aunque no sepa jugar. Ahora ni siquiera el título basta para semejante privilegio.

Pero entonces surgen otras preocupaciones: ¿tenemos la infraestructura necesaria, en primer lugar estadios conformes a las normas internacionales? En Montevideo el ya vetusto Estadio Centenario, que por entonces será literalmente "centenario", puede albergar actualmente unos 60 000 espectadores sentados. El flamante campo de Peñarol "Campeón del Siglo", 40 000. El Parque Central, 28 000. Además la FIFA no acepta gradas, exige asientos con respaldo, para que todo el mundo mire los partidos como en su casa, sentados frente al televisor. También se estila alentar el uso de estadios del interior, para no concentrar toda la actividad en la capital. En una palabra, será necesario ampliar las instalaciones existentes (entre otras cosas terminar por fin la tribuna América), modernizarlas y construir nuevas. Y sin olvidar los otros aspectos, hoteles, rutas, aeropuertos y demás menudencias. ¿Se podrá? Es más, ¿se justifica, habiendo otras necesidades incluso más imperiosas?

En una época de apogeo, como fueron los años 1920, la idea del Campeonato del Mundo despertó un entusiasmo extraordinario y el Estadio Centenario, por ejemplo, magnífica obra de ingeniería civil para su tiempo, con no pocos valores estéticos y funcionales, se construyó en tiempo récord. Y sin embargo, se merece el título de Monumento del Fútbol Mundial no porque se haya jugado en él todo aquel torneo legendario y primerizo, nada de eso, tan solo se llegó a jugar en su gramilla la final, la que ahora nos ofrecen amablemente los otros dos socios. Es que ellos saben que, sin Uruguay, el único anfitrión de 1930, desaparecen los motivos para auspiciar la idea de volver al lugar donde todo empezó.

Y entonces se me ocurre: ¿no sería la oferta de jugar la final en el Centenario una salida honrosa? Porque seamos honestos: un Mundial de 48 equipos, con toda la megalomanía que hoy se requiere, nos queda grande. Yo hasta me conformaría con el partido inaugural y su ceremonia de inauguración oficial en un Centenario renovado y acicalado como estadio moderno. Después a lo sumo podríamos encargarnos del grupo que le toque a Uruguay y la final yo se la dejaría a los argentinos, que tienen estadios más grandes para recibir al público multitudinario que se espera de todo el mundo. La inversión sería menor y se concentraría en un solo lugar.

Decididamente deberíamos agradecer a los paraguayos que nos sacaron de encima este fardo, sin perder por ello el papel de primer anfitrión.

Luis C. Turiansky



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