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Ya no la busques, no la busco yo

Aldo Mazzucchelli

21.11.2017

El oficio de Amir Hamed ha sido escribir. Y sin que el Uruguay se haya acaso notificado del todo aún de lo que él le deja, se trata de una obra que ya no hace falta buscar, porque está en todos lados.

 

Cumplió secretamente su recorrido, y hoy es un secreto a voces. Hoy, en el día del aparente cierre, ya está Amir Hamed en todas las vidas en donde por justicia debe estar. Llegó en sus novelas, en sus columnas de todos los últimos 25 años (en La República de Platón, en Posdata, en Crack, en Henciclopedia, en Interruptor), en un par de reportajes últimos de una cumplida conciencia completa; en su conversación, en sus clases, en sus artículos, en las letras de sus canciones.

"Entre las cosas hay una /De la que no se arrepiente /Nadie en la tierra. Esa cosa /Es haber sido valiente. /Siempre el coraje es mejor, /La esperanza nunca es vana...". Estos muy conocidos versos comparecen hoy por sí solos. El secreto más notorio de esta existencia llena de talentos ha sido, sin duda ninguna para mi, el coraje.
Alejado de los apoyos habituales que, por un destino, a él se le negaron, Amir tuvo que encontrar algún punto de apoyo, algo que no le fallase. Siento que lo encontró en su escribir. A ese apoyo se encomendó, y desde él movió mucha cosa. A sí mismo, y a muchos otros. Ese oficio de hacerse fuerte en la letra, es decir, en la fuerza de lo que es como es, y ya no lo que uno quisiera que sea, es una de las claves de la virtus personal e intelectual de Amir. Quizá esa sea la fuente de la pareja valentía que le permitió, por un lado, decir siempre su convicción con independencia absoluta de los supuestos de lo gregariamente cobarde; por otro, enfrentar un diagnóstico terminal y vivir dos años con él sin una sombra de queja, sin una caída, siempre conversando sobre lo de todos y escribiendo tanto o más que siempre, y siempre mejor. Estaba elaborando una nueva novela cuando las fuerzas ya no alcanzaban para levantar, literalmente, un libro de la cama, o la cabeza de la almohada.

Cuando alguien decide consagrar su vida a pensar, creo que conviene tener presente cuál es su actitud ante las pruebas concretas de la existencia. Amir Hamed ha oficiado en la orden de las letras sin desmentir nunca en sus hechos lo que escribió. Ese es el punto a partir del cual crecerá lo muchísimo que ha dejado, que es una de las obras principales de la literatura uruguaya. Antes de tiempo, espera que el tiempo de los lectores que tiene prometidos la alcance para revelarse por completo. Sin poder pedirle permiso para citarlo-pero sospecho que me lo habría dado-veo su enigma personal de león sirio en parte de la letra de una de las tantas canciones que compuso cuando decidió ser, además, músico. Es una canción que siempre me ha conmovido por lo tanto de grande, y hasta de inmenso, que hay en su pequeña extensión.

SOL CHICO

Sube redonda y sin sonido Queda brillante bajo el agua Desentendida del reflejo En lo profundo está la llama Tan hermosa que hasta hace doler Es tempestad en plena calma A veces creo me voy a romper Si no dejo de mirarla. Está en el centro y su alrededor Ya no la busques, no la busco yo.

Artículo publicado en La Diaria, bajo el título "Blues Band"

Aldo Mazzucchelli

 



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