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Los cajeros de la inseguridad

Esteban Valenti

14.02.2018

Para ser cana, hay que ser cana, tener vocación y alma de cana. No se adquiere con cursos, con adiestramiento, con prédicas. Hay que tener alma de policía y, en todo caso mejorarla, tecnificarla, profesionalizarla. Y la eficiencia de un cuerpo de policía depende del núcleo duro de policías; policías y no de funcionarios armados.

El presupuesto medido en dólares dedicado al Ministerio del Interior en el Uruguay se multiplicó por tres veces; es el que más creció en todo el Estado. O de los que más ha crecido, me faltó una verificación por la existencia del presupuesto de la educación y el de formación policial.

Los policías de hoy no pueden compararse con los de los años 2000 y menos aún con la miseria de los años 90, que les pagaban en especie, con canastas de productos vencidos y que organizaron una huelga. La primera huelga policial nacional. Gobierno de Lacalle.

Están mil veces mejor en número, en armamento, en vehículos, en armas, en equipamiento, en tecnologías de apoyo, en absolutamente todo. ¿Los uruguayos estamos proporcionalmente mejor en seguridad?
En los últimos dos años el número de rapiñas bajó un 8%, por primera vez desde que salimos de la dictadura bajó ese delito. Luego de alcanzar cifras siderales, los hurtos bajaron menos y los asesinatos aumentaron, 50 en los primeros 40 días del año.

Todo esto para situar el tema más debatido de la agenda política nacional en los últimos años, muchos años. Desde la izquierda le inventamos todas las consignas y respuestas posibles. "Seremos duros con el delito, pero más duros con las causas del delito". Bajaremos los hurtos y las rapiñas un 30% y muchas otras y algunas gestiones ministeriales bastante discutibles.

El manejo del tema de la seguridad y de la delincuencia es en la actualidad uno de los mayores retos para las democracias en América Latina. Para las izquierdas las tentaciones de recurrir a nuestro viejo recetario de que los delincuentes son el producto de las injusticias sociales o su extremo opuesto, que los delincuentes son contrarrevolucionarios y hay que terminarlos a como dé lugar, están siempre presentes.

Uruguay, con 13 años de gobierno del FA, puede ostentar uno de los niveles más bajos del mundo y ni que hablar de la región, en materia de muertos por la policía. No hay gatillo fácil, ni palo fácil, ni violencia fácil, ni apremios fáciles. Eso no es automático, eso es parte de un proceso que hay que valorar. De esos territorios comanches no se vuelve.

Otro dato, si calculamos el número de delitos totales cometidos dividido por el número de policías actuales y en el pasado, y mucho más si lo hacemos por las horas de trabajo de los efectivos policiales, tenemos un resultado muy malo. Los delitos crecieron mucho. Todos esos mecanismos estadísticos en el caso de los delitos, son muy peligrosos y hay que andar con extremo cuidado.

También quiero decir algo estomacal, a veces me saturo con las constantes explicaciones de los hechos, de las estadísticas y de las justificaciones. Hay que explicar menos y actuar más.

Si medimos la cantidad de presos por habitantes, Uruguay ocupa en la región el segundo lugar, solo superado por Cuba. Tercero está Chile. Nosotros llegamos a los 10.000 presos.

Ahora hay una sigla que parece ser la panacea del cambio, de las nuevas condiciones operativas, el PADO. Lo vemos circulando por las calles, por el ministerio, por todos lados. Básicamente es además de una intensificación de la presencia en la calle de los policías, es un pago especial a los agentes y oficiales por mayor dedicación horaria. Un pago por presentismo.

Si es la solución, ¡Eureka! Bienvenida sea.

En estos días emergen dos nuevos delitos, unos recurrentes, los asaltos a los cajeros automáticos en todo el país (27) y otro espectacular: el asalto a una joyería en el Hotel Conrad por una banda de 15 personas, que vinieron desde México hace varias semanas atrás. La mayoría de los delincuentes y el botín fueron capturados. ¡Chapeau! Eso habla bien de la capacidad de reacción y represión; en cuanto a inteligencia, andamos bien cortos.

La perfecta coordinación entre la fiscalia y la jefatura de Maldonado además de ser un ejemplo demuestra que se puede mejorar sustancialmente la efectividad.

