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JERUSALEM, LA VERDAD

Ana Jerozolimski

06.12.2017

Podríamos preguntarnos para qué sirven las declaraciones del Presidente de Estados Unidos Donald Trump reconociendo -tardíamente- a Jerusalem como capital de Israel, si aportan algo sustancial concreto o simplemente desata una tormenta innecesaria. Pero lo claro es que el reconocimiento norteamericano, que al parecer será proclamado este miércoles de noche,  no cambia la realidad en el terreno.

Jerusalem ES desde hace décadas la capital de Israel . David Ben Gurion la proclamó como tal el 5 de diciembre de 1949, poco después de finalizada la guerra de independencia.

En Jerusalem funcionan todas las instituciones de gobierno, la Suprema Corte de Justicia y  la Kneset (Parlamento).Únicamente el Ministerio de Defensa y la Kiria, o sea la sede del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, se encuentran en Tel Aviv. E inclusive los países que no tienen embajada en Jerusalem, saben que es en Jerusalem que sus embajadores presentan credenciales y donde mantienen todos los contactos políticos al máximo nivel.

Ahora, con el reconocimiento inminente de Trump, las amenazas palestinas de violencia y la nueva resolución de hace pocos días en la ONU que llamó a Israel de "potencia ocupante" en Jerusalem,nos parece ineludible hacer algunas aclaraciones. Ni siquiera nos detenemos en la parte histórica antigua, en el hecho que Jerusalem jamás fue capital de absolutamente ningún poder sino únicamente del Reino judío de David y Salomón y luego, en la era moderna, del Estado de Israel. Concentrémonos ahora en la historia más reciente.

Concentrémonos en la historia moderna, en cómo se llegó a los términos "Jerusalem oriental" y "Jerusalem occidental", a una ciudad dividida , en cómo se llegó a la conquista de la Ciudad Vieja por parte de Israel en junio de 1967, presentada como ocupación ilegal por los palestinos y por quienes levantaron su mano en la ONU el 30 de noviembre, declarando nuevamente a Israel como "potencia ocupante" en la ciudad.

* Cabe recordar que según la resolución 181 de la ONU, que recomendaba la partición de Palestina en un Estado judío y otro árabe, Jerusalem y Belén debían quedar fuera  y recibir el estatuto de "corpus separatum", bajo gobierno internacional administrado por las Naciones Unidas. Diez años después, se determinó, habría un referéndum y la población de la ciudad decidiría de qué lado quiere estar. Muy a su pesar, ya que Jerusalem era considerada su corazón, el liderazgo judío de entonces, antes de la creación del Estado, aceptó también esa parte, para poder fundar el Estado de Israel independiente. Los árabes, que rechazaron la resolución y optaron por la guerra, claro está que rechazaron también esa parte. Ya entonces, Jerusalem tenía mayoría judía.

* Jerusalem nunca había estado dividida. A lo largo de la historia, no existió jamás eso de "oriental" y "occidental". Lo que dividió por primera vez la ciudad, fue el ataque de Jordania en 1948, cuando a fin de impedir la creación del Estado de Israel a favor del cual se había votado poco antes en la ONU, los árabes se lanzaron a la guerra.

* Los aproximadamente 1500 habitantes del histórico barrio judío de la Ciudad Vieja de Jerusalem, fueron expulsados. La línea divisoria informal en la que se detuvieron los combates, quedó en la práctica como la línea de alto el fuego, del armisticio, que dividía por primera vez en la historia a Jerusalem en dos partes. El territorio que se hallaba al Este de esa línea, quedó bajo control de Jordania, incluyendo la Ciudad Vieja con todos sus santuarios. La parte al Este de la línea del alto el fuego, fue anexada por Jordania  y declarada unos años después, en 1953, "segunda capital", después de Ammán. La parte al oeste de la línea de alto el fuego, fue declarada por Israel su capital.

