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Victoria de la política

José Antonio Vera

26.12.2017

El grueso de la ciudadanía urbana paraguaya, generalmente electorera e individualista, ha comenzado a virar su indiferente y egoísta comportamiento y, en un alto porcentaje viene de lograr una contundente victoria política contra la antipolítica que, desde hace cuatro años se ejerce con altanería y desprecio ontológico desde el Poder Ejecutivo y el soberbio equipo de gerentólogos que conforman el anillo más intimo de Horacio Cartes.

Ese vuelco cívico ha permitido develar un enjambre de corrupción protagonizado por los más encumbrados jerarcas de los tres poderes del Estado, generando una avalancha de escándalos que ocupan la atención pública desde hace diez días, tras conocerse los resultados de las internas de los partidos más grandes, el Colorado, gobernante, y el Liberal, con  dos millones 300 mil afiliados que reivindica el primero y la mitad el segundo. El sector disidente a Cartes lo derrotó por cerca de 90 mil votos.

La técnica del cruce de llamadas, en posesión de apenas tres o cuatro organismos internos, a los que, probablemente, ayudaron servicios extranjeros de espionaje, ha descubierto un segundo piso en la estructura del poder político nacional, con mucha mayor influencia en las decisiones de fondo de lo que debe primar en un régimen de lo que conocemos por democracia.

Tras la difusión de decenas de conversaciones, de las cientos que estarían grabadas,  varias desde la misma residencia presidencial, han comenzado a caer fusibles de diversa potencia, en primer lugar el Presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, el Senador González Daher, quien perdió ese privilegiado sillón, del que dirigía el mundillo judicial, y también fue desaforado de la cámara alta.

Poderoso padrino, a menudo abrazado con Cartes y jurando ambos, católicos se dicen, total inocencia frente al cúmulo de denuncias por corrupción que los están acorralando, González Daher también ha perdido a su equipo de colaboradores, a los cuales se les escucha dar órdenes a jueces y fiscales para que desliguen a ciertos amigos de imputaciones, procesos y condenas diversas, que pesan sobre correligionarios, parlamentarios de diversas bandas, académicos, empresarios, militares, policías, religiosos, y un largo etcétera.

El problema tiene varios efectos inmediatos en vista de las elecciones generales, previstas para el 22 de abril, porque González Daher, ahora sin inmunidad, sólo tendría que esperar seis meses para recuperarla, pues ocupa el ganador tercer puesto en la lista de Cartes para el próximo período parlamentario y, aunque la derrota sufrida en las internas por el cartismo lo trasplantó a un quinto lugar, planea el temor ciudadano de que recobre su impunidad y las dos sanciones que tanto han  celebrado miles de paraguayos, queden anuladas.

 

Cartes, poderoso empresario multimillonario, sospechado desde varios ángulos internos y extranjeros, de ser parte activa del mundo delictivo transfronterizo, hace apenas seis o siete años que irrumpió en la actividad pública ignorando a la política como actividad noble, convencido de que con dinero y astucia se puede alcanzar la gloria humana. Se confundió y, entre la avalancha de comentarios circulantes, hay quienes estiman que, en los próximos meses, también podría perder la abusiva impunidad de que goza, tras someter a su arbitrio al Parlamento y al Poder Judicial, dos zócalos donde a diario se multiplican los escándalos de ineptitud y corrupción. Una repulsa que va en aumento, ha sepultado el apoyo y la esperanza popular que conquistó hace cuatro años.

En las elecciones nacionales de abril próximo, se elegirá al Presidente de la República hasta el 2023, entre el colorado disidente Mario Abdo Benítez y el liberal Efraín Alegre, que encabeza la Alianza GANAR, integrada por el alicaído Frente Guasú, obra del exPresidente Fernando Lugo, el movimiento Avanza País y otros emblemas menores. En recientes declaraciones, el exObispo afirma que sin ese frente es imposible derrotar a los colorados, sin recordar que el Golpe de Estado, que sufrió en junio del 2012, fue encabezado por el mismo Partido Liberal. 

La supremacía colorada es aplastante hasta ahora, en un padrón nacional que consigna cuatro millones 300 mil mayores de 18 años, habilitados para votar, quedando fuera de los registros colorado y liberal, más de un millón de ciudadanos entre los cuales se manifiesta a diario, posturas abstencionistas, fenómeno que en estas internas fue de 54 por ciento. La ausencia de propuestas y de líderes convincentes explica esa tendencia que se agrava por el descrédito que arrastra la política.

Cartes encabeza la lista al Senado por su derrotada fracción "Honor Colorado", en una irregular interpretación de la Constitución, que prohíbe la acumulación de cargos. El traspaso de la banda presidencial se hace todos los 15 de agosto de cada cinco años, pero resulta que si fuera electo senador, como es previsible,  deberá jurar el uno de julio, es decir que durante 46 días operará  ilegalmente sobreponiendo las dos funciones. La persistencia, en sí, lo deja fuera de la ley.

En aplicación correcta de la primera norma institucional paraguaya, todo mandatario saliente es ungido Senador Vitalicio automáticamente, con voz pero sin voto, y cuando en el 2008, Nicanor Duarte Frutos cometió la misma irregularidad que Cartes ahora, y siendo Presidente se postuló y salió electo a la Cámara Alta, su jura recibió el rechazo de la mayoría de los miembros y quedó fuera del  hemiciclo, al que recién ahora tiene firme probabilidad de ingresar como titular.

