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Un año sin la Vieja

Juan Raúl Ferreira

30.11.2017

A  lo largo de la vida, uno cree que se prepara para despedir a los padres. Cuando llega el momento, nadie, nunca, está preparado. Hay una vida antes y una después de la muerte del padre. Y en forma distinta, una antes y otra después de la muerte de la madre.

Muchas veces, pensando en que ese momento llegaría me preguntaba ¿cómo se les recordará después? ¿A qué edad se les recordará? ¿O cada vez que emerja la evocación de momentos compartidos, se les recordará de diversos modo?

A papá lo recuerdo con la corbata floja, sin saco, con su camisa a cuadros en la Explanada. Muchos dicen "a mi me gusta el Wilson de la Explanada." El sensato... pero no recuerdan con el mismo entusiasmo la época de la CIDE, Nuestro Compromiso con Usted, la lucha implacable contra la dictadura. Leen la explanada como una reculada. No entendieron nada, ni recuerdan bien las cosas que dijo en ese discurso. Para mi la explanada fue la síntesis de su vida pública. Fue cambiando con el cambio de los tiempos, pero  la línea de conducta, la visión del país a construir, fue siempre la misma, con aciertos y errores en el camino. El Padre que extraño es el de la película de Mateo. El dela verdadera Explana, en medio de un explosión de Unidad Nacional.

A mamá la recuerdo en distintas etapas de la vida. Extraño su apoyo, su capacidad de sostén aún en  los momentos más dramáticos que nos tocó vivir. También en momentos alegres y divertidos. Pero lo que más sigo recordando son los momentos que siendo profundamente dolorosos ella actuaba como apoyo para que pudiéramos seguir adelante.

Sin embargo esos son recueros de episodios, momentos de la vida. Mas cuando pienso en ella simplemente, la imagen suya que se me aparece es ya de muy viejita. Con la misma sonrisa de siempre, debilitada físicamente, pero con una fortaleza de roble. También de viejita sufrió incomprensiones. Y extrañaba mucho a papá. Pero no con nostalgia ante un ausente, lo llevó los casi 30 años que lo sobrevivió sin tristeza. Más bien revisando papeles y fotos permanentemente, y recordándole.

Esa Susana muy mayor, era también una síntesis de su propia vida. Cuando ya no podía vivir sola (era muy independiente) yo me mudaba al centro y la invité a venirse conmigo. Pensé que iba a ser muy difícil convencerla. Pero  la vida tiene etapas y ella para cada una, tenía muy claro como actuar. El que piense que era una mujer fácil de llevar de las narices (hace poco lo insinuó un diputado en una carta que recibí) es porque nunca la trató en su vida.

Tenía, aun ya muy mayor un carácter fuerte. Tierna y dulcemente fuerte.  Por eso mi sorpresa cuando de entrada me dijo que sí. Nos mudamos a un edificio en el centro, viejo y grande. (Yo estaba separado, pero vivían allí mi hijo mayor y sucesivamente un hijo y una hija de mi hermano que vivieron mucho en casa). Los amigos de mi hijo que siempre fue de barra numerosa, llegaban e iban corriendo a su cuarto a sentarse al piso y escuchar cuentos. Luego me volví a casar con la misma mujer y se agregaron a la patota familiar mi esposa y mi hija menor. Mamá no estaba sola nunca.

Pero los años pasaban. Hubo  que operarla sin que se le pudiera poner una válvula en el corazón. Pero se recuperó muy bien. Un día conversaba con el obispo Sturla, que la mimaba mucho. Este sale y nos dice que Susana se va a una casa para personas mayores. Yo confieso que tenía una rara sensación. Pero como dijo el propio Sturla, "si ella no molesta, pero cree que molesta, la que sufre es ella."

Aprovecho para agradecer públicamente a todo el personal de Residencial Magna de Barra de Carrasco (calle Niteroi) por el trato maravilloso que recibió allí. Era, no su segundo, si no su nuevo hogar. Daba gusto llegar a verla y encontrarla leyendo (horas al día) y siempre alegre y con cuentos divertidos que compartir.

Esa persona ya muy mayor, era inconfundiblemente la misma que me ayudaba con los deberes de pequeño, que me acompañó en mis primeros pasos políticos junto a mi padre, compañera de exilio y sostén de la familia. No me imagina al viejo manchando los cambiantes momentos del exilio sin su apoyo. Ya su vez militaba. Buscaba sola y espontáneamente ayudar a las mujeres que, o buscaban a sus maridos desaparecidos o vivían el exilio separadas de ellos porque estaban presos. O mujeres como Marta Vilar que vivió las dos circunstancias seguidamente.

Cuando asesinaron dando Misa a Monseñor Romero ("Monseñor", como le llamaban sus paisanos, que hoy ya le bautizaron San Romero de América)  mamá me escribió. "No se que me tiene mas triste, la muerte de la esperanza del pueblo salvadoreño, o saber lo triste que debes de estar. No olvides si querés honrarlo que fue él que te enseñó a que la esperanza no puede ser vencida por la tristeza, que cuando muere un amigo, no hay que llorarlo sino evitar que su muerte haya sido en vano."

El próximo martes 5 de diciembre a las 9 y 30 el Senado de la República le rendirá homenaje. Todos y todas  están invitados.

Sigo sorprendido de las cartas, papeles, libros con anotaciones, algunas de joven y otras escritas ya viejita. Entre estas, en la ante tapa de un libro sobre la guerra española (Pierre Vilar) con más de 90 años escribe:

"La Guerra Civil Española (nuestra guerra)contribuyó en gran parte, a que Wilson y yo no enamoráramos. Cada acontecimiento (fuera llegada a Uruguay de algún republicano, o algún homenaje a los leales, me llevaba Tatina (su madre) Wilson siempre llegó antes que nosotros, nos acompañaba, iba en el bus a casa, ¡nos pagaba el boleto! De algo tan trágicos (de lo que éramos fanáticos) surgió todo."

 

Un resumen de su vida juntos: Una historia de Amor y Lucha.

 

Dr. Juan Raúl Ferreira

 

 

 

 

 



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