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Palabras de Fernando Schmidt en la presentación del 'El clavo en el sillón'

Fernando Schmidt

10.10.2017

El pasado domingo se presentò 'El clavo en el sillón', la última obra de Esteban Valenti editado por Sudamericana.


La presentación tuvo como expositores a Fernando López D'Alessandro, historiador de vasta trayectoria, y Fernando Schmidt, escritor, dramaturgo y guionista de cine, carnaval, radio y televisión.

Palabras de Fernando Schmidt en el colmado Salón Dorado de la IMM.

Esteban siempre me invita a presentar sus libros que es como encargarles la corrección ortográfica a los abogados de ASSE. Le aporto tanto a su éxito editorial como el Estado Islámico a la paz mundial o, para ser más gráficos, como Asamblea Uruguay al BPS.

Hay distintas maneras de poner un clavo en el sillón sin necesidad de hacer un curso de bricolaje. Vos sentás a Sendic en el directorio de un ente y ahí tenés un clavo en un sillón. Tremendo clavo. Un clavo de carpintero porque es un clavo sin cabeza, pero un clavo al fin.

Valenti dice que hay que distinguir el clavo en el sillón del tornillo en el sillón. También están los remaches. Pero los tornillos son bastante más comunes, porque los políticos suelen estar atornillados al sillón. Con un tornillo les alcanza, porque así como los músicos nacen con un talento natural, así como los buenos delanteros nacen con olfato de gol, o así como todo bebé trae un pan abajo del brazo, el político te viene con un taco Fischer en el culo. Por eso se sienta en el tornillo y queda ahí por siempre, más agarrado que vieja en moto.

Por eso también las cagadas son tan grandes, debido al efecto dilatador del taco Fischer. Pero esto es una reunión literaria, no venimos acá a hablar de cagadas, estamos en la Feria del Libro y no en un Tribunal de Conducta Política.

Los griegos y los alemanes siempre han tenido invenciones  complementarias. Los griegos inventaron los grandes géneros literarios, los alemanes inventaron la imprenta.

Los griegos inventaron la Medicina y los alemanes inventaron los rayos X.

Los griegos inventaron la democracia y los alemanes inventaron la aspirina.

Los griegos inventaron la tragedia, los alemanes el holocausto.

Por eso no sorprende que los griegos inventaran la política y los alemanes el taco Fischer.

Al sillón, en cambio lo inventaron los egipcios.

Al político no hay quien lo mueva y los frenteamplistas no son la excepción. En el Frente Amplio, la única consigna fundacional que se mantiene firme es el "no nos moverán".

Al dirigente frenteamplista no lo mueve ni el Parkinson.

Antes se cantaba "Con el Frente Amplio, no nos moverán" Con el pueblo unido..., con la clase obrera..., con los estudiantes, no nos moverán"... hoy la canción dice: "Con 220 mil pesos de sueldo más viáticos, no me moverán"... "y si me mueven, que paguen subsidio... ¡no me moverán!".

Hay que decir la verdad, por mucho que nos duela, el revolucionario cuando te agarra el sillón no lo larga. Esto no es de ahora. El tipo podrá derrocar un régimen, romper las cadenas, liberar al pueblo, encabezar la lucha armada y jugarse la vida, pero cuando se sienta, olvidate. Es como aquel que se rompe el lomo laburando todo el día y cuando llega de trabajar le gusta sentarse a leer o a mirar televisión o a rascarse las bolas sin que nadie lo joda.

Bueno estos no son lo que se dice revolucionarios, ni es que trabajen todo el día, pero igual se sientan a rascarse las bolas... y no hay quien los mueva.

Podés ponerle un clavo incandescente, un asiento de faquir, una katana samurái, pueden tener el culo como la cabeza de Geniol, que no sienten nada. No sé si se volvieron masoquistas o fueron perdiendo la sensibilidad en los glúteos, con otras sensibilidades que han ido perdiendo, pero dejaron de sentir los pinchazos. Con el corazón y las neuronas, se les adormecieron las posaderas.

Ahí están aferrados al sillón desde tiempos inmemoriales, desde que el Frente era de izquierda.

Desde cuando se hablaba de nacionalizar la banca y no de inclusión financiera.