Abdo Benítez, cabeza de la fracción disidente, ganó por más de 90 mil votos, una diferencia que despejó toda duda, y calmó los exaltados ánimos que prevalecieron in-crescendo durante la muy larga campaña de más de un año, tiempo que Cartes abandonó su papel de mandatario de todos los paraguayos, y se convirtió en un agresivo jefe de campaña de una movilización que requirió millones de dólares de inversión, intentando despertar a una población descreída de los políticos, desde abajo hasta arriba, y amaestrada para ver la política como una actividad excluyente, inútil y prostituida, en la cual no conviene involucrarse.

Esa visión se alimenta con la práctica visible de enriquecimiento fácil e ilícito desde las plazas más prominentes de los tres poderes del Estado, del mundo académico y empresarial, de la banca, del ejército y la policía, que viene alimentando el cartismo y, a plena conciencia y  sin el menor escrúpulo, ha ido debilitando la militancia en los movimientos sociales, con excepción del campesinado, de focos sindicales, y de franjas de estudiantes de la media y superior, que en los dos últimos años han ocupado algunas facultades, recibiendo, aunque algo tarde, expresiones solidarias de familiares y docentes con sus reivindicaciones de educación mejor y gratuita.

Desde años antes a su actual ejercicio presidencial, Cartes impuso su vocación triunfalista en los negocios, del tipo que sea, a tal punto que se convirtió en inversionista de casi todas las fuerzas partidarias en pugna en el país, y esa práctica calculadora y pervertible, permite que hoy sea acreedor de varios suculentos pagarés, los cuales puede utilizar en cualquier momento como moneda de cambio para mantenerse a flote. A ello se agrega su actividad como mayor fabricante de cigarrillos de Paraguay, acusado de contrabando en varios países, la compra de clubes de fútbol y su vinculación con la Confederación Sudamericana (CONMEBOL), durante la presidencia del Arquitecto Fadul, preso y condenado en los últimos días en Estados Unidos.

Observadores avezados no descartan que Cartes se convierta en el mayor financista para las nacionales de abril, sin que nadie se atreva a aventurar a cuál de los dos candidatos sostendrá, si a su correligionario, que lo derrotó, y con quien podría fundirse en otro tradicionalmente hipócrita "abrazo republicano", o al liberal Efraín Alegre, cuyas filas acusan fuertes angustias de recursos y  buscan filántropos de cualquier color, que hasta podría ser un Cartes resentido con el propio e infiel Partido Colorado, en el que nunca fue integrado porque el viejo pensamiento estronista siempre le vio como un simple intruso inquilino que lo utilizó para llegar a la presidencia.

Informes del espionaje norteamericano, ubicaron hace un tiempo a Cartes como cabeza de una asociación regional ilícita, y todo su accionar último confirma su convicción de que entiende la política como otro rubro de alta rentabilidad financiera que le ofrece, además, la ventaja de blindarlo en cuanto antojo se le ocurra, en una demencia de poder que hasta ahora sólo frenaba el Gobierno de Estados Unidos, pero que ahora está obligado a reconocer que también la ciudadanía de su país, harta de sus abusos y humillaciones, comenzó a pronunciarse en su contra.

El rechazo popular a su proyecto primigenio de privatizar las empresas públicas, ha fracaso y sólo opera con la tercerización de algunos servicios, aunque su mandato registra un espectacular crecimiento edilicio moderno con fabulosas inversiones de capital, cuyo origen desconoce el pueblo mantenido desinformado de toda la actividad del Estado.

Algunas obras de infraestructura, muy publicitadas por Cartes en sus órganos de prensa, otro rubro donde ha invertido fuerte, se han construido en paralelo con un inusual endeudamiento del país en unos 8 o 9 mil millones de dólares. Ante sus ojos, predomina el lavado de dinero, la narcopolítica, y la usura y especulación de capitales transnacionales, en particular en la compra de vastas zonas del territorio nacional.

Las organizaciones de labriegos, que constituyen la fuerza gremial más poderosa del país, en su más alto porcentaje han optado por ignorar las elecciones internas de los partidos, y en particular la Federación Nacional de Campesinos decidió permanecer fuera de la Alianza GANAR, que desde las internas del domingo, se constituyó en la principal fuerza de oposición para las presidenciales.

Abdo Benítez enfrenta el desafío ciudadano de demostrar que su victoria no será pírrica, la cual aplaude un buen número de ciudadanos porque derrotó a Cartes en la figura de su delfín Santiago Peña, pero a la vez, su figura genera desconfianza porque el grueso de la gente no encuentra diferencia ideológica entre ambos, en coherencia con la genética doctrinaria del postulante, quien en sus discursos promete recuperar los principios del coloradismo, los cuales representó su padre durante 25 años como Secretario Privado del General Alfredo Stroessner, perversa cabeza de una de las tiranías más nefastas del subcontinente, fundadora con el chileno Augusto Pinochet, el argentino Rafael Videla y el boliviano Hugo Banzer, de la genocida Operación "Cóndor".

 

José Antonio Vera



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