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Elecciones en Brasil

Juan Raúl Ferreira

30.01.2018

En el marco de un año en el que la agenda electoral de América Latina está a cartón lleno: fin de semana Costa Rica; luego Colombia, legislativas, primera y segunda vuelta presidencial; México, igual; Referendum en Ecuador, para definir si puede regresar Correa;   elecciones Presidenciales en El Salvador, Paraguay, Perú y Venezuela; más las legislativas de EEUU.

El continente enfrenta su más difícil encrucijada en muchas décadas. El año pasado, culminó con el escandaloso fraude de Honduras para perpetrar al dictador. Invalidadas estas, por los observadores internacionales y por todos los países de la Unión Europea y por la opinión pública salvadoreña. Solo fueron saludadas por Donald Trump.

Muchas de estas elecciones, en  lo personal, me motivan tremendamente por  los desafíos que plantean: México, Colombia, El Salvador por citar algunas. Pero hay una que me preocupa. Mucho y especialmente y trataré de explicar por qué. Son las elecciones de Brasil, donde el candidato que está al frente de las preferencias está condenado por la Justicia y eventualmente esta podría disponer su inhabilitación. Mientras tanto, el Presidente de la República Mitchel Temer que desplazó del poder a Dilma Rousseff en una cruzada "moralizadora" ve día a día caer en picada su popularidad.

No es menos preocupante que, aunque muchos más puntos por debajo de Lula, la extrema derecha neo nazzi, de Jair Bollonado,  como se ha puesto de moda en varios países, se encuentra en segundo lugar con un 13 %. Si Lula fuera impedido de su derecho de "elegir y ser elegido" las cosas serían pero de lo que alguien pudiera imaginar. SI no aparece la mano negra del Imperio, Lula tiene encime de tres puntos porcentuales más.

El Presidente de la Cámara Diputados,  Eduardo Cunha fue detenido por corrupción (sigue preso) antes de que terminara el juicio político. El que sucede a Dilma (actual Presidente Temer) está acusado ante la Corte Suprema por una grabación donde autoriza a un diputado a recibir de la empresa Oderbrecht la suma de 1.600 millones de dólares. Su defensa no niega la veracidad de los dichos. Sostiene solamente que prueba no es legítima porque él no autorizó la grabación.

En su momento, así lo comenté en mi columna radial, me tomé el trabajo de leer los 47 tomos (cuadernillos) de la acusación contra la Presidenta Dilma por lo que en Brasil se llama "delito de responsabilidad." No voy a sostener acá la validez de la prueba, porque no soy experto en el tema. Voy a afirmar la inexistencia de la prueba. En los 47 tomos no hay una sola acusación en su contra. La separan del cargo, asume el corrupto -de gran nivel Mitchel Temer- y a Dilma ni la citaron por una boleta de mal estacionamiento. Ahí esta sentada en su casa.

Fue este, el debut del nuevo estilo de desestabilización en América marcado por la era Trump. Apenas Temer  toma el timón, se ven los verdaderos motivos de la remoción de Dilma. El forzado cambio no era por corrupción. Sacaron una Presidenta sobre la que no había cargos, para poner un Presidente coimero. Pero este daría debajo del brazo el modelo de ajuste sobre la base de que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres, y sobretodo terminar, casi que como revancha de esa insolencia de que 40 millones de brasileños que estaban por debajo de la línea de pobreza pudieran pasar a integrar la clase media.

EL tiempo pasa, la popularidad del Presidente se viene desmoronando. Sigue el proceso  hasta el punto de llevar al histórico PMDB, el Partido de Tancredo Neves, (líder de la resistencia anti militar que murió de apendicitis el día de su asunción presidencial dando lugar al Vice Josep Sarney). Ese histórico Partido, ganador de las primeras elecciones democráticas,  llega a índices inferiores al 3 %.

Lula se va definiendo como el candidato y luego ganador del PT para las próximas elecciones de octubre. Entonces juicio a Lula. Si de muestra vale un botón, en vez de opinar vamos a leer el interrogatorio del Juez a Lula. Ocupará espacio para respetar el diálogo pero no es tan largo:

 

Juez Sergio Moro: -¿El departamento es suyo?

Lula: - No.

- ¿Seguro?

- Seguro.

- ¿Entonces no es suyo?

- No.

- ¿Ni un poquito?

- No.

- ¿O sea que usted niega que sea suyo?

- Lo niego.

- ¿Y cuándo lo compró?

- Nunca.

- ¿Y cuánto le costó?

- Nada.

- ¿Y desde cuándo lo tiene?

- Desde nunca.

- ¿O sea que no es suyo?

- No.

- ¿Está seguro?

- Lo estoy.

- Y, dígame: ¿por qué eligió ese departamento y no otro?

- No lo elegí.

- ¿Lo eligió su mujer?

- No.

- ¿Quién lo eligió?

- Nadie.

- ¿Y entonces por qué lo compró?

- No lo compré.

- Se lo regalaron...

- No.

- ¿Y cómo lo consiguió?

- No es mío.

- ¿Niega que sea suyo?

- Ya se lo dije.

- Responda la pregunta.

- Ya la respondí.

- ¿Lo niega?

- Lo niego.

- O sea que no es suyo...

- No

 

- Señor juez, ¿usted tiene alguna prueba de que el departamento sea mío, que yo haya vivido ahí, que haya pasado ahí alguna noche, que mi familia se haya mudado; o tiene algún contrato, una firma mía, un recibo, una transferencia bancaria, algo?

- No, por eso le pregunto.

- Ya le respondí.

 

Sin comentarios.  Así funciona la Justicia en el  Brasil en este régimen.

Pero  el tema se agrava al ser condenado Lula y por lo tanto, estar la Justicia en condiciones de inhibirle ser candidato. Si esto llegara a ocurrir, la desestabilización interna sería tremenda, seguramente traería de la mano una baño de sangre. Y además, sería contagiosa a una región que tiene que pararse ante los permanente intentos de desestabilización del Imperio, vengan disfrazados de lo que vengan disfrazados. Ahí está el pueblo hondureño en las calles demostrando que ya no permite más se le tome el pelo.

Apostamos a la Paz y a la Justicia. La justicia institucional y jurisdiccional. Sobretodo  y la que impida que un país tan rico tenga concentrada cada vez más  su riqueza entre unos pocos. En momentos en que el PBI Brasileño se multiplicó por 110, el 1% de la población ganó lo mismo que el 50% de más bajos ingresos. Todo para ese 1 %.Ese mundo se acabó aunque algunos trasnochados se resistan a aceptarlo.

 

Dr. Juan Raúl Ferreira



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