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El campo, el mito fundante y el comunity manager

Jaime Secco

19.01.2018

La movilización de productores está basada en un conjunto variado de problemas reales, sean económicos o emocionales. La semana pasada hablamos de eso (ver http://columnistas.montevideo.com.uy/categoria_10_1_1.html).

 

Pero eso no agota el panorama. Se protesta porque sectores opositores intentan sacar provecho. Lo raro y hasta preocupante sería que no. Pero no se ha cuestionado la mecánica misma del movimiento aparentemente tan espontáneo y horizontal; algo que podría llevar a cosas un poco más graves.

Hoy es demasiado fácil organizar manipulaciones invisibles en los medios sociales. Los métodos nacidos en la publicidad, los han perfeccionado las campañas electorales de estados Unidos y las herramientas son cada vez más accesibles. También más inmorales. Por otra parte, su uso por populistas de derecha parecen producir éxitos fulminantes.

Insisto, el hecho de que alguien tire una idea no asegura que prenda, si prende es porque había pasto seco.

Métodos caseros y profesionales

¿Hay alguien aplicando eso aquí? Sería raro que no. Seguramente sí, en niveles sencillos pero efectivos. Un equipo de correligionarios forma un grupo de Whatsapp para coordinar el envío de mensajes prediseñados pero diversos. Se trata parezcan provenir de fuentes distintas y de que todos ellos los recojan y repliquen hasta convertirlos en trending topic para crear la sensación de que hay un estado de opinión espontáneo. Sencillo y muy divulgado incluso entre hinchas deportivos.

Un nivel profesional es que una agencia ofrezca el servicio de un ejército de personas haciendo esto, quienes a la vez tienen que intercalar mensajes aparentemente personales para darle credibilidad a sus múltiples avatares creados con fotos robadas. (Ver un caso en Brasil: http://www.lanacion.com.ar/2090427-como-trabajan-los-ejercitos-de-bots-para-influir-en-una-eleccion-presidencial)

Se han usado "bots" informáticos para hacer lo mismo en forma automática. Son más baratos, pero es más difícil que se empatice con ellos. Más complicado, el uso de inteligencia artificial, que requieren enormes bases de datos para adivinar qué mensaje llegará a cada uno. Caro, pero ese tipo de datos se venden.

Hace algún tiempo que notamos que muchos chistes y agrios comentarios opositores siguen patrones, lo que sería un indicio de que no son tan espontáneos como se pintan.

No quiero dar muchos ejemplos, porque como es difícil de demostrar el origen de cada mensaje concreto, bastaría con que haya elegido mal parra que me refuten. Pero al instante en que el 6 de diciembre se conoció la suba de tarifas circuló en las redes un manojo de mensajes, algunos con chistes, otros indignados; unos con datos, otros con dibujos, fotos o videos. Fue la inmediatez de la catarata la que llamó la atención. Pero además, hace creer que estaban elaborados de antemano el hecho de que ninguno mencionara los porcentajes de aumento, que se supone que eran el motivo mismo de la risa y la ira.

Quiero mencionar uno en particular sobre el que volveré más adelante porque en un primer momento me pareció demasiado ordinario: una foto de la espalda de mucha gente desnuda y agachada con la leyenda: "Y aquí, una foto de uruguayos esperando el tarifazo de enero." Nótese que habla de la espera, cuando el aumento ya había ocurrido; fue hecho antes antes.

El mito fundante

Esos mensajes podrían haber sido coordinados por un secretario de bancada a quien se le hubiera encomendado la tarea. Pero hay especialistas que hilan más fino.

Hugo Haime, encuestador y asesor de campaña argentino, en su libro ¿Qué tenemos en la cabeza cuando votamos?, dice que hay que descubrir lo que llama el mito fundante de cada país -con sus variantes regionales-. Éstos tienen una función mística, una función como clave para explicar la realidad, una de validación del orden social y una que enseña cómo vivir. Éste o estos mitos se modifican en el tiempo y de ellos se desprenden valores y se da fundamento a las demandas sociales.

Cruzando datos, encuestas, focus groups y entrevistas calificadas, llegó a la conclusión de que el mito argentino es el de país rico en recursos naturales y humanos, al que le va mal siempre por causa de terceros.

No tengo encuestas y ese mito de país rico seguramente está vivo en Uruguay. Hay, sin embargo, otras dos tradiciones que coexisten, probablemente desde la Guerra Grande. Podríamos llamar batllista a una, que nos habla de un país moderno, pionero, integrado, europeo y nos hace progresistas y racionales. A la otra tradición, llamémosla gauchesca, de arraigo herrerista, que nos cuenta de unas raíces telúricas, de que "el país se salva con el campo o perece con él" y nos alimenta con elementos irracionales y emocionales, haciéndonos gustar del mate porque lo tomaban los gauchos (aunque sin termo), del asado a la parrilla por el mismo motivo (aunque en mi niñez la carne todavía se colgaba de un pincho vertical junto al fuego, como los indios) e hizo que nuestros cantores de protesta prefirieran la música gauchesca al tango, por ejemplo. 

