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Arsénico y cianuro

José Antonio Vera

09.01.2018

De nuevo, el pueblo paraguayo comienza a sufrir otra decepción política, a dos semanas apenas de haberse entusiasmado con el resultado de las internas partidarias, que provocaron una aplastante derrota al régimen autocrático que encabeza Horacio Cartes, empresario convencido erróneamente de que administrar un Estado y una empresa privada es la misma cosa.

El éxito social, por acumulación individual de dinero, parece ser su única cuestión.

Error propio de todo advenedizo en la actividad política, que se confunde y confunden a amplios sectores sociales, con una repetitiva y demagógica retórica de crecimiento, de abultado PIB, del que surgirá el bienestar para todos, y otros cuentos, sin que exhiban la más mínima programación de desarrollo social, que corrija los viejos males de desigualdad e injusticias, taras combatidas desde siglos por la sensibilidad y la conciencia humanas.

Multimillonario, cabeza de una veintena de empresas, de miles de hectáreas, discutido en muchos ambientes que desearían conocer el origen de su fortuna, y acusado de vínculos con el narcotráfico y de liderar el contrabando de cigarrillos en Suramérica, Cartes intentó hacerse reelegir para un segundo quinquenio, pero su plan fue rechazado por Estados Unidos, el Papa Francisco, y por la propia disidencia interna del Partido Colorado.

Mario Abdo Benítez, Senador cuarentón, aliado suyo hasta hace un año en todas sus tropelías, se puso al frente del mayoritario sector colorado que manifiesta hartazgo del gobierno y del sometimiento por Cartes del Poder Judicial y buena parte del Legislativo. Se alzó con la victoria que lo catapulta como el candidato con más posibilidad para ceñirse la banda presidencial en agosto próximo, tras las generales de abril.

Sin embargo, la inicial ilusión que generó esa derrota de Cartes, se desdibujó a poco andar, tras renovarse el hipócrita "abrazo republicano" entre los contendientes más mediatizados, una vieja fotografía que recuerda que ese gesto ha sellado siempre todas las crisis internas en la historia de ese partido. El octogenario general Alfredo Stroessner, en su dorado exilio en Brasil, después de ser desplazado del sillón por sus más próximos colaboradores y familias, en 1989, se puso a mirar una fotografía del nuevo gobierno y exclamó: "el único que falta ahí soy yo". Gatopardo.

Algunos influyentes jugadores en esa cancha, manifiestan la intención de provocarle una segunda derrota al poderoso empresario en su plan de hacerse elegir Senador, para lo cual encabeza la lista de su sector con amplia probabilidad de victoria, violando la Constitución, que prohíbe la reelección y limita al saliente mandatario al papel de Senador Vitalicio, lo cual podría producirse en julio próximo, si una mayoría de la cámara, rechaza su juramento, como ocurrió en el 2008 con Nicanor Duarte Frutos, quien recién podría asumir en el nuevo período que empezará en agosto próximo.

Cartes es acreedor y, a la vez, deudor del Partido Colorado, dado que gracias a su dinero, esa institución, en decadencia hace diez años, recuperó algo su poder, sin que ello significara que adoptaba al inversor como un nuevo líder, astuto pero sin oficio político, que ha cometido numerosas torpezas, fruto de su poder financiero descontrolado, e inducido por su propia egolatría y soberbia, que lo llevó a nominar a su sucesor en forma inconsulta con el mastodonte y atornillado aparato partidario.

Santiago Peña, joven economista formado por el FMI, fue renunciado Ministro de Hacienda por Cartes, que lo postuló y se convirtió en su jefe de campaña, abandonando toda su tarea al frente del gobierno, convencido de que, al resultar electo su pupilo, podría continuar manejando todo a su antojo, como lo ha hecho desde el 2013, en su desalmado endeudamiento del país en miles de millones de dólares por el medio siglo a venir, cifra triplicada por cuatro años a la que dejó Stroessner tras 35 años de latrocinio.

