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Alto en el campo

Ismael Blanco

31.01.2018

Cuando Mario Benedetti escribió la serie de escritos que denominó "Cotidianas" lo hizo entre los años 1978 y 1979. No debería aclarar demasiado que se trató de uno de los peores momentos de la historia del Uruguay. Sin embargo nunca está demás recordar, ya sea para reafirmar la memoria, reafirmarse a uno mismo y a partir de uno, la conciencia de los demás.

Al momento que Don Mario hacía los escritos de referencia, el Uruguay vivía el más terrible de sus tiempos. La reacción imponía su plan a terror y sangre, el que había pergeñado de manera metódica y premeditada. Necesariamente se  impuso en base a la traición y la conspiración de los poderosos sectores ganaderos y financieros,y con éstos  se vino la noche fascista, el aquelarre de la impunidad que significó miles de perseguidos, de cárceles políticasque más que cárceles eran campos de concentración, de compatriotas torturados, vejados, asesinados, desaparecidos y exilados y de todo un pueblo ultrajado por autoritarismo civil y militar.

Juan María Bordaberry a la cabeza, dirigente ruralista devenido en dictador mantuvo la tradición familiar. Su padre, Domingo Bordaberry, se destacó como un colorado antibatllista y fue artífice y coautor del golpe Terrista-Herrerista de 1933, que tuvo como objeto ponerle freno al Uruguay que maravillaba al mundo de aquellos tiempos, aquel de Don Pepe Batlle y Ordoñez, Arena, Grauert y Brum y de los patriotas blancos independientes que no dudaron en jugarse la ropa en Paso Morlán y constataron en sus propios cueros las prácticas de torturas en el cuartel Centenario y el confinamiento en la Isla de Flores, un ensayo y antecedente de los tiempos que se avecinaban.

Cuarenta años después la historia se repitió pero ahora como un fábrica infernal de destrucción humana, su proyecto antidemocrático lo suponían para siempre. La soberbia del infierno de Dante se cristalizaba en sadismo y en desprecio contra el pueblo que se revestíacon la incuria que otorgaba la impunidad.

En los '30 y en los '70 los apellidos se repitieron, los mismos sectores de los partidos tradicionales también perono por casualidad sino por una cuestión de clase. Eran las mismas familias, los mismos privilegiados. Ellos fueron los que azuzaron y crearon el caldo de cultivo fétido que justificó mancillar las instituciones, asesinar la democracia y deshonrar los uniformes.

Por estas fechas nuevamente otro Bordaberry, Santiago, el hermano de Juan Pedro, el senador, los hijos de Juan María, el dictador y los nietos de Domingo, el golpista, surge como uno de los redactores de la "Proclama de Durazno", y no precisamente como un representante de los pequeños productores.

Nuestro país tiene muchas virtudes peroen cuanto a sus defectos y desgracias casi siempre se llaman de la misma manera...

Enero me mantuvo en silencio. Debo decir que con cierta alerta y aguda observación ante un reclamo con contenido de legitimidad pero que jugaba a más de una banda pues a partir del mismo se intentó montar una cruzada temeraria, desbocada e irresponsable.

Prefiero pecar de desconfiado, pero el "tufo" a operativo con intenciones desestabilizadoras se me presentabacada vez más patente ya que se podían visualizar indicios absolutamente teñidos de provocación y amenazas.

Hace rato que aprendí que el funcionamiento de un estado de derecho pleno admite polémicas graves y palabras fuertes pero nunca laintimidacióno un ultimátum con la pretensiónde hacer caer un gobierno electo democráticamente y por más de la mitad de los ciudadanos electores.

La definición de "autoconvocado" suena gentil e inofensivo pero quien tiene un conocimiento medio de la política y de la reacción desenfrenada de la derecha puede percibir que a muchos con buenas intenciones los mandaron "al frente" y se esperó a "relojear" lo que pasaba. Del resultado del manijazo y de la manera en que se posicionara el gobierno y en particular el Presidente de la República, iban a depender los pasos siguientes.