Desde cuando se decía "No al pago de la deuda externa", en lugar de mendigar "Devuelvan los viáticos".

Cuando el lema era "No pasarán" en lugar de "No beberán".

La realidad es que "La Patria nos llama" quedó fuera del área de cobertura.

No nos clavaron un clavo, Esteban, nos clavaron el visto.

A qué hemos llegado... El "yankees, go home" dio paso al "never, ever" para venderle carne ovina a los milenials de Estados Unidos.

El "Todo cambia" se convirtió en "Cambio dolor por Ibupirac".

Hoy la revolución es un videojuego y la derecha neoliberal son los compañeros opositores... ¿Qué pasó con nuestros enemigos de clase, con la "burguesía proimperialista"? ¿En qué quedó el "oligarca puto"?

"A redoblar" dio paso al "A reciclar" y nos reciclamos, "porque el corazón no quiere, entonar más taquicardia"... "Rumbo" dio paso a "Rombai",  del "¡Festejen uruguayos!" pasamos al "¡De fiesta!"

"A desalambrar" dio paso a la cerca eléctrica.

"El cielito del 69" hoy es una postura sexual.

"La muralla", pum pum, ¿quién es?, es una toallita higiénica y con los escombros del muro de Berlín se levantó el muro de Facebook.

La Guerra Fría dio paso al Calentamiento Global.

Y el Tío Caimán al aedes aegypty.

"Se precisan niños para amanecer" se convirtió en "los hijos del que no hizo paro no tienen reyes magos". De pronto los reyes no son los padres, los reyes son los carneros.

"Ideal" es una yerba que estimula el tránsito intestinal y "Utopía" es un boliche.

Juan Rulfo decía que "la literatura es una mentira que dice la verdad". Por eso cuando un autor saca un libro, uno tiene la esperanza de que le mientan.

Mentíme que me gusta, Esteban.

Decíme que el "hombre nuevo" no era el milenial.

Decíme que la reforma agraria no era cambiar la lechuga por la rúcula.

Decíme que el sueño de la Patria Grande no era organizar el mundial del 2030 con Argentina... ¡y que no se metan los paraguayos!

Decíme que el internacionalismo y la solidaridad no era hacerse el boludo para que el sirio Diyab se siga yendo hasta que no lo devuelvan.

Decíme que los cuadros políticos no se los llevaron con el Figari que se afanaron de la Intendencia.

Decíme que Unidad Participación y Movilización no quería decir UPM.

Decíme que la lucha de clases no era ir a la escuela a pegarle a la maestra.

Son tiempos de lo políticamente correcto y de políticos incorrectos.

Tiempos reciclados, donde el Pato Feo es un delincuente peligroso y Tom Sawyer está internado en la Colonia Berro.

Hoy Pinocho vende autos usados, Jack el destripador tiene un deshuesadero, Sherlock Holmes es Guardia de Seguridad y el Principito pilotea el avión de ALUR.

Drácula es contratista, Hamlet dirigente de fútbol y Harry Potter llega a fin de mes con un sueldo de quince mil pesos. El Cid Campeador se ha dedicado al abigeato y Martín Fierro, ya reinsertado en la sociedad, se liga unos cuantos rebencazos por querer cobrar las regalías de sus versos. Cyrano de Bergerac le escribe a Don Timoteo. Celestina regentea un prostíbulo clandestino. Ulises está manejando un Uber y Penélope teje para afuera. Alicia es cajera de Tienda Inglesa, Lady Macbeth preside un ente público y a Don Quijote le sacó la Mancha Ana Durán.

Pensar que Homero era ciego y escribía, pensar que Beethoven era sordo y componía, acá lo más parecido que tenemos es el Lolo Estoyanoff que es mudo... y canta.

Ningún autor es perfecto: Hemingway era alcohólico; Dostoievski era ludópata; Conan Doyle era cocainómano; Allan Poe fumaba opio al igual que Baudelaire; Horacio Quiroga consumía hachís; Tennessee Williams anfetaminas; Lord Byron era adicto al sexo y Jorge Luis Borges era argentino.

Esteban Valenti tampoco es perfecto, por eso hoy lo estamos acompañando en esta presentación.

 

Fernando Schmidt



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