Mi intención no es analizar específicamente este robo de película, pero puedo decir que su noticia está en medio mundo, sobre todo en Argentina y como imagen del Uruguay no le hace por cierto ningún bien. Como tampoco nos hace ningún bien recibir el parte diario televisivo de los asaltos a los cajeros automáticos.

Recuerdo que hace algunos meses los delincuentes uruguayos emularon asaltando un camión de transporte de caudales en un supermercado con una numerosa banda superarmada. Fueron más eficientes que los mejicanos...

Si bajamos la pobreza a un cuarto y la indigencia a un octavo, si multiplicamos los policías, las cámaras y el número de presos, ¿qué nos está pasando, vida...?
Porque hay que reconocer que algo nos está pasando. Le dejo a los sociólogos, antropólogos, criminólogos, el análisis de las causas culturales, sociales, infernales, del crecimiento del delito y su ferocidad. Este año hay prácticamente un muerto por día, la inmensa mayoría jóvenes o muy jóvenes, material extremadamente escaso en el Uruguay.

Me voy a enfocar en dos aspectos.

Es notorio que andamos flojos muy flojos de inteligencia policial. No puede una banda de 12 personas (y algunos más) preparar un robo en el corazón de Punta del Este y que la policía se entere cuando ya se cometió. No puede ser la seguidilla de asaltos a los cajeros sin que podamos detectar qué bandas están actuando. La inteligencia policial anda muy floja y no creo que sea por responsabilidad de una dependencia sino de un diseño general.

Segundo, hemos transformado a los policías en general en funcionarios públicos con una Glock 9mm a la cintura. Intercomunicados, motorizados, asistidos por muchas tecnologías, pero sin garra. Hay zonas de la sociedad uruguaya que ya no le tienen respeto a la policía. No digo temor, sino respeto y cuando me refiero a zonas, no son solo zonas geográficas sino de las otras. Y eso es muy peligroso.

El delito se produce cuando los individuos sobrepasan la línea, la frontera de la ley. Si del otro lado los policías se paran, se contienen a 1 kilómetro del límite y de la frontera, no hay manera de derrotar el delito y a los delincuentes. Hay que llegar hasta el borde y para eso hace falta liderazgo, hace falta que los políticos se la jueguen en esta dura batalla que estamos bastante cerca de perderla o de empatarla en un nivel tan alto del delito que en definitiva es una derrota.

En estos 13 años de gobiernos del FA hubo cambios muy positivos, pero hay que asumir todo y, a nivel de la vida cotidiana, de la noche cotidiana y de los días de las personas, el mayor cambio y que venía aceleradamente desde antes, pero no lo pudimos parar, fue en las cerraduras, las rejas, las alarmas, los guardias armados y sobre todo en los miedos. Y no porque somos más miedosos, sino por los empecinados hechos de violencia y de delincuencia.

Nadie que quiera realmente que la gente, los que laburan y son honrados, puedan vivir mejor, puede obviar que el combate a la delincuencia no se libra en las estadísticas, ni peleándose contra las sensaciones térmicas, sino en las calles, en los comercios y casas, en los cajeros automáticos, en las cárceles y los juzgados, en la infiltración y los informantes de la policía. La electrónica nunca sustituye la inteligencia humana. Nunca.

Será un programa, serán discursos, serán promesas y frases impactantes hacia las próximas elecciones, pero de lo que nadie se salva es que debe haber más inteligencia, mejor inteligencia y aguerridos policías, entrenados, bien armados, equipados y asistidos, con liderazgo, con disposición de derrotar cueste lo que cueste a los delincuentes.

Las lamentosas voces de los sociólogizadores del crimen, de los que se consideran más de izquierda porque todo lo depositan en una supuesta sensibilidad social, ya vendrán o mejor dicho, están siempre presentes, se han hecho tan liberales que hasta parecen de derecha. La otra derecha.

Podemos aumentar el PBI por las nubes, pero si del otro lado de una tenaz línea divisoria en la sociedad y en las ciudades, las bandas, los delincuentes, las conexiones internacionales, el narcotráfico, el sicariato, el delito en general nos empata o nos gana la batalla, la vida de todos los uruguayos, pero sobre todo de los más indefensos, de los más humildes, de los que les ocupan las casas, los desalojan y los aterrorizan, será un asco. Y de eso no podemos lavarnos las manos con monsergas y justificaciones permanentes.



Esteban Valenti - Periodista, escritor, coordinador de Bitácora, director de Agencia de Noticias Uypress

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