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ASSE precisa reingeniarse

Jaime Secco

18.10.2017

Queremos llamar la atención sobre un aspecto menor pero que merece incluirse reforma de la salud 2.0. que el Frente Amplio comenzó a estudiar en una comisión por iniciativa de Javier Miranda y con apoyo de Tabaré Vázquez.

Seguramente el mundo cambia muy rápido, pero la organización del sistema de salud de Uruguay cambió mucho más rápido desde la ley de 2007, así que es bueno pensar en cambios. Seguramente algunas cosas no estaban maduras en 2007, cuando nadie sabía exactamente cómo iba a funcionar todo. seguramente ya se han visto defectos o problemas nuevos. En estos días se han enumerado algunos de los grandes capítulos en que se piensa, como una mejor reglamentación del conflicto de intereses en un ámbito muy endogámico.
Uno de los motivos por los que la salud es complicada es que trata con todos y cada uno de los ciudadanos. Incluso si nos limitamos al prestador público, ASSE, estamos hablando de 1:263.000 usuarios, atendidos en 900 unidades asistenciales por más de 30 mil funcionarios que cubren 8 millones de consultas al año, 150.000 hospitalizaciones, 50.000 intervenciones quirúrgicas y atienden 17.000 nacimientos. "El problema de ASSE es que es la empresa más grande del país", me interrumpió alguien hace unos días.


Sí, pero precisamente, por eso mismo, precisa de una administración 2.0. Y, al menos vista desde afuera, ASSE es un boliche grande. Muy grande y con gemas informáticas por todos lados, pero no por eso deja de ser un boliche.


No se dice esto con ánimo agresivo; explico con un ejemplo a qué me refiero. Los lectores de más de 40 años se acordarán de que UTE era una empresa ineficiente y prepotente. En algún momento, al filo de los 90, alguien se dio cuenta que así no podía seguir y se contrató a una consultora para rediseñar la empresa. Lo que más vimos los usuarios fue que las facturas se podían pagar por cualquier lado; pero también vimos que ya no había apagones constantes. UTE vendió ese conjunto de programas a Antel, que ya había cambiado a centrales digitales, y luego a OSE donde encontró inconcebibles resistencias.


Entretanto, ASSE tuvo que echar a andar, estuvo rodeada de conflictos porque trata un tema sensible y probablemente no tuvo tiempo para pensarse integralmente.


Doy algunos ejemplos, todos del Pereira Rossell, pero solo por no recargar.


a) El director Conrado Bonilla hace unos 20 años denunció que se robaba carne. ¿Qué pasó? Destituyeron a Bonilla; una "investigadora" encontró que todas eran acusaciones infundadas; luego, un vigilante nuevo paró a un camión que salía y lo encontró lleno de carne. Eso pasó, pero si hoy, existe la percepción de que la cocina funciona bien, no es por una mejora en los procedimientos, algo que pareció demasiado difícil, sino porque se encargó de ella a PLEMUU y son buena gente.


b) La oficina de Personal tiene -o tenía hasta hace poco- un cartelito pidiendo disculpas por las demoras debido a que se sigue usando el programa Lotus que se cae a cada rato; una planilla de cálculo de la década de 1980 que no aceptaba ventanas ni ratón y hace 20 años que se discontinuó.


c) Hace uno o dos años alguien envió al CTI de niños 5 respiradores que no habían sido pedidos ni se precisaban. Hubo mal humor porque costaban unos 16 mil dólares cada uno, no tenían ninguna ventaja tecnológica sobre los que se usaban y sí habían pedido un ecógrafo que costaba US$ 20 mil y no se compró. El CTI se quedó con alguno por si acaso y se pensó enviar a los demás a salas de Pediatría, pero la ventilación asistida es algo cuyos especialistas son los intensivistas. Puede quedar la duda de que la compra fue hecha a un amigo o corrió una coima. Eso sería malo, pero lo peor es que pareció imposible averiguar cómo fue la cosa; no hay mecanismos previstos para estos casos, aparte de los malos humores.
Conclusión, ASSE está como UTE en los 80. La buena noticia es que UTE se transformó. Pero esas transformaciones son muy complejas y normalmente requieren de una consultora externa con experiencia. Son costosas, pero no es posible pensar en un gasto más oportuno.


Se trata de procesos de reingeniería de procesos que comienzan con las preguntas elementales como por qué hacemos lo que hacemos y por qué lo hacemos como lo hacemos. Que se toman mucho trabajo en definir los problemas, los cuellos de botella, las cosas que habría que dejar de hacer y cómo habría que proceder en caso de dificultades. Pero los procesos son solo uno de los aspectos, seguramente se impongan reestructuras organizativas, hay que preparar software y entrenar personal y muchas cosas más. Y, seguramente, integrar en un todo coher

ente todos los avances parciales, algunos notables, que vemos en Salud Pública.
En resumen, profesionalizar todo el sistema. Tener directores nombrados por afinidad política, acompañados por asistentes de dirección hijos de militantes o de funcionarios, no ayuda. Tener un puñado de directores de hospitales que transformaron sus instituciones sí, y seguramente habrá que estudiar lo bueno para generalizar. Porque, como dijo el premio Nóbel Paul Krugman, una carretera está bien diseñada si por ella puede transitar con seguridad un conductor mediocre y no sólo los ases del volante.


Un subproducto de estos procesos es identificar problemas externos. Si en un departamento la mutualista privada cobra un disparate por ciertos análisis, quizá se esté ante un caso de abuso de posición dominante. Quizá no se precisen soluciones desesperadas, sino apelar a procedimientos estandarizados. Quizá se detecte que se precisan cambios en el legislación para atender a la especificidad de la materia, medidas que no están al alcance de cada director de hospital.


En resumen, terminar de atajar los problemas en el orden en que saltan, imaginando soluciones ingeniosas, para pasar a elaborar planes estratégicos y medir resultados de numerosas variables. Eso es parte de la reforma del Estado.


Ayuda que los médicos están acostumbrados a estandarizar procedimientos. Tienen guías para despistar (diagnosticar) enfermedades y manuales de procedimientos para temas de salud pública, desde la atención de mujeres abusadas al manejo de cadáveres infecciosos.



Jaime Secco

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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