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Cien años después

Ana Jerozolimski

02.11.2017

Hoy jueves 2 de noviembre, se cumplen cien años de la Declaración Balfour, la carta pública enviada por el entonces secretario de Asuntos Exteriores de Inglaterra, Lord Arthur James Balfour, a Lord Rothschild, y a través suyo, de hecho, a la comunidad judía mundial.

El texto decía:

"El gobierno de su Majestad ve favorablemente el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina, y hará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de este objetivo. Debe entenderse claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina o los derechos y el estatus político que disfrutan los judíos en cualquier otro país".

Los árabes en general y los palestinos en particular, no sólo protestan contra el aniversario sino que inclusive ha habido exigencias a Gran Bretaña a "disculparse" por la Declaración Balfour, lo cual la Primer Ministro Theresa May ha rechazado rotundamente. Las quejas deberían ir mucho más atrás en el tiempo, ya que la fuente del derecho judío a su Estado en la tierra de Israel, no nació en 1917 sino milenios atrás.

Los palestinos alegan que la  Declaración Balfour sentó las bases para una "injusticia histórica" ya que los árabes eran en aquel momento mayoría en la tierra de la que se hablaba. Agregan que la Declaración  violó los principios determinados en el intercambio epistolar que se había dado tiempo antes (concretamente entre julio de 1915 y marzo de 1916) entre Hussein ibn Ali, Sharif de La Meca y el Teniente coronel Sir Henry McMahon, Alto Comisionado Británico en Egipto. En esas cartas, McMahon había aceptado reconocer la independencia árabe  cuando finalice la Primera Guerra Mundial "en los límites y fronteras propuestas" que el líder musulmán había delineado, pero con algunas excepciones.

Pues bien...intentemos aclarar.

- La Declaración Balfour fue importante para el liderazgo sionista como una primera promesa internacional de reconocimiento, pero no fue ella que  creó el Estado de Israel. Ese fue un elemento diplomático que evidentemente tuvo su gran importancia, pero la razón de fondo es el vínculo milenario del pueblo judío con su tierra ancestral, que Balfour confirmó, pero por cierto no inventó.

-Es cierto que había contradicciones entre la Declaración Balfour, la correspondencia McMahon-Hussein e inclusive el acuerdo de Sykes-Picot entre Gran Bretaña y Francia, sobre la repartición de los territorios del imperio Otomano tras su derrota. Lo adoptado finalmente fue lo confirmado en abril de 1920 en la Conferencia de San Remo .Allí, el representante uruguayo Dr. Alberto Guani se manifestó a favor de la creación de un "hogar nacional judío" en Palestina y abrazó la entonces bastante reciente Declaración Balfour. Esta, fue uno de los documentos incluido en la carta que entregó a Gran Bretaña el Mandato en Palestina que comenzó en 1922 y terminó al retirarse los ingleses y ser declarada la independencia de Israel.

- Es cierto que los árabes eran mayoría en la Palestina histórica, la tierra de Israel, cuando apareció en escena la Declaración Balfour. Es que los judíos habían sido expulsados de allí siglos antes.  Pero no volvieron a la tierra de sus antepasados  para expulsar a los árabes -originarios de la península arábiga- ni a buscar conflicto. Se intentó convivir. Se desarrolló la tierra de modo que benefició también a los árabes . La negativa árabe a aceptar la presencia judía, derivada de su imposibilidad de reconocer el vínculo histórico judío con la tierra de Israel, fue el motor del conflicto que de hecho, cambiado formas y matices, continúa hasta hoy.

- No había en aquel momento un movimiento nacionalista palestino tal cual se lo conoce hoy. A fines del siglo XIX, hubo un movimiento de nacionalismo pan-árabe en Mesopotamia, que pretendía distinguir la identidad árabe de la turca de los gobernantes otomanos. Y durante la I Guerra Mundial, a raíz de la mencionada correspondencia McMahon-Hussein, el Sherif de Meca decidió alzarse contra el imperio Otomano y ayudar a Gran Bretaña, para conseguir su independencia de tinte monárquico y familiar en su región. La conciencia de una identidad árabe palestina separada, como la conocemos hoy, no existía, aunque sí por cierto la oposición a la presencia judía.

