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Despedir el 17, antes que Llegue el 18

Juan Raúl Ferreira

29.12.2017

A veces me pregunto: qué merece más festejo: ¿el fin del 2017 o el inicio del 2018? Sin duda al país le ha ido mejor que lo que se esperaba, con perspectivas de un 2018 mejor: los salarios aumentaron más que la inflación, subieron, y así otros indicadores. Pero el mundo, el Uruguay, mi familia y yo, ¿podemos despedir con alegría este año?

Empiezo por lo menos importante pero de lo que se más. Mi familia no. Los chicos en poco tiempo despidieron a sus dos abuelas, es el primer año que pasamos sin mamá. No hacía tanto que me hermana trataba de cicatrizar las heridas de la partida de su compañero de vida, León, padre sus hijas a los que tanto él como mi padre solían llamar "las nenas" , aun cuando las mismas crecieron y le dieron a uno y al otro maravillosos encantadoras nietos  y nietas, y bisnietos y bisnietas, respectivamente.

Hubo otros episodios que me dejan de este año un sabor amargo. No, como algunos puede creer dejar el cargo de la INDDHH. Quiero mucho la Institución, pero también creo que ya había hecho mi aporte, que fue, en medio de dificultades, montarla de cero. No se si era la persona adecuada para la administración rutinaria de una burocracia, al servicio de la gente. El desafió de armarla de cero es un orgullo que me acompañará toda la vida.

No oculto que algunos de quienes vetaron mi permanencia lograron, a lo mejor les hace feliz saberlo, pero no quiero mentir, lastimarme. Muchos cuestionamientos, no públicos, entre pasillos en voz baja, llenos de odio, resentimiento, revancha y mentiras.  Es triste. Pero quizás me hicieron un gran favor. No me imagino en el CD de la INDDHH en esta etapa. Sin elaborar más.

Luego mi anuncio de que ningún dirigente o grupo del Partido en el que crecí, me representaba. Fue muy doloroso. Primero haber llegado a esa conclusión de la cual estoy convencido. Hay un tiempo para cada cosa en la vida. El Hombre, un Gigante, más allá de credos,  cuyo cumpleaños festejamos hace pocos días. Hay un tiempo para la siembra,  un tiempo tiempo para la cosecha. Pero abandonar las filas donde milité 52 años, ¿alguien cree que no duele?

Es algo parecido al cierre de un  ciclo de la vida. En Uruguay eso es aún  muy conservador, pero tanto en el hemisferio del Norte como en nuestra América India, hay una edad donde los hijos deben abandonar el hogar en busca de nuevos horizontes. Cortan los lazos con el hogar donde nacieron, y hacen su propio nido. Inician su propio camino. Nadie puede vivir fuera de su nido. Ni olvidar el nido que un día fue su hogar.

En este caso, hay tres cosas que hicieron todo más difícil. Primero: mi militancia en momentos difíciles de  la vida, de militancia en el PN. fue más de más medio de siglo. Y no medio siglo cualquiera, sino cargados de dolor, riegos, solo compensados por la maravilla de compartir los momentos más críticos con el apoyo de mi seres más queridos de toda la vida mas centenares de vidas solidarios que hicieron que seguir adelante fuera posible.

También  lo hizo difícil que cuando los padres despiden a sus hijos lo hacen con un abrazo de despedida. Y antes, en este Bendito País, cuando ella ocurría partidariamente era de otro modo. Tantas veces he contado el cuento de cuando el amigo del alma del viejo y compañero de la lista 400, Paco Espínola -para mi, en ese momento, ni más ni menos que el autor de Saltoncito- (ver mi artículo -juanraulferreira.com.uy pestaña: Periodismo, título UY PRESS), citado por Constanza Moreira en la presentación en el libro sobre Julia Arévalo de Yaffé) que mereció un cuento publicado por el extrañado Ruben Yáñez.

Y así de niño me acostumbre ver a mi padre despedir compañeros de lista (Soares Netto, Luis P. Bonavita) que se iban del Partido hacia la izquierda. En estos casos, los tres a la 1001. Salían del mismo y de mi casa por la puerta grande y de mi casa con un abrazo que no era de despedida, porque siguieron yendo. No fue mi caso.

Ninguno de los amigos de momentos complicados que tenía de la primera hora partidaria, siguió siendo amigo. No slo cortaron el contacto personal sino que cada tanto recibo los insultos mas descalificares que he recibido en mi vida. ¡Cuánto odio! ¡Cuanto resentimiento! Qué poca memoria...

Una buena del 2017: no me arrepiento de ninguna de estas decisiones. No las esperaba. Pero me doy cuenta, que al momento de apagar la luz cada noche, siento que si hubiera sabido que este era el precio, lo hubiera pagado gustoso.

No termina ahí la historia: sobre principios de octubre el Secretario General de la OEA, con quien me unen lazos de afecto que trascienden coincidencias y discrepancias que muchas y muy intensas hemos compartido en la vida, me ofrece ser el coordinador de la Cumbre Presidencial en Lima en el año que se inicia. El mayor desafío profesional de mi vida. Debía sumir el primero de noviembre pero, por razones ajenas a mi voluntad, y que la OEA,  hasta hoy nome ha avisado oficialmente por qué se dejó sin efecto.

