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Espejo latinoamericano: Bolivia o el vaticinio de una tercera Cuba

Fabricio Cerna Salazar

30.11.2017

Jorge (Tuto) Quiroga entregó la banda presidencial de Bolivia en el año 2002. Tres años después, tras una gravísima crisis social, el dirigente indígena Evo Morales llegó a la presidencia y hasta la fecha no ha dejado el poder.

El martes el oficialismo boliviano alcanzó el cometido encomendado por el presidente: lograr, por la vía legal, una nueva reelección de Evo Morales como candidato en las elecciones presidenciales de 2019 utilizando un argumento alucinante: permitir la candidatura "en nombre de los derechos humanos". Poco antes, Tuto Quiroga, desde Perú, alertaba de la delicada situación boliviana en el marco de la coyuntura latinoamericana.

 

La crisis venezolana, la situación boliviana y las alertas de corrupción encendidas en todo América del Sur son motivo suficiente para un análisis sesudo de un político en vigencia. El expresidente boliviano Jorge Quiroga* llegó a Lima invitado por la Universidad César Vallejo como expositor del primer Governance Conference Global Meeting - Perú 2017: 'mejores gobiernos, ciudadanos felices'.

 

Se esfuerza el oficialismo boliviano por pretender descalificar a la oposición política que usted representa. ¿Cuál es su posición al respecto? 

Yo no tengo obsesiones personales de cargos porque los he tenido con honor en mi país y estoy satisfecho de ello, pero sí quiero asegurarme que en mi país mis hijos, nietos, mi Bolivia, no sea enclave narcoautoritario, satélite de la atroz, feroz, pura y dura dictadura que mal gobierna Venezuela. Esa es una obsesión que tengo hace mucho tiempo. Yo quisiera elecciones libres y justas, instituciones independientes que sancionen la corrupción, prensa libre que la investigue, que la denuncie, oposición que pueda garantizar que no se perpetúe y gobernantes que cumplan lo que señala la constitución y se vayan a su casa y hagan maletas y caminen por la calle. Que puedan venir a una universidad explicando qué hicieron o qué no hicieron tranquilos. Que respondan ante la historia si hubieran cometido actos dolosos. Entonces, esta posición es siempre incómoda para ellos. Yo conocí al señor Chávez, conocí el peligro que significaba porque no era ningún Cantinflas, era un hombre muy talentoso políticamente, con una petrochequera gigantesca, casi infinita, pero que ha hecho un enorme daño. Me duele que en mi país tengamos un gobierno servil a [Nicolás] Maduro y a su narcodictadura y que busca replicar ese modelo de perpetuarse en el poder, de perseguirnos y enjuiciarnos a los opositores, callar la prensa fomentando actividades de corrupción y narcotráfico. Yo quiero vivir en una América Latina libre de las tentaciones autoritarias.

 

¿Estas son tentaciones que parecen más bien un modelo replicable?

En este caso, narcoautoritario exportado desde Venezuela, por supuesto. Aunque, por ejemplo, Perú ha tenido la fortuna de estar vacunado. Aquí nunca llegó a fincarse ni a consolidarse el proyecto autoritario tiránico de Venezuela. En mi país, Bolivia, sí. En Ecuador los años que se vienen van a ser determinantes para ver si es el germen de ese proyecto que está menguando en Venezuela subsiste y puede lograr revivir, fortalecerse y contagiar o irradiar a otros países. O, en todo caso, si se impone un modelo de gobernabilidad más democrática, con funcionario público competente por mérito no por favores. Esos dos modelos están en disputa y en buena medida Perú simboliza lo que es un país más allá de los problemas con instituciones democráticas. Aquí sí hay corrupción pero se la castiga, se le investiga y no hay impunidad.

 

Si hablamos de un modelo, hablamos de un patrón que seguir...

Efectivamente. El de Hugo Chávez era un proyecto populista para llegar, hegemónico para consolidarse y tiránico para perpetuarse. Ya está hace mucho tiempo en la fase tiránica, abusiva, represiva, atroz, feroz, persecutoria del que piensa diferente, que amordaza a la prensa, que busca apresar, callar a jóvenes universitarios que marchan, que twittean, que protestan y es triste porque ese proyecto fue exportado al influjo de la petrochequera de ese país y llegó a dominar a América Latina en este siglo XXI. Está claro que no tenía sostenibilidad.