* Contrariamente a lo pactado en el armisticio firmado al finalizar la guerra en 1949, Jordania no permitió el acceso de los judíos a sus santuarios, ni al Muro de los Lamentos ni a las diversas sinagogas que funcionaban en la Ciudad Vieja de Jerusalem. En realidad, hubo restricciones también sobre la población cristiana y tampoco el acceso a los lugares sagrados del Cristianismo del lado jordano era libre.

En la ciudad vieja, que quedó del lado jordano, al Este de la línea divisoria producto de la guerra, había  casi 60 sinagogas, la mitad de las cuales fueron convertidas en establos y destruidas. Las lápidas de las tumbas en el cementerio judío en el Monte de los Olivos, que data de hace miles de años, fueron destruidas y utilizadas para pavimentar calles y como letrinas. Claro está que tampoco se permitía a judíos ser sepultados en el lugar. Las limitaciones llegaron a su fin recién cuando Israel conquistó la Ciudad Vieja en junio de 1967.

* En 1967, al estallar la Guerra de los Seis Días- en la que Israel disparó técnicamente el primer tiro cuando ya estaba claro que Egipto y Siria estaban por lanzar un ataque combinado-, Israel intentó impedir la apertura de un nuevo frente al Este, con Jordania. Se aclaró al Rey Hussein que si él no ataca, Israel tampoco le atacará a él. Pero el monarca jordano no pudo resistir las presiones de Gamal Abdel Nasser desde Egipto y creyó sus mentiras, que estaba casi por llegar a Tel Aviv. Hussein cometió el gran error de comenzar a cañonear Jerusalem, la parte bajo gobierno israelí desde 1949.

Israel respondió al ataque, conquistando no sólo la Jerusalem bajo gobierno jordano sino también Cisjordania (Judea y Samaria).

Israel conquistó Jerusalem Este por la fuerza, claro que sí. Pero fue repeliendo un ataque en su contra. No fue su iniciativa ni siquiera la liberación de la Ciudad Vieja. Una vez que Hussein atacó, claro está que era la oportunidad de liberar el Muro de los Lamentos y, a sus ojos, hacer justicia histórica.

* Cabe recordar que al conquistar la Ciudad Vieja- en lo que para Israel fue "liberación" y para los árabes "ocupación"- , más concretamente el 27 de junio de 1967 o sea tres semanas después de terminada la guerra de los Seis Días, Israel extendió su legislación y jurisdicción a Jerusalem Este. No usó el término "anexión", consciente de la problemática política que ello significaba. A los árabes de la Jerusalem antes gobernada por Jordania, conocida desde entonces como Jerusalem oriental, se dio residencia permanente y a quienes lo desearan, derecho a solicitar ciudadanía israelí.

 

* Todo esto no quita que en la práctica, la reunificación de Jerusalem va acompañada de no pocas tensiones. Por un lado, es un hecho que hay una convivencia que sorprende a quien llega del exterior y ve a judíos, musulmanes y cristianos cruzándose diariamente en camino a sus respectivos lugares de oración. Por otro, claro que hay aquí dos mundos muy distintos entre los que sigue existiendo una línea divisoria cultural y política. No creemos que sea sabio para Israel mantener dentro del perímetro de su capital a barrios árabes que nada tienen que ver con la historia judía en la ciudad .

Pero la necesidad de alcanzar eventualmente una fórmula política que permita conciliar todas las reivindicaciones, no puede tergiversar la historia ni hacer olvidar lo ocurrido en Jerusalem, donde la división fue producto de una guerra que Israel nunca quiso ni tampoco inició.

Los palestinos sostienen que Jerusalem será la capital de su futuro Estado independiente. Lo que surja de eventuales negociaciones, no lo podemos prever. Pero la historia, sí la conocemos: Israel no le quitó la capital a los palestinos. Jamás existió en la historia un Estado palestino y Jerusalem jamás fue su capital. Las amenazas de violencia, por más fuertes que sean, no pueden cambiar la historia.



Ana Jerozolimski



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