Debo decir, con sinceridad, que la salud este año no m acompaño mucho. He estado más tiempo enfermo que sano. Casi tanto internado como en casa.

Pero todo junto,  los momentos dolorosos del año, no logran compensar la satisfacción más grande que me deja el año que termina. Siempre hice lo que me mandaba, en el acierto o el error, ¿quién soy yo para juzgar?, mi conciencia. Y una vez que esta me mandó actuar de una manera: lo hice público,  consciente, tampoco comprarme por tonto, todo el precio que debería pagar. Eso no se paga con nada.

Debo advertir que conozco gente que ha abandonado el Partido Nacional y no lo dice. Me merecen respeto y comprensión, no todos los casos son iguales. Entre ellos hay gente que admiro mucho. Pero yo siento que la gente necesita , por encima de coincidencias o divergencias saber que decimos lo que realmente sentimos, se comparta o no.

Esa es la gran bendición que me ha dado este año. Y aunque pisando  los 65, no es bueno dejar amigos en el camino con un bagaje de recuerdos que no se recomponen en tres días, ni en lo que me queda de vida, me hecho amigos de vida cuyos valores superan tanto los que han compartido mi vida, que pudo en deuda, a pesar de todo con el año 2017.

Hoy despedí una familia amiga que se va a a vivir, de a poco a México, donde el talento del Pater Familia son reconocidos de otro modo que en Uruguay. No me duele el vacío que dejan en mi vida, que es muy grande.  Me alegra el éxito obtenido por un uruguayo  en el exterior, pero aspiro que esa gente pronto no tenga que dejar el país y  pueda volcar su talento a la comunidad nacional.

¿Cuántos inmerecido honores he recibido? ¿Cuántos honores desproporcionados? Hablé en la inauguración del anillo  perimetral con el nombre de Pepe Delía, que sigue al que lleva el nombre de m viejo, en cuya inauguración hablé años atrás, y  de quién era tan amigo. El Sindicato del Gas, si me perdona mencionarlo, confió en mi consejo para trabajar juntos para evitar que un servicio público tercerizado dejara decenas de familias en la calle. EL PIT CNT editó a través del Instituto Costa Duarte un libro sobre mis vivencias con el Plan Cóndor. El Santo Padre me invitó a la Beatificación de Mons. Romero... no se, creo que en esto tan cualitativo, los ejemplos achican en vez de agrandar la cancha.

El Uruguay:  Decía al principio que termina con cifras muy alentadoras. Pero ha perdido algo que no se arregla por Ley o Decreto (grave error de los politicos en general, debo decir del PN en particular, que creen que los problemas del país se arreglan con normas jurídicas y pronto). Hay mucha intolerancia. No se puede discrepar dentro o entre los Partidos sin que la descalificación, el insulto la acusación, sustituya el respetuoso debate de ideas, o, mejor aún, el esfuerzo de consensuar una solución.

Cuánta intolerancia. Y perdón al que le caiga el sayo, el grito estridente y el ataque en la discrepancia es una manifestación, de intolerancia - el mal de nuestros tiempos-  y de ignorancia.

Que eso, que Santa Claus, que en su bolsa trae regalos solo a algunos, se lleve en nombre de todos esa agresividad de los que se creen dueño de la verdad absoluta, lo entierre en el Polo Norte y lo nos destape nunca más.

El Mundo: No ha sido un buen año. El conflicto entre  Independentismo o integrarar el Estado Español, la salida del Reunido Unido de la CE, al azuzar las brasas en vez de echar cenizas en el Medio Oriente, Trump apoyando al neonazismo Europeo, en Brasil el candidato de la grandes mayorías presos y un Presidente acusado por la Corte Suprema de Justicia de coimero. En Ecuador la arremetida del Imperio ha logrado dividir las fuerzas populares que apoyó el pueblo a través de su voto. Ayer la OEA hizo un nuevo llamado invalidando las elecciones, pero el resultado de las mismas se imponen a la fuerza.

Grecia, Puerto Rico, en default.  Trump corta la ayuda de un pedazo de su territorio (P.R) tras la trampa que le hizo EEUU en el 1898 tras la independencia de Cuba : americanos a medias, primeros para pelear en la guerra pero sin derecho al voto en su territorio. No quiero meterme: pero por algo un hombre sensible como Francisco no va a a Argentina, Perú cambia la libertad de Fujimori por votos en el Congreso al Presidente PPK para salvarle de las acusaciones sobre su vinculación con  la mayor estafa de América Latina en 100 años. Los refugiados sirios se ahogan en el mar y el tema se discute entre gente con trajes de Armani y corbatas de seda. Trump apoyó ( aunque perdió)  al Senador que  quiso  prohibir a los Musulmanes  ser legisladores.

Un Mundo con una crisis que, como el viejo adagio chino, implica el gran desafío del 2018. Si no mejoramos este nivel de situación, Seríamos muy poca cosa. Por eso es que esperanza y realismo me animo a desearles un año 2018 que nos encuentre juntos luchando para que termine mucho mejor aún que este.

Que nunca nos roben poder soñar. Que no nos roben el derecho a la utopía.

Dr. Juan Raúl Ferreira



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