El origen liberal de la familia de Peña y su propia afiliación al viejo partido segundón en el último siglo y cuarto de la historia del país, contribuyó también a enterrarlo, aunque el elemento que selló su derrota fue la política que impuso en el Ministerio de Hacienda en total sintonía con la postura privatista y de convocación al capital transnacional, por encima, incluso, del empresariado nacional, que promueve Cartes, sumado todo ello al rechazo afectivo del coloradismo a dos personajes que nunca han sentido propios.

La derrota del mandatario en las internas sembró ilusión en vastos sectores del país, hartos del desinterés del gobernante y su corte de gerentólogos, por los graves problemas internos, con creciente pobreza, desempleo y servicios sociales abandonados, renaciendo una relativa esperanza en la ciudadanía de que es posible cambiar las cosas desde las urnas, alentando interés en la política y una leve alusión al compromiso y militancia en las bases del binomio tradicional que forman los partidos colorado y liberal.

Efraín Alegre, Ministro de Obras Públicas en el 2008, al inicio del gobierno de Fernando Lugo, es el elegido por los liberales para las presidenciales de abril próximo, un anodino dirigente, también firmante del golpe parlamentario del 22 de junio del 2012 contra el exObispo, en un acto artero del Partido Liberal, aliado ya, por entonces, con Cartes y su billetera, con el beneplácito del gobierno de Estados Unidos y las corporaciones extractivistas transnacionales, que terminaron cuatro años de una política con sensibilidad social.

Todos habían unificado entonces sus buenas intenciones, las mismas de hoy, para lanzar, una semana antes, una masacre de 11 campesinos y 6 policías como pretexto de mal funcionamiento e ineptitud de Lugo para gobernar. Numerosos labriegos purgan penas carcelarias de hasta 30 años, mutados de víctimas a victimarios por fiscales y jueces entre los cuales algunos están denunciados por narcotraficantes, matonaje, y otros delitos.

En relación con esa desvergüenza, un nuevo escándalo estalló en los últimos días de diciembre, al difundirse una parte, parece que pequeña, de un enorme cúmulo de llamadas, que se vienen efectuando desde la residencia presidencial, entre los principales protagonistas del caos nacional. El cruzamiento de esas comunicaciones, cuya autoría, posesión y difusión, continúa sin conocerse, pero cuyo contenido tiene el mérito de haber provocado un fuerte ventarrón que, por ahora, ha barrido con Gonzalez Daher, Presidente del Consejo de la Magistratura y su expulsión del Senado, seguido por la renuncia de Oviedo Mato, su colega en ese y otros oficios, "para no sufrir la humillación de mi amigo".

Otros encumbrados personajes están en la larga lista de implicados, entre ellos el Fiscal General de la Nación, Díaz Verón, los cuales, por los menos, han vivido las fiestas de fin de año con alguna preocupación, asidos solamente a la corrupción imperante en las más altas esferas del Estado, que permite toda clase de componendas entre delincuentes que se mueven en el fango pestilente de magistrados y políticos prostituidos, entre los cuales destaca también Carmelo Caballero, primer Ministro del Interior del gobierno golpista, acusado de esconder y manipular documentos gráficos de esa masacre del 15 de junio del 2012, en tierras fiscales reivindicadas por el campesinado pobre, ocupadas por una de las fuertes familias latifundistas, de la alta jerarquía colorada.

Abdo Benítez, confeso partidario de recuperar el estronismo como vertiente auténtica del coloradismo, frente al "Nuevo Rumbo" de Cartes, que conduce al país en un retroceso abismal, aparece con más posibilidades de convertirse en el nuevo Presidente de Paraguay, sin que brille por algún mérito propio, pero eficazmente ayudado por su mediocridad de quien debería ser su antagonista de fondo, Efraín Alegre, cabeza de la Alianza Ganar, integrada por el Frente Guasú, un conglomerado nebuloso apoyado en Lugo, y otros pequeños emblemas, sin haber concitado la adhesión de las principales organizaciones campesinas.