- La razón por la que no se creó desde entonces el estado independiente que hoy llamaríamos "estado palestino", fue la negativa árabe a compartir la tierra.

Cuando el 27 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 181 de partición, el "sí" de la comunidad internacional allí representada, fue a la creación "de un Estado judío y un Estado árabe". Esa fue la terminología. El liderazgo judío sionista aceptó, aunque al Estado judío se destinaba un territorio sumamente pequeño y en gran medida árido. Aceptó, comprendiendo que la alternativa era arriesgarse a perder el reconocimiento internacional de un derecho histórico judío.

Lamentablemente, el mundo árabe dijo "no". La "Declaración Balfour" que había sido aprobada 30 años antes de esa votación, en nada interfería en la posibilidad de que se creara ese estado árabe que la ONU apoyaba y el liderazgo sionista también. Optaron por lanzarse a una guerra contra el entonces naciente Estado de Israel.

Casi 70 años perdidos, en los que los palestinos, junto a los israelíes, podrían haberse desarrollado en independencia, con soberanía y un futuro promisorio, en paz.

- En el interín, tal cual ocurre en la dinámica de los conflictos, las cosas se fueron complicando más todavía. En 1967 Israel conquistó territorios habitados por mayoría palestina, al responder a la ofensiva árabe en la guerra de los Seis Días . Fueron varios los intentos de acuerdo que no prosperaron.

Hoy en día, se suele recalcar que Israel está encabezado por el gobierno más de derecha de su historia. Eso es indudable. También es cierto que en la coalición actual, hay elementos en el propio partido de gobierno, que se oponen a la creación de un Estado palestino. Claro que eso no ayuda.

Pero también es cierto que gobiernos de  línea mucho más centrista y hasta con tinte de centro izquierda, intentaron infructuosamente llegar a un acuerdo, después de la caída (en la práctica) de los acuerdos de Oslo. Formalmente siguen vigentes y cabe recordar que el funcionamiento de la Autoridad Palestina es un resultado directo de los mismos. Pero es necesario un acuerdo en el que formalmente haya un compromiso de terminar con las reivindicaciones e iniciar una nueva página en paz.

Primero hay que reconstruir la confianza perdida.

Ambas partes tienen motivos para desconfiar.

Dado que se suele recalcar ampliamente los motivos que los palestinos sostienen justifica su desconfianza, me permito aquí recordar los motivos de Israel para la suya: el terrorismo que tiene altibajos pero no cesa , la incitación a la violencia en los medios palestinos, la apología del martirologio, la constante afirmación (no en inglés ante micrófonos, pero si en árabe para consumo interno) de que Israel es un extraño en una tierra al que presentan como ladrón. Con esos mensajes que faltan a la verdad, se envenena las mentes, no se prepara a nadie para un eventual futuro de paz.

Para ese futuro de paz, que hoy parece tan lejano, ambas partes deberán dar pasos dramáticos.

A los palestinos les diría que deben cambiar de rumbo para avanzar y que con presentarse eternamente como víctimas culpando de todo a Israel, no lo lograrán.

A los israelíes que creen que en la situación actual está todo bien, les diría que la separación de los palestinos es clave , ante todo, para el futuro de Israel. Y a los ultraconservadores que creen que cuando la izquierda y el centro bregan por esa separación, están defendiendo "los intereses palestinos", les diría que no, que están equivocados...que lo que están defendiendo es la necesidad de fortalecer a Israel garantizando por siempre su carácter de Estado judío y democrático a la vez.

Desde la publicación de la Declaración Balfour hace cien años, Israel no ha cesado de desarrollarse y avanzar. Primero, en el marco de la población judía durante el Mandato Británico, creando universidades y orquestas ya antes de la independencia. Y luego, en el marco del Estado soberano.

Ojalá los próximos cien años sigan viendo ese desarrollo, pero en paz.



Ana Jerozolimski



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