Haime escribe que ante la crisis de 2001 una de las respuestas fue el "que se vayan todos" los culpables, pero otra que el modelo tradicional de riqueza no había soportado la globalización. Néstor Kirchner representó a la vez la renovación política y un nuevo desarrollo económico. Pero en 2008, cuando Cristina Fernández se enfrentó con retenciones a productores pequeños, fracasó la estrategia de echar la culpa a "la oligarquía" y los movilizados tomaron posesión del mito de la riqueza de raíz rural, avasallada.

¿No son de libro el tipo de mensajes con que se disparó en estos días por estos grupos de Whatsapp "autoconvocados"? Esa idea de que si un tambero se levanta temprano no puede no hacer buen negocio, aunque el precio internacional se haya derrumbado. Que no puede bajar el dólar en el mundo sin que el gobierno uruguayo tenga la culpa. Que el Uruguay todo debe asegurar la rentabilidad de los empresarios rurales como la niña de sus ojos, hagan lo que hagan, aún a costa de dejar morir de hambre a otros, porque ellos tienen relación directa con la pacha mama generadora de la riqueza primigenia. Incluso si el principal ingreso de divisas no es un rubro rural, sino el turismo.

Son ideas enraizadas en mitos de otras épocas, en que las estructuras de estímulos hacían inevitable que los empresarios buscaran ganancias con presiones políticas como devaluaciones, y son reflejo de hostilidades pasadas a detracciones que en el país no existen desde hace medio siglo -salvo para cueros hasta hace diez años-. Ideas que, como se señaló, no permiten ver que uno problema de muchos productores pequeños reside en el aumento del precio de los arrendamientos; no los permite ver, porque los propietarios también son un sector rural.

Un haz de intereses 

La campaña electoral de Donald Trump es recordada por sus groserías y sus mentiras en Twitter. Pero no era solo eso. El 6 de enero Angel Ferrero publicó una nota de perfil de Steve Bannon, el último jefe de campaña. (Ver https://elsaltodiario.com/estados-unidos/steve-bannon-el-hombre-a-la-sombra-del-america-first).

El publicista de ultra derecha identificó sectores o bolsones de votantes que podían albergar descontentos, como trabajadores del antiguo cinturón industrial, que se sentían abandonados por los demócratas porque su número ya tenía poco peso electoral. Pero también jóvenes de barrios residenciales y otros. Para cada uno tuvo un anzuelo y un canal de comunicación.

Para los trabajadores, el mito del América First, la nación escogida por Dios y traicionada por los políticos y los extranjeros. A los jóvenes ociosos les llegó infiltrando Gamegate, un sitio de discusión sobre videojuegos. "Vienen por Gamergate o lo que sea y luego pasan a la política y a Trump", dijo. Cuando estos muchachos generaban sus propios contenidos, los amplificaba por medios alternativos.

Unió a todos esos bolsones con unas ideas vagas pero emotivamente fuertes. Dejó a los demócratas con todo su poderío electoral y dinero recaudado? "Quiero que hablen todos los días de racismo: si la izquierda está centrada en cuestiones de raza e identidad y nosotros en el nacionalismo económico, aplastaremos a los demócratas", afirmó Bannon.

Los recursos de la campaña de Clinton "multiplicaban por diez el nuestro, tenía diez veces más personal, y todos los medios de comunicación estaban con ellos, pero yo seguía diciendo que no importaba, que lo habían entendido todo mal, que lo teníamos ganado", presumió Bannon después de la victoria.

Como todos los populismos, y en especial los de derecha, trabajó siempre con la división emocional entre "el pueblo", bueno y que siempre tiene razón, y los otros, sean inmigrantes, políticos o lo que sea. La receta suele incluir un líder que interpreta directamente o místicamente al pueblo, lo que hace superfluas las garantías democráticas. Pero Bannon no parece haber creído nunca que Trump era un iluminado. Y tenía que saber que gobernaría con la agenda de las corporaciones y no la de los obreros del carbón, a quienes les quitó hasta el seguro médico.

La vergüenza ya es una revolución

La pregunta es, ¿aquí alguien intentó reproducir el método? No necesariamente los que iniciaron el grupo de Whatsapp en Paysandú, que son conocidos. Pero ¿alguien venía estudiando una estrategia y tenía las herramientas prontas o ya en uso? Nótese que aún los métodos más sencillos de coordinación tras bambalinas son casi imposibles de identificar por los demás integrantes del grupo.

