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Antonio Cafiero, un hombre de muchos tiempos

Juan Raúl Ferreira

10.11.2017

No queremos dejar pasar más tiempo sin recordar que hace un par de semanas se cumplió el 3er aniversario de la muerte de Antonio Cafiero. Con 92 años de edad y 70 de actividad política, se fue una figura que, en ambos márgenes del Río de la Plata era un fuerte referente democrático.

Los grandes terminan trascendiendo sus Partidos. Los muy grandes sus propios países. Hoy se suele decir de figuras gigantes que eran de otro tiempo. Y es verdad. Quienes pueden tener características de grandes estadistas en una coyuntura pueden pasar desapercibidos en otro tiempo. Pero esos gigantes que aparecen de tanto en tanto en la historia logran como logró él, apartarse de los tiempos y mantener su vigencia durante más de siete décadas.

Fue el Ministro más joven que tuvo Perón y se fue a los 92, como un referente de todos los argentinos, y por qué no, de los ciudadanos de ambas márgenes del plata. Fue diplomático en Washington, Preso durante la Revolución del 55, veía a Perón en el Exilio Secretario de Estado, Jefe de Gabinete, Gobernador de Buenos Aires y por unos pocos votos no fue candidato peronistas tras perder las internas con Menem. Senador y luego lo más importante: un referente moral sin cargo alguno que exhibir.

 

Nuestro amigo.

Argentina ha tenido en mi vida tres presencias muy fuertes, distintas e imborrables. La tragedia del Toba y Zelmar en el 76, la primer etapa. El comienzo del regreso a Uruguay con el renacer democrático, segunda etapa. Embajador de Uruguay en Argentina, tercera etapa. Bien distintas ¿no? No se me ocurren otros puntos e continuidad en las tres que dos grandes argentinos, adversarios políticos y hombres de bien. Amigos nuestros, pero sobretodo, amigos del Uruguay, Raúl Ricardo Alfonsín (Radical) y Antonio Cafiero (peronista). Todo un símbolo que demuestra que los grandes nacen en cualquier fila política y pasan a pertenecer a todos. Y demuestra también, y no es poca cosa, que la solidaridad Argentina con Uruguay nunca se debió a afinidades ideológicas sino a la entrañable amistad que desde la visión de estadistas no puede dejar de ser la de hermanos. De nacimiento y de destino.

 

Una etapa de dolor, una de esperanza, una de realizaciones. Y en las tres dos hombres, uno de cada partido argentino, a nuestro lado.

Cuando murió Ricardo, me tomé el primer avión y volé a Buenos Aires. Estuve sin credenciales ni pompa, con su familia, sus amigos como Adolfo Gass e Hipólito Solari Yrigoyen y luego quise irme en silencio y en forma anónima a mezclarme con la multitud. Casi todo lo que puedo contar de Antonio, es válido para él. Pero a Antonio no pude irlo despedir. A él pues, y en honor a todos los argentinos me voy a dedicar.

Desde que desaparecen Toba y Zelmar a el hallazgo de sus cadáveres 24 horas después de asesinados brutalmente pasaron tres o cuatro días. En mi recuerdo, que más que la realidad es lo que a uno le pesa en la vida, parecieron meses. Pasaron tantas cosas tan intensas, que solo la genialidad como Gran Hijo y excelente productor de cine de algún modo pudo rescatar Mateo Gutiérrez en la película Destino Final.

Antonio no se separó de mi madre y de mi un solo minuto. Apenas cuando una noche dormimos unas pocas horas escondidos en el departamento de Alfonsín, por entonces líder la minoría Radical. Cafiero era ya un político fogueado con sus jóvenes 54 años.  Era Director de Planificación del Peronismo. El y Wilson habían hecho buenas migas a partir de un estilo personal muy parecido, hasta en el humor, tan definitorio en la gente. Entre los contactos de uno y de otro, no hubo puerta que no se golpeara.

Salvo algún pasajero viaje a Washington cuando yo trabajaba en la WOLA, no fue hasta el inicio del regreso que nos volvimos, realmente a re encontrarnos. Ibamos a la Argentina, no solo para acercarnos, sino para iniciar el regreso.

Nadie se ha preguntado, y no sabe, por que a poco de llegar, nos cambiamos de hospedaje. El Hotel Colón en Pellegrini entre Lavalle y Corrientes era de su propiedad  preparó allí dos pisos. Uno para la familia Ferreira (Diego Achard incluido)  otro para oficinas, prensa y atención de púbico y autoridades. No pudimos pagar ni un vaso de agua. Y fue algo más que un lugar donde quedarse, fue nuestro primer hogar del retorno. El hogar del regreso a la Patria y a la vida cabalmente concebida.

Antonio iba día por medio cuando no todos los días. "Buen Hotelero" comenté un día al recepcionista que me respondió: "no, nunca viene, ahora por Uds. y para disfrutar a Wilson."

Allí la noche que regresamos, Wilson fue despedido con honores de Jefe de Estado, alguien notará que al lado del Vice Pte. Martínez estaba siempre Cafiero ¿Alguien se habrá preguntado por qué? Porque era nuestro anfitrión.

Estuvimos varios días incomunicados en nuestros respectivos cuarteles. Y un día nos autorizaron tener una "spika" . A varios Kms de distancia uno del otro en sendas dependencias militares, la prendimos y sentimos la voz de cafiero hablando en un multitudinario acto de masas frente al monumento al Gaucho. Ahí estaba el amigo, o podía fallar.

"La cosa pasó" dijera Osiris Rodriguez Castillo. Muere Wilson y Alfonsín, President de los argentinos  viene en el Tango II y con el Pugliese, Cafiero y Unamuno entre otros. Jugó a lo grande, vino con gente de todos los partidos.

Pero Cafiero y Unamuno no se fueron.quedaron junto mamá hasta que sonara en el cementerio el último cañonazo de los honores, el toque de silencio y un grito de "es el clarín de Camundá." Y ahí terminó todo. Mucho mas de lo que imaginábamos.

Nadie me hubiera dicho entonces que en el 2000, el día del aniversario de la muerte del Toba y Zelmar yo iba a presentar cartas credenciales como embajador del Presidente Sanguinetti en Argentina.

Cafiero era Senador pero además una figura Nacional. A poco de regresarme, vino la crisis de la Rúa y Cafiero, o más bien su prestigio jugaban un papel clave que  lo llevó a la Jefatura de Gobierno.

Desde entonces hasta el lunes... no dejamos de vernos. Estuvo con Unamuno en la inauguración del Busto a Wilson donado por Alberto Volonté en la Plaza Uruguay... estuvo... siempre, en todo de uno u otro lado del Río de la Plata.

Verlo era posible en clave de presente, de hoy, pero también del pasado que es tan importante para construir el ahora.

No se si debemos decir que lo extrañamos. . Sería un pecado, sería como hacer de cuenta que no sigue con nosotros.

Dr. Juan Raúl Ferreira

 



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