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La confusión conceptual de Hoenir Sarthou

Pablo Cúneo

29.10.2017

Dos acontecimientos recientes tuvieron a Hoenir Sarthou como protagonista, el primero está referido a su participación en una jornada junto a dos connotados fascistas cuyos videos se pueden ver por Internet, y el segundo está referido a su intervención En Perspectiva sobre el tema de las pintadas en el Memorial al Holocausto.

Sobre el primer acontecimiento se ocupó Brecha en una serie de artículos, en uno de los cuales describía haberse desarrollado "bajo una densa atmósfera fascista (las referencias antisemitas, por ejemplo, fueron múltiples y muy poco disimuladas)..." (1). Sobre el segundo acontecimiento -en cuya intervención abogó por la libre expresión del negacionismo del Holocausto, considerando el hecho de las pintadas como una falta y no un delito pues su contenido negacionista no debería ser prohibido y sí confrontado en una democracia- me ocupé en un artículo anterior. (2) En él señalé las expresiones verdaderamente indignantes que utilizó Sarthou cuando se refirió a la "versión oficial" del Holocausto que debía ser "demostrada".

Nadie que tenga un mínimo de sentido común podrá negar que hay una relación no solo temporal sino también de contenido entre ambos episodios. Partamos de la hipótesis de que estos dos episodios se sostienen para el autor por razón de su filosofía política: en una verdadera democracia tendría que haber lugar para el discurso fascista e incluso nazi, que en todo caso debería ser rebatido por una confrontación de ideas.

Ahora bien, por Brecha nos enteramos que este no fue el caso en la jornada en la que participó: "No es inverosímil que simplemente no supiera bien quiénes, o mejor dicho, qué eran esos tipos antes de aceptar la invitación. En cualquier caso, estando allí, escuchó lo que decían sin chistar. No creyó necesario acotar nada, no levantó su voz para objetar ni el lugar de una minúscula coma en los discursos de sus compañeros de tribuna. Simplemente se limitó a señalar coincidencias. Y encontró unas cuantas."(3)

Esas coincidencias parecen que están referidas a la preocupación por el futuro de los Estados Nacionales. No sabría decir si para Sarthou es el  espíritu democrático  que pregona o es alguna otra razón que no ha explicitado lo que lo llevó a compartir mesa con unos exponentes fascistas y abiertamente antisemitas, al coincidir con ellos en algún otro aspecto.

He tenido oportunidad de intercambiar públicamente con Hoenir Sarthou en el muro de facebook de Rafael Porzecanski y me gustaría copiar algo de lo expresado allí por ambos, que refleja el desvarío conceptual al que llega.

En un comentario afirmó:

"Donde creo que la libertad de expresión debe operar es en la posibilidad de que las personas que quieran hacerlo puedan, por ejemplo, analizar los hechos ocurridos durante la segunda guerra en los campos de concentración, y sostener la tesis en la que crean, o incluso defender los postulados teóricos del nazismo, en tanto no incurran en apología del delito."

P - Me gustaría saber qué quiere decir defender los postulados teóricos del nazismo, en tanto no incurran en apología del delito. ¿Los postulados teóricos sería considerar la raza aria como superior al resto de la Humanidad y considerar a los judíos, por ejemplo, como bacilos que afectan el cuerpo social? Me parece una posición realmente sorprendente que no comprende que aquello que lleva al delito se construye previamente con el discurso.

H - En el caso de lo que decís, el discurso es el delito. Si alguien sostiene que una etnia es un bacilo está injuriando por motivos raciales. O sea, no es el caso que planteo. Esa es la confusión a la que me refiero.

P - ¿Cuáles serían entonces los postulados teóricos nazis que no serían delito?

H - No lo sé. Yo no soy nazi. Supongo que si una persona quiere sostener que no es cierto que en los campos de concentración murió la cantidad de personas que se dice, debe poder decirlo e intentar demostrarlo. En lo que a mí respecta, este es uno de esos casos de "No estoy de acuerdo con nada de lo que dicen (los nazis) pero debo defender su derecho a decirlo (aunque no daría mi vida por eso, a diferencia de Voltaire)

P - Lo sabes, en el sentido de que no hay ningún postulado teórico del nazismo que no se vincule a la apología del delito y el asesinato masivo por razones raciales. Lo que es una contradicción con todo lo que planteás. Además que tú sabes bien que el postular la negación del Holocauto no tiene que ver con desconocimiento sino con una estrategia política que quiere volver a hacer del judío sujeto conspirativo, parte de los postulados teóricos del nazismo.