Si lo hizo, acertó al apuntar al empresariado rural mediano y pequeño como un bolsón que fácilmente podía enfrentarse al gobierno y estar en posición de arrastrar tras sí a muchos otros sectores influidos por la idea de que si a los empresarios rurales tienen rentabilidad asegurada, el resto la asegura por añadidura.

Se nos presenta como un movimiento tan amplio y apartidario que su solo límite es la bandera uruguaya. Pero abiertamente se declara todo el tiempo que el objetivo directo es quitar a la izquierda del gobierno. Los enemigos, además del frente Amplio, son los beneficiarios de las políticas sociales. Los "800 mil planes de emergencia". Zánganos que han perdido contacto con la tierra; los trabajadores Rurales tienen un estatus ambiguo; son un costo y se retiran del Consejo de Salarios, pero también son del campo. No importa que 800 mil beneficiarios sea una cifra absurda y comprenda casi a todas las familias uruguayas ni que el Plan de Emergencia no exista más desde hace diez años. No importa nada que sea racional; los argumentos, las cifras y la lógica más elementales son descartadas porque no se quiere dejar de creer una vez que se ha hallado un culpable y quizá una solución.

En Uruguay no parece necesario un líder opositor iluminado, ni aparece ninguno a la vista que ajuste a esa descripción. Tampoco es en realidad necesario mencionar al Partido Nacional; el objetivo es sacar a la izquierda del gobierno y para eso basta que pierda unos cuantos puntos.

Tampoco el programa importa, si hay un Bannon por aquí. La plataforma de un dólar a $36, gasoil a veintialgo y exoneración de aportes patronales al BPS no lo va a aplicar quien le gane al Frente Amplio, sea quien sea. "El empresariado", dice Búsqueda, quiere cosas distintas: reforma laboral, previsional y tributaria como las de Temer y las que Macri hace fuerza para aprobar. Hay varias cabezas de la oposición hablando de un programa mínimo común; desde Ernesto Talvi a Graciela Bianchi. Y sus propuestas van más bien en esta segunda línea.

Otra vez, no quiero seleccionar un manojo de ejemplos, porque varios medios han publicado reseñas extensas. Es muy difícil saber si un mensaje en particular es fabricado o espontáneo. El objetivo mismo de enardecer a la gente es que genere sus propios mensajes. Si uno ha ido siguiendo el tema, verá que cuando el movimiento parecía bandearse, sea a conciliar con las gremiales, sea a prender fuego todo, se emitían opiniones que parecían ir pastoreando el movimiento.

La placa con gente desnuda, que hace un mes pareció grosera, ahora aparece como sutil. ¿Qué buscaba insultando a todo un pueblo? Hacerlo sentir avergonzado y, por tanto, necesitado de descargar su culpa en alguien. El joven Marx a su amigo Arnold Ruge a quien dijo que los alemanes debieran sentir vergüenza por la autocracia: "Me mirará usted sonriendo y me preguntará: ¿y qué salimos ganando con ello? Con la vergüenza solamente no se hace ninguna revolución. A lo que respondo: la vergüenza es ya una revolución".

La calidad de la democracia

¿Hay aquí algún Bannon manipulando tras bambalinas? Existen herramientas informáticas para aproximarse a una respuesta, pero no la tenemos.

Si lo hay, probablemente no esté quebrando muchas leyes, porque se trata de áreas demasiado nuevas para estar legisladas. Seguramente sí varias reglas éticas, debido a que todo se basa en algún tipo de engaño. Pero lo realmente dañino sería la corrosión de la vida democrática, que se basa en la deliberación pública leal.

Se ha dicho y es evidente que la democracia no asegura que las medidas de gobierno sean en cada caso las que aprobaría la mayoría. Que la democracia no garantiza el buen gobierno, sino una vía de escape si nos equivocamos. Pero está claro que una democracia puede tener más o menos calidad. Que el sólo origen electoral de un gobierno no garantiza mucho; que la participación y el debate público sano ayuda. Pero cuando ni siquiera se puede confiar en las elecciones, que pueden ser influidas por manipuladores de potencias extranjeras, estaremos realmente mal.

El filósofo francés Jaques Rancière dice que la democracia, la Política con mayúscula, comienza con la superación de los títulos "naturales" para gobernar, como el nacimiento, y luego los sociales, como la riqueza o la educación. Pero aún debe eliminar como título legítimo el mero deseo de gobernar y el tener las habilidades necesarias para tener éxito en las manganetas electorales.

Jaime Secco



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