En la postura de los "radicalizados" no se presentaban diferencias ni cuestionamientos, se vociferaba con odio y veneno puro, resentimiento exponencial y desmedida crispación. En algunos el llamado era casi a matar o morir. La consigna era poner toda la carne al asador. No se disimuló el arrebato y el grito furioso de grupete de copetudos y pelucones que pretendieron arriar gente como ganado y explotar las dificultades de determinados sectores del campo que justamente son los que menos les interesaban a los organizadores de la movida con alcance netamente político.

Si hay algo que se debe tener como premisa en el sistema capitalista que vivimos es que el mismo se trata de un ecosistema frágil y volátil, donde impera la ley de la selva y por eso desde que la izquierda y el progresismo está en el gobierno una de sus principales premisas de acción ha sido que con la economía no se improvisa ni se juega.

A esta altura de los acontecimientos debo agregarle algo más importante aún: con la institucionalidad y las formas democráticas tampoco.

Cuando el herrerista mano derecha de Luis Lacalle hijo, el senador Álvaro Delgado declaró que la próxima elección de 2019 se juegan los próximos 20 años del Uruguay no se me ocurre otra cosa que agradecerle la brutal confesión de lo que le preocupa a los sectores que representa. Lo cierto es que si bien no han perdido porciones importantes de poder en la sociedad civil y en particular en determinados estamentos sociales,la derecha advierte el riesgo que significa alejarse del poder que otorga el hecho de gobernar. Para ellos existe el riesgo de que se pueda producir  un cambio cultural que transforme la sociedad civil hacia posiciones donde los principios de la solidaridad e igualdad se solidifiquen en un resultado que signifique mayor equidad social cristalizadaademás en un marco avanzado de libertades.

Es decir, en resumidas cuentas se juega la posibilidad de romper las bases del señorío más conservador.

También digo, que el Frente Amplio tiene la exigencia, si quiere ser la fuerza política que lidere un modelo de país avanzado, de sacarse de encima de una vez por todas determinados atavismos que no son principios, sino un lastre que lo aleja no ya sólo de la ciudadanía que le reconoce logros, sino de su propia militancia que no encuentra espacios de expresión y de creatividad militante. El aire contaminado y los ocupadores de sillas que desarrollan un dogmatismo casi religioso atentan contra la imaginación y las ideas. No se puede ostentar como una bandera la virtud de la pureza ideológica cuando la organización se esclerosa, se cierra y se vuelve inhóspita.

La izquierda ha ganado con ideas y con programas pero también con mucha frescura que surgió de los sueños y de los proyectos y  eso sólo podrá mantenerse en el tiempocon una organización, habitable, amigable y que entusiasme.Y algo más que yo diría fundamental y que estamos a tiempo: minimizar el error forzado, el error caprichoso o el "fuego amigo" que se logra con una fórmula sencilla pero escasa en los políticos, incluyendo a los de izquierda: mucha humildad, respeto a la otredad y flexibilidad.

Guste o no la determinacióndel aumento de algunas tarifas públicas al menos en algunos servicios como la electricidad y el combustible generó la chispa que pretendió llevarse a toda una pradera.

Ahora bien, si hay algo que por ahora se puede concluir es que la derecha no duerme ni su músculo descansa ni siquiera en verano.

Lo que podía ser una calentura legítima de los que menos tienen terminó más allá de los buenos intencionados siendo el operativo más impúdico de la rosca derechista empresarial y a las pruebas me remito: la adhesión de Andebu y la de los grandes consignatarios de ganado y rematadores como Zambrano, Asociación Rural, Cámara de industrias, inmobiliarias y otras. Todas con un pasado oscuro y vidrioso a la hora de la defensa de la institucionalidad.

Cuando Benedetti escribió sus "Cotidianas" en un momento terrible le surgió la maravilla de "Defender la alegría" y de hacerlo "de la miseria y los miserables...de las dulces infamias y los graves diagnósticos...y de los ingenuos y de los canallas..."



Dr. Ismael Blanco



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