H - No puedo asegurar que eso sea así en todos los casos. En mi opinión a las teorías autoritarias debe impedírseles realizar actos violentos. El fascismo real no opera sólo con argumentos. Usa hechos, actos, en general violentos. Si no puede ejecutarlos, argumentalmente se lo demuele con facilidad.

 

Es realmente impactante que luego de la segunda Guerra Mundial, en el que murieron unos 55 millones de personas por la ideología nazi, se pretenda plantear defender la democracia habilitando la "libre" difusión política de los postulados teóricos nazis al considerar que es meramente discurso y no hechos...desconociendo que estos últimos se construyen con palabras y que éstas ya son hechos. Por supuesto que  Hoenir Sarthou no nos ilustró con ningún postulado nazi que no esté vinculado a lo delictivo.

No sabría decir si en su filosofía de la libertad el discurso antisemita -postulado teórico central de la ideología nazi- tendría que tener cabida o qué grado de cabida en la actividad política nacional. En este sentido no deja de ser asombroso lo que me escribió en el intercambio: "Si se les permite salir a romper todas las vidrieras de 18 de julio, se imponen por miedo y convocan a cuanto demente frustrado ande suelto. Se vuelven poderosos. Si sólo pueden decir, por ejemplo, que las vidrieras pertenecen a judíos, pero no pueden tocarlas porque se los encarcela, se desdibujan."

En todo caso según él, las pintadas al memorial no fueron un acto de naturaleza antisemita, ni delictiva. Incluso le llegó a decir en otro intercambio a alguien que señalaba lo delictivo de las pintadas: "Los delitos a los que te referís requieren intencionalidad. ¿Cómo saber cuál fue el móvil de las pintadas? ¿Y si fueron un par de gurises haciendo lo que creían una broma?" Lo pueril de la argumentación que supone tal posibilidad es tan palpable como notable.

Lo que llama muy profundamente la atención es la triple negación de Hoenir Sarthou, la de considerar que las pintadas no fueron un acto abiertamente antisemita, y que a toda luz, contra la Historia sangrienta del siglo XX, alguien pueda aseverar contra los hechos de la realidad que el nazismo "argumentalmente se lo demuele con facilidad" y que el antisemitismo, si no va acompañado de hechos violentos, se desdibuja rápidamente. Más que una negación lo segundo y lo tercero parece acercarse más a una desmentida de la realidad, la de ayer y la de hoy.

El antisemitismo ha sido la piedra central del edificio ideológico nazi, es la puerta de entrada de toda ideología que quiere destruir los valores libertarios. Los nazis supieron hacer del anti-sionismo, como muchos virulentos anti-sionistas de hoy y como los dos exponentes con los que compartió mesa Sarthou, su plataforma discursiva de odio. Los valores libertarios se deben defender  a través de la educación, la gran ausente de todo este desvarío conceptual de Hoenir Sarthou; la educación sobre el Holocausto es una pieza central en la defensa de los valores democráticos ante la avanzada siempre acechante de los totalitarismos fascistas, sean del signo que sean, y del nazismo.

Querer en este punto plantear la contraposición "libre" de una idea con otra,  supone una total negación de la irracionalidad y capacidad destructiva del sujeto humano. Es no comprender que la construcción de la Democracia está indisolublemente ligada a la Ley. Ley que está ahí para que se tramiten las diferencias como vía de construcción de un espacio civilizatorio. Confundir esto último como fascismo es no haber comprendido la diferencia entre la represión hija del fascismo y la que es hija del registro simbólico de la Ley que establece límites al potencial destructivo humano para poder vivir en comunidad.

Si alguien trató de alertarnos sobre la potencialidad de la muerte y de la autodestrucción ese fue Freud,  destructor como fue de las ilusiones del racionalismo ilustrado (me quedo con él, con el judío Freud y no con el furibundo y visceral antisemita que fue Voltaire): "El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento."(4) 

El que ve más lejos y comprende que la muerte puede más -esa es la enseñanza de Auschwitz- se angustia más.  Ello es cierto, pero se está más preparado para encontrarse con la verdad del mundo exterior en su inseparable dialéctica con nuestro mundo interno.

 

Bibliografía

1.-Corti,  Anibal: Tercera posición. Brecha -  http://brecha.com.uy/tercera-posicion/

2.-Cúneo, Pablo: Hoenir Sarthou y la democracia pintada. http://www.uypress.net/auc.aspx?80747,67

3.-Corti, Anibal: No hay peor ciego que el no quiere ver. Brecha -  https://brecha.com.uy/no-peor-ciego-no-quiere-ver/

4.-Entrevista al Dr. Sigmund Freud "El valor de la vida" 1926. https://www.facebook.com/profile.php?id=100008686414817

 

Pablo Cúneo

 



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