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Sobre Ruben Budelli

Héctor Musto

06.02.2018

Esta nota es escrita con mucho dolor. Sobre fines del año pasado se nos fue un amigo, colega, hermano, padre, maestro: Ruben Budelli.

Y digo "nos" porque en esto no estoy solo: están su familia, sus colegas, los que con él compartieron exilio, los que aprendimos de su sabiduría de ciencia y vida... es un nosotros más grande que el que puedo decir.

Ruben, antes que nada, fue un gran tipo. Querible y querido. Como enorme fue su físico, enorme fue su capacidad de ser gente. Fue comunista. Siempre. Como tantos otros, hasta cuando se fue del Partido. Pero su ser comunista no se limitó jamás (aunque lo incluyó) a su inclaudicable confianza en la izquierda. Para él, ser comunista, fue... y cómo se complica escribir porque la pantalla se me nubla con lágrimas, fue ser alguien entero que dio todo por crear, con optimismo y alegría.

A ver si me ordeno. Ruben se licenció en física, pero se dedicó a la neurobiología. Arrancó acá pero siguió en el exilio, primero México y luego Estados Unidos. Sus aportes fueron enormes. Y como tantos otros, cuando cayó la dictadura, en lugar de decidir quedarse en el Norte, decidió volver. Porque como hombre coherente que fue, prefirió pelearla desde acá, con las dificultades que eso implicaba. Y vaya si lo hizo bien... son incontables los alumnos que formó, lo que ayudó para la creación de áreas que no eran la suya. Y armó un grupo fuerte. Hasta publicó en Nature... revista que tantos científicos leemos y soñamos en publicar algo al menos una vez en la vida.

Y todo con alegría. Con esa risa contagiosa. Con generosidad. Y, por ser como era, abrió su laboratorio para que gente, como yo, que trabajábamos en líneas de investigación distintas, tuviésemos un espacio. Y siempre estuvo para leer proyectos de artículos, corregirlos, y... se me nublan de nuevo los ojos, nunca pidió ser parte de lo que se publicaba. Siempre dio, sin pedir.

Y militó (digo bien, militó) en la Udelar peleando para que hubiese más y más docentes en régimen de Dedicación Total, que es la forma de ganar un salario mínimamente digno y poder hacer investigación seria. Y siempre siendo estricto.

Y fue integrante del Pedeciba, director del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias, Consejero de esa Facultad... siempre yendo de frente. Peleando por lo que creía justo. Y claro, su coherencia le valió más de un dolor de cabeza... pero no le importaba. Lo que estaba bien, estaba bien... y valía la pena luchar por eso.

Y las neurociencias le deben mucho. Como se lo debemos los que estamos en otras áreas.

Pero hay un algo que lo diferencia. Que hacen de Ruben "algo especial". No sé cómo decirlo. Diría, quizás, su amor. Su profundo amor por la gente que lo rodeábamos. Su "darnos todo"... a su manera. Su ternura infinita... a su manera. Sus ganas de festejar cada logro de cualquiera de nosotros. Su forma de darse. Su botella de whisky porque una maestría, un artículo publicado, un doctorado, un examen salvado... merecía ser festejado con alegría.

Ruben fue un grande. Físicamente y espiritualmente. Un grande. Su cultura literaria, musical, cinematográfica... era un grande. Y la volcaba con cariño y sapiencia. Como volcaba otro vaso más de whisky. Compartía todo.

Y claro, como grande que fue, deja un vacío enorme. En el piso 4, ala Norte de la Facultad de Ciencias sentimos ese vacío. No hay nadie que pueda llenar ese espacio. Y, de nuevo se me nubla de lágrimas la pantalla, cuesta volver luego del verano al laboratorio y saber que no va a estar. Que no vamos a tener a quién preguntarle. Que ese enorme cuerpo lleno de comunismo no va a estar más, que esa risa, tan tuya, tan nuestra, no la vamos sentir más. Por eso Ruben, por todo lo que hiciste, lo que nos diste, lo que nos enseñaste, te lloro. Y el zurdo dijo basta. Lo entiendo. Fue demasiado. Y si por algún lado andás quiero que sepas que te quiero. Salú Ruben! Cumpliste, con creces, con la vida.

Héctor Musto

 

 



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