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Como nacen y desaparecen los compañeros

Esteban Valenti

02.01.2018

La palabra compañeros tiene una larga lista de significados, en este caso voy a referirme a los compañeros políticos. Un tema exótico en mis columnas.

Es una palabra querida, promovida, traicionada, debilitada y muchas otras cosas.

Los compañeros nacen de compartir, de construir juntos un proyecto. No tenían fronteras geográficas, eran una corriente global que se fue debilitando y difuminando.

Los compañeros son los que se juegan junto a ti, la vida, el tiempo, las discusiones, la libertad, las trompadas y algunas cosas más peligrosas. Los que se emocionan por cosas muy similares a las tuyas, banderas, consignas, ideas, líderes y tienen los mismos adversarios o enemigos.

Los compañeros se forjaron en los tiempos más duros, más difíciles y afrontando muchos peligros. Más grandes son esos peligros y más sólido es el compañerismo. Porque ellos te protegen, se callan, se hacen torturar y hasta matar para salvarte, mienten y sufren por todos sus compañeros y en algunos casos, por personas concretas con nombres y apellidos y no solo categorías genéricas. Y no fue hace mucho tiempo, muchos siguen aquí.

Compañeros es encontrarse luego de muchos años, asombrarse de lo grande que están los hijos y los nietos y sin largas conversaciones, compartir una historia llena de aventuras que hicieron tu vida y la de ellos. Una vida que vale la pena tener presente, aún en sus derrotas y sus naufragios. Porque valió la pena.

Con el tiempo se aprende, a veces a los golpes, que ser compañero es ser capaces de escuchar y entender a los otros, sobre todo cuando no piensan lo mismo. También en la diferencia se forjan compañerismos, es más, esta variante es la que más nos ha costado aprender, sobre todo a los que venimos de las unanimidades.

No es necesario ser fanáticos para ser compañeros, al contrario, es asumir todo lo que se comparte pero también las diferencias, los rumbos diversos que nos impuso la vida y nuestra propia cabeza.

Compañeros es tener buena memoria o esforzarse para que los años no borren las cosas más importantes, las que poblaron nuestra juventud y muchos años más.

¿Es posible una épica de la lucha y de la vida, sin compañeros? Imposible.

No es una condición idílica, perpetua, que se construye una vez y para siempre y tampoco es cierto que solo los tuyos o los míos son compañeros. Todos los que luchan tienen sus propios compañeros.

Por el camino hemos perdido a muchos compañeros.

Los que ya no están y nos duelen como heridas incurables, que cuando miramos hacia atrás, no solo al final de cada año, sino en muchas ocasiones sentimos su ausencia y que a esta altura de mi vida son una larga, muy larga y dolorosa lista. Son irremplazables en nuestra historia personal y su falta nos duele muy hondo en el alma. No son todos los que faltan, son los nuestros, los que formaron parte de nuestra vida y de nuestra aventura. Y por delante tenemos un nuevo año sin ellos.

Están los otros, los que perdimos porque el compañerismo también se destruye, se va quedando en girones dolorosos por el camino. Y también son varios y algunos fueron muy queridos.

La política y sobre todo el poder es una prueba muy dura para el compañerismo, confunde muchas cosas, las enturbia.

Asumamos que hay compañeros de otros tiempos que apenas si nos saludamos y lo hacemos con mayor o menor recelo. Es parte de la vida, ese camino que muchas veces nos permite explicar con cuatro letras todas las grandezas y vilezas del recorrido. La vida.

Cuando por encima de las ideas, de los relatos que le han dado significado a nuestra existencia política y no solo, planea el poder en sus más diversas manifestaciones, el compañerismo está en serio riesgo. Lo vemos a diario.

Los compañeros y compañeras no son de una vez para siempre, ni en un sentido ni en el otro. Se pierden y se ganan compañeros. Pero es cierto que los de la juventud, los del peligro, los de la aventura de la revolución parecían indestructibles. No lo son, lo aprendimos todos.

El compañerismo es enemigo jurado de la indiferencia. Se puede aparentar ciertos lazos, pero llegado el momento hay que jugarse, hay que optar, hay que opinar, hay que tomar partido. Ser partisano. No todos iguales y alineados, sino todos con ideales.

No hay compañeros, en el sentido que yo pretendo darle al término, sin ideales y también eso puede ser un factor de destrucción del compañerismo, los ideales cambian.



Esteban Valenti - Periodista, escritor, coordinador de Bitácora, director de Agencia de Noticias Uypress

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