Ambos candidatos se diferencian muy poco, ocupan mucho espacio televisivo enunciando propuestas similares en su vacío programático, sin apenas ocuparse de los temas trascendentes como la tierra, usurpada aún hoy, en un 85 por ciento de lo mejor del territorio nacional,  por el 2.5 por ciento de la población, ni de la industrialización de las materias primas, recibiendo minucias de Argentina y Brasil por la energía eléctrica de las dos binacionales, cuando el pueblo sufre permanentes cortes de luz e insuficiencia energética, ni tampoco se les escucha abordar la política fiscal, en un país donde los ricos poseedores y exportadores están exonerados de impuestos, o pagando ridículos porcentajes, como ocurre con la soja, en manos de Monsanto, Cargil y otras perlitas del envenenamiento ambiental, y los cigarrillos, cuyo principal fabricante es el propio Cartes.

Los hospitales están vacíos de todo, se producen partos en sus pasillos, sin mínimo de higiene, con colchones y sábanas si los aportan los familiares, los cuales andan corriendo para comprar en las farmacias vecinas los medicamentos requeridos, mayor parte de las veces con exceso, producto de la deshumanización imperante también en ese medio.

El presidenciable liberal, en sus alusiones al gabinete que formará en el caso de ganar, ha informado que su candidato a Ministro es el pediatra Antonio Arbo, primer titular del ramo en el gobierno golpista, recordado, entre otras virtudes, por autorizar nuevas especies de semillas transgénicas a la transnacional Monsanto. Esperanza Martínez, ejemplar Ministra de Salud bajo Lugo, también es mencionada, en una lista de futuros miembros del Ejecutivo, formado sólo por compromisos y fidelidad partidaria y nunca por los méritos profesionales que debería requerir un gobernando decente.

Abdo Benítez también se identifica con esos rasgos heredados de decenios de políticas erráticas, de espaldas a los intereses de las mayorías, encabezadas por personajes con bajo nivel cultural, enamorados de sí mismos y del dinero, sin la mínima ética que reclama toda gobernanza de un país con dignidad.

Uno de los temas en los que encuentran pequeñas diferencias tiene que ver con el matrimonio gay, que Abdo Benítez rechaza, por principios religiosos, dice, pero que el ambivalente Alegre podría aceptar, tras discutirlo, pues "no tengo posición definida", como en casi todas las cosas, con la diferencia de la futura política económica del futuro gobierno que, para ambos, sería la misma de Cartes, "con algunas correcciones". Cianuro como antídoto del arsénico.

La seguridad social, convertida en cenicienta por el Nuevo Rumbo cartista, tampoco  figura en la temática de ambos candidatos, aunque coinciden sin rubor en la necesidad de reforzar la seguridad policial y militar, que siempre termina siendo militar, obedeciendo a la estrategia norteamericana para controlar al pueblo, proyectada a la construcción de nuevas cárceles, para superar el número actual de 14 mil presos. Varias escuelas se caen a pedazos, y algo similar ocurre con hospitales en la propia Asunción.

Los candidatos de ambos partidos para presidir el país, coinciden sí en destinar más recursos para reforzar las Fuerzas de Tareas Conjuntas (FTC) en los departamentos del norte del país, "asolados por el criminal guerrillero Ejército del Pueblo Paraguayo" (EPP). Nunca se ha producido un enfrentamiento armado rebelde contra las FTC, pero igual los gobiernos últimos y la prensa adicta, prosiguen sus campañas contra la guerrilla, sin poder exhibir una mínima prueba de su existencia. Una entelequia, que no lo es, cuando vemos los humildes ranchos arrasados de las familias campesinas, desplazadas a la miseria de los cordones ciudadanos, por imperio del agronegocio en complicidad con los gobernantes.   

Hay, en cambio, cinco personas secuestradas, una es policía, con más de tres años desaparecida, y los otros cuatro son labriegos, de origen menonita, con situación económica solvente, a cuyos familiares se les extorsiona en permanencia, obligándoles a entregar dinero o a repartir víveres entre indígenas y campesinos pobres, exigencias que el gobierno ha sido incapaz siquiera de neutralizar, dando pie a diversas especulaciones.

La distribución de alimentos entre el pobrerío recuerda medidas adoptadas por grupos clandestinos rebeldes a lo largo de decenas de años, pero el ensañamiento contra familias menonitas que, en los últimos 90 años han construido la región agro-ganadera más próspera del país, también alimenta la hipótesis de que exista un plan de forzar la venta de esas modernas propiedades a las empresas agroexportadoras y a organizaciones de la narcopolítica.

José Antonio Vera



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