 

¿Cuál es el antídoto al que recurrir?

Si uno quiere tener democracia institucional debe tener estas condiciones: elecciones justas, limpias y transparentes; prensa libre, sin temor a que a uno le cierren el canal o la radio como ocurre en países autoritarios; tener el derecho de hacer oposición sin que esto sea materia justiciable y lo metan preso como sucede en Venezuela; tener instituciones independientes: contraloría, fiscalía y justicia que investigue.

 

Las alarmas de corrupción se han encendido en toda Latinoamérica. ¿Es debilidad institucional la serie de escándalos de corrupción?

No, de ninguna manera. Yo creo que hay que separar dos cosas: la corrupción de la impunidad. Grave es la impunidad como en el caso de Venezuela donde hay una corrupción galopante. En Brasil el personaje de la década en América Latina es un juez así, un poco pequeñito (hace un ademán de poco más de metro y medio de altura), cuyo nombre es Sérgio Moro. Es el juez que ha hecho Lava Jato. Con la delación, la detención preventiva, la diseminación informativa ha creado un triángulo donde se aplica la ley y hombres muy poderosos en Brasil, empresarios como Odebrecht, el dueño de OAS, diputados, ministros, senadores, ex presidentes como [Luiz Inácio] Lula da Silva, quien apadrinó esta red gigantesca de corrupción, están con sentencia por el implacable [Sérgio] Moro y todo el sistema judicial.

 

Insisto, ¿tantos casos de corrupción no son sinónimo de debilidad institucional?

No, al contrario. Es una fortaleza el tener instituciones judiciales independientes que puedan investigar, sancionar y sentenciar la corrupción. Ojalá genere un escarmiento para que no se siga repitiendo. Evidentemente el examen vendrá si de aquí a 10 años en Brasil otra vez viene este sistema de los préstamos baratos corruptos a la empresa adjudicada a dedo con un sobreprecio gigantesco, repartiendo y corrompiendo dinero por todos lados, doblegando voluntades. Ese es el avance institucional: tener la capacidad de independencia judicial de investigar y sancionar para evitar que se repita.

 

Presidente, hay elecciones a la vuelta de la esquina. ¿Cuál es el panorama?

No quisiera pensar que el próximo año viene recargada la tinta... México, Brasil y Colombia es más de la mitad de la población de América Latina y dos terceras partes de la economía. Si tú me dices va a llegar el señor [Andrés] López Obrador en México, va a volver [Luiz Inácio] Lula da Silva en Brasil, van a entrar la FARC con fuerza en Colombia, que Dios nos agarre confesados. Ahí tendremos que hablar de la resurrección y fortalezas de los populismos autoritarios.

 

¿A qué nos enfrentamos?

Sería terrible, pero esto dependerá de los votantes de esos países. Y no es que yo conozca a Lula. Nunca he tratado con él, menos mal, pero me parece que si se va a investigar y sancionar la corrupción transnacional de empresas brasileñas en Perú, en Colombia, en República Dominicana, también debe de recibir una sanción ejemplar en Brasil porque en Perú se investiga y se tiene detenciones con otros expresidentes que han hecho, que están acusados de tener asociaciones con empresas brasileñas. Pero mire usted qué pasa con el presidente de Brasil que armó todo este entramado de empresas brasileñas y gobiernos y ministros que caían en estas redes de corrupción. Sería trágico que el lugar donde se armó todo este esquema de corrupción solo metamos presos a los empresarios, a Odebrecht, al señor de la OAS, pero el que armó todo esto, que es el señor [Luiz Inácio] Lula da Silva, que vuelva sería un impacto negativo.

 

¿Las condiciones de las que hablábamos ofrecen estabilidad a los países?

Efectivamente. Mira cómo las denuncias de Odebrecht que llegan y permean a toda América Latina, en Perú, en Colombia se investigan. ¿Sabes qué ocurre en Venezuela? Se tapan ¿Por qué? Porque no hay instituciones independientes, no hay prensa libre, no hay oposición que pueda fiscalizar, y el último elemento de la democracia es cumplir el mandato de fecha establecida por constitución e irse a casa. Esto es algo que a los autoritarios les cuesta hacer. Aquí tú sabes muy bien que el presidente PPK [Pedro Pablo Kuczynski] termina su mandato en la fecha establecida y se va a casa y responde ante la historia. ¿Usted sabe de [Nicolás] Maduro y Evo Morales? No sabemos cuándo termina. ¿Por qué? Porque buscan cambiar, modificar las reglas para perpetuarse en el poder y para usar y abusar del Estado para mantenerse con la vaca lechera...

 

¿La vaca lechera se ordeña con la izquierda?

No es un tema de izquierda o derecha. Carlos Fuentes, un gran escritor mexicano, cuando le preguntaron sobre el extinto Hugo Chávez en Venezuela si era de izquierda dice no. Carlos Fuentes responde: «de izquierda soy yo, Chávez es un Mussolini tropical». No hay que dejar que nos pongan los rótulos de izquierda o derecha que utiliza gente que ha privatizado el Estado para beneficio personal y que se hace llamar socialista del siglo XXI. No son más que una pandilla de socios listos, ladrones y delincuentes.

 

Bueno, dejémoslo como populismo autoritario para no encasillarlos en la izquierda. ¿Dicha figura no ha prosperado?

Más bien está claro que está en retroceso. Si miras el socialismo del siglo XXI hace unos años tenía 22 de 34 votos en la OEA y al Secretario General a su servicio. Veamos en Ecuador el viraje que ha dado Lenin Moreno respecto a [Rafael] Correa. Un hombre de su proyecto pero claramente demócrata, institucional. Él está haciendo un referéndum a la inversa de lo que sucede en Bolivia: un referéndum para eliminar la reelección indefinida (de la cual se podría beneficiar) y limitarla a una sola. Mientras Evo Morales, discípulo de [Nicolás] Maduro en Bolivia, está violando con un referéndum para intentar quedarse para siempre. Ese es el contrasentido: quién es demócrata, quién es institucional, quién respeta a la república entendida como separación de poderes, instituciones y la libertad de prensa. Ese es el verdadero desafío. Está claro que el proyecto de socialistas está en franco y abierto retroceso, pero está claro que aún en Venezuela, que es donde se está dando una catástrofe humanitaria y una debacle económica, esto se está sosteniendo vía represión.

 

¿Qué es lo que sigue después de esto? La situación en Venezuela y Bolivia es delicada...

Lo que va a pasar es que si el hemisferio no actúa con firmeza, con constancia, con sanciones contra los delincuentes que están expoliando la hermana Venezuela, se pueden quedar allí. Si se queda Venezuela y se vuelve una segunda Cuba pueden hacer de mi país [Bolivia] una tercera y allí seguirá, pero ya no será populismo autoritario sino gobierno dictatorial. En el caso de Venezuela será narcodictatorial, una suerte de narco-Cuba. Eso es lo que está intentando hacer el señor [Nicolás] Maduro en Venezuela y por eso el hemisferio debe dar una respuesta de sanciones y acciones externas.

 

Jorge Quiroga ha cumplido 15 años como expresidente de Bolivia. Resalta de su gestión el lanzamiento oficial del Fondo Especial de Reactivación Económica (FERE), la ejecución del Plan de Empleo Nacional de Emergencia (Plane), la implementación del proceso de institucionalización en el Servicio Nacional de Caminos y el Servicio Nacional de Impuestos Internos. También la construcción del gasoducto Yacuiba - Río Grande, la ejecución del Censo Nacional de Población y Vivienda en el año 2001 y el impulso a la aprobación de la ley para modernizar la Carta Magna de Bolivia.

 

 

Fabricio Cerna Salazar

(Trujillo, Perú) es periodista especializado en temas de análisis coyuntural latinoamericano. Artículos de su autoría han aparecido en medios como el diario El Mundo de Córdoba, El Heraldo de México, El Comercio de Perú y la revista Cultura Errante. Es corresponsal de América del Sur para el portal informativo Hemisferio Zero y columnista de la Agencia Uruguaya